Panamá y la cultura de los zánganos

17 DE MAYO

En el mundo de las abejas, el zángano es la abeja macho, mucho mayor que las obreras, no tiene aguijón y no produce miel. Está exclusivamente para fecundar a la abeja reina. Es un consumidor insaciable de lo que produce el panal y no trabaja ni defiende la colmena. Por esa razón, muchas veces son expulsados y el criador de abejas pone una retícula para que no puedan pasar, hasta que caigan exhaustos del hambre. Situación similar puede aplicarse a nuestro país, solo que aquí estamos criando zánganos machos y hembras, los criamos con mentalidad dependiente, sin sueños ni voluntad para hacer algo por ellos mismos, flojos a más no poder y que desean que todo lo hagan los demás miembros de la comunidad o el gobierno de turno.

Es lamentable ver las noticias en donde se presentan todo tipo de problemas, muchos que podrían ser solucionados por las mismas personas, pero no lo hacen y esperan que llegue el ministro o el propio presidente a resolverlos. Nuestros padres y abuelos, orgullosamente interioranos, nos criaron y levantaron con trabajo, madrugando y laborando diariamente, y con su ejemplo, tesón y sacrificio, muchos pudimos estudiar para lograr un mejor futuro. Desde muy jóvenes sabíamos que en la vida tenemos que luchar y que los problemas los podemos solucionar unidos.

Entendimos perfectamente el valor de la palabra empeñada, así como el deber de cumplir los compromisos adquiridos y, por eso, comprendimos con claridad cuando el abuelo nos decía: “Voy a una junta a pagar un peón”. Pareciera que hoy estamos creando la cultura del zángano y de la haraganería; y si a este fenómeno le agregamos el clásico “juega vivo”, el resultado es una dependencia al extremo desastrosa para nuestro futuro como país. Habremos creado la legión de chupadores de recursos del Estado, sostenido por el clientelismo político. Lo malo es que tal actitud se propaga cual virus y ya vemos cómo hasta el hombre del campo no quiere trabajar, sino solo cuatro horas al día.

Preguntémonos cuántos millones dedicamos los que pagamos impuestos en el país, a los subsidios de personas que podrían trabajar pero no quieren hacerlo; le hacemos casas con un mínimo pago, pero no se sienten en la obligación de cumplir, ocupan terrenos estatales y particulares y se conectan a los servicios de luz y agua sin pagar. Esta mala práctica seguirá incrementándose si seguimos patrocinando el cúmulo de dádivas y permisibilidad sin un compromiso serio de los que reciben el beneficio. ¿Cuánto tiempo va a durar este trance en que nos encontramos? Lo sabremos cuando la anarquía cunda y reine a lo largo y ancho del país.

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