Eco, el éxito de un intelectual

Humberto Eco, que nació el 5 de enero de 1932, estaba fascinado por lo oscuro y lo mundano.
La vasta obra de Eco incluye ensayos sobre la teoría de signos y símbolos en el lenguaje, y estudios sobre íconos de la cultura popular como James Bond y Superman. La vasta obra de Eco incluye ensayos sobre la teoría de signos y símbolos en el lenguaje, y estudios sobre íconos de la cultura popular como James Bond y Superman.
La vasta obra de Eco incluye ensayos sobre la teoría de signos y símbolos en el lenguaje, y estudios sobre íconos de la cultura popular como James Bond y Superman.

El novelista y semiólogo italiano Umberto Eco, que intrigó, desconcertó y deleitó a lectores de todo el mundo con su éxito literario El nombre de la rosa, falleció el viernes por la noche en su casa de Milán, tras una larga batalla contra el cáncer, según un miembro de su familia que pidió no ser identificado.

Tenía 84 años. El fallecimiento fue confirmado también por su editorial en Estados Unidos, Houghton Mifflin Harcourt.

Autor de una amplia gama de libros, Eco estaba fascinado por lo oscuro y lo mundano, y sus libros son tanto narraciones atractivas como ejercicios filosóficos e intelectuales.

Su vasta obra incluye ensayos sobre la teoría de signos y símbolos en el lenguaje, estudios sobre íconos de la cultura popular como James Bond y Superman, problemas de traducción y lenguajes técnicos de la internet.

Era una celebridad en el mundo académico cuando publicó en 1980 El nombre de la rosa, una novela de misterio ambientada en un monasterio medieval, llevada al cine en 1986 con Sean Connery interpretando al protagonista, el monje detective Guillermo de Baskerville.

Traducido a varios idiomas, el libro -lleno de citas latinas traducidas parcialmente y reflexiones desconcertantes sobre la naturaleza de los símbolos- vendió millones de ejemplares.

A una pregunta sobre la fuente de inspiración para la novela, Eco respondió con la ironía que lo caracterizaba: “Empecé a escribir... acicateado por una idea seminal: tenía ganas de envenenar a un monje”.

Su segunda novela, El péndulo de Foucault (1988), un relato bizantino sobre editores conspiradores y sectas secretas, también tuvo un gran éxito. Y esto a pesar de que era tan complicado que incluía una guía para ayudar al lector a seguir la trama.

En 2000, al otorgarle el prestigioso premio Príncipe de Asturias en el ámbito de las comunicaciones y las humanidades, el jurado sostuvo que “sus trabajos, de universal difusión y profundo influjo, son ya clásicos en el pensamiento contemporáneo”.

Eco nació el 5 de enero de 1932 en Alessandria, al este de Turín. Dijo alguna vez que la cultura del lugar fue una fuente de su “visión del mundo: el escepticismo y el disgusto por la retórica”.

Se graduó de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Turín, donde adquirió su fascinación por la Edad Media y la estética del texto. Más adelante definió la semiótica como “una filosofía del lenguaje”.

Siempre le gustó contar historias y en su adolescencia escribió cómics y novelas de fantasía. “Era un perfeccionista y quería hacer que pareciese que ya estaban impresos, así que los escribí en letra mayúscula y coloqué títulos de páginas, sumarios e ilustraciones”, dijo a The Paris Review en 1988.

“Fue tan agotador que nunca llegué a terminar ninguno. En ese momento era un gran escritor de obras maestras incompletas”.

Eco siguió vinculado al mundo académico, convirtiéndose en el primer profesor de semiótica de la Universidad de Bolonia en 1971. Impartió clases y conferencias en diversas instituciones académicas de todo el mundo, incluidas las universidades de Oxford y Columbia.

Para 2000 tenía doctorados honorarios de 23 instituciones.

Pero Eco también era capaz de saltar el abismo entre la alta cultura y la cultura popular, y publicaba columnas de opinión en diarios y en el semanario de mayor venta en Italia, L’Espresso.

Se inició en el periodismo en 1950, en la televisión estatal italiana RAI. Sus columnas empezaron a aparecer en diarios en la década de 1960. También escribió libros para niños, como La bomba y el general (La Bomba e il Generale).

En 2003 publicó una recopilación de conferencias sobre la traducción, ¿Mouse or Rat? Translation as Negotiation, y un año después publicó la novela La misteriosa llama de la reina Loana, sobre un librero anticuario que pierde la memoria.

Sus obras más recientes incluyen De la línea al laberinto, un ensayo sobre semiótica y lenguaje publicado en 2007, y Construir al enemigo, una colección de ensayos sobre varios temas, desde las recientes guerras de Irak y Afganistán, al antisemitismo o su acérrima crítica al gobierno conservador de Silvio Berlusconi.

Su novela más reciente, Numero Zero, se publicó el año pasado y recuerda un escándalo político de la década de 1990 que ayudó al ascenso del expresidente italiano.

En una entrevista con el diario británico The Guardian en 2011, Eco explicó cómo alguien tan “fuertemente antiintelectual” como Berlusconi, se convirtió en una fuerza política en Italia, cuna del Renacimiento.

“Había miedo a lo intelectual como un poder crítico, y en este sentido hubo un enfrentamiento entre Berlusconi y el mundo intelectual”, dijo.

“Pero Italia no es un país intelectual. En el metro de Tokio todo el mundo lee. En Italia no. No valoremos a Italia por haber producido a Rafael y Miguel Ángel”.

En la misma entrevista, restó importancia a los críticos que lo consideraban “demasiado erudito y filosófico, demasiado difícil” diciendo que escribía “para masoquistas”.

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