PANAMÁ EN EL MUNDIAL DE NATACIÓN

Lechugita Far se hizo notar

La nadadora istmeña logró cautivar la atención de periodistas extranjeros durante su participación en la prueba acuática.
La sirena juvenil María Fernanda Far dice que ya sabe lo que es un Mundial y cree que no cometió ninguna ‘trastada’. LA PRENSA/Archivo. La sirena juvenil María Fernanda Far dice que ya sabe lo que es un Mundial y cree que no cometió ninguna ‘trastada’. LA PRENSA/Archivo.
La sirena juvenil María Fernanda Far dice que ya sabe lo que es un Mundial y cree que no cometió ninguna ‘trastada’. LA PRENSA/Archivo.

A María Fernanda Far le persigue cierta fama de despistada, por lo que la incertidumbre de qué habría pasado con la nadadora de Panamá tras la prueba de los 400 metros combinados en el Mundial de natación planeó un buen rato sobre la zona reservada a la prensa; hasta que “Lechuguita” apareció, bastante más tarde de lo normal, por la trastienda del Palau Sant Jordi de Barcelona.

“La llamamos así porque es muy fresca y siempre llega tarde”, reía su entrenador, Albino Díaz, quien lucha a diario por mantener a raya a la joven promesa del país caribeño, de apenas 15 años de edad y golosa por naturaleza. “Tengo que tenerla controlada para que no se me vaya de fiesta, aunque está en la edad”, insistió el celoso instructor, capaz incluso de vetarle las llamadas al hotel para eliminar distracciones.

Far, quien cerró con el 30mo y último lugar de ayer su participación debutante en el certamen, no se había despistado en esta ocasión, sino que se rezagó para ver en primera persona las evoluciones de la española Mireia Belmonte, a quien admira “por su técnica y belleza”, en la siguiente preliminar.

Novata en la competencia, aún no se ha atrevido a cruzar palabra con muchas de las estrellas mundialistas; pero Far sí que no pierde enfoque de cuanto ocurre en las piletas, deseosa de absorber el máximo de detalles que la ayuden a perfeccionar su estilo, que la propia atleta define como “más basado en la fuerza que en la técnica”.

Díaz concede que, aunque “proyecta muy bien para una semifinal o final en Río”, la plusmarquista panameña debe mejorar ambos aspectos de cara a la cita olímpica, porque la genética familiar, “más bien gruesa”, juega en su contra.

Pero Lechuguita, hija única y “algo mimada” según confesión propia, ha recorrido un largo camino desde que sus papás la apuntaran de pequeña a clases de gimnasia para perder peso.

“Me pasaba el día de vaga y comiendo cualquier cosa, así que me metieron, pero no me gustaba nada y preferí el agua, que es mucho más divertida”, explicó tras analizar a fondo su última carrera.

“Como soy mariposista le dí muy duro de inicio, luego en pecho fui bien, pero en dorso andaba un poco más cansada y, en libre, cerré con todo lo que tenía”, resumió Far, a quien Díaz jamás le echa en cara falta de ardor guerrero.

El instinto por la pelea, así como los genes mencionados por el preparador, los heredó casi con total seguridad de su papá, exolímpico por Panamá en lucha en los Juegos de Atlanta 1996 y junto al que logró un hito deportivo en los pasados Juegos Centroamericanos de Costa Rica, en que padre e hija compitieron juntos bajo la misma bandera y nombre familiar.

“Nos hizo mucha ilusión. Él ganó bronce y yo dos platas. Pero para Río ya no le veo, porque pasó los 40 (años)”, rió Far, quien no siguió los pasos de su progenitor “porque me pegaban mucho en lucha”, aunque sí tiene intención de nadar en Brasil.

“Ahora ya sé lo que es un Mundial, rompí el hielo y no cometí ninguna trastada a pesar de los nervios”, consideró la panameña, cuyo objetivo en Barcelona no era otro que bajar sus tiempos de 2:22:35 en los 200 mariposa y 5:11 en los 400 combinados; misión cumplida en el primer caso para obtener boleto de Clase A para la próxima olimpiada juvenil.

Pero Díaz sí reveló la última de Lechuguita quien, en una de las jornadas de entrenamiento, se dejó el bañador en el hotel, debiendo recurrir a un préstamo de parte de la guatemalteca Gisela Morales.

Lejos de angustiarse durante las competencias, Far ha disfrutado al máximo de una experiencia que espera le lleve a niveles más altos en el futuro y, además de los espaguetis del hotel que calificó de “riquísimos”, se quedó con “el trato de estrella: Sales al carril y todo el mundo te aplaude en las presentaciones”.

A la atleta no le acompañaron en esta ocasión sus abuelitas Anastasia y Doris, asiduas de sus competencias locales, pero Far rompió puntualmente el veto telefónico para comunicarse con su familia y sentir su aliento desde la lejanía.

Su única queja de Barcelona es el no haber podido pasear más allá de una fugaz visita a la playa, cuyas aguas encontró “limpias pero frías”.

Poco tiempo le quedaba para hacer turismo a la mundialista, con vuelo madrugador de vuelta a Panamá. Seguramente le toque a Díaz picarle más de una vez a la puerta aunque, por lo visto en la pileta, da la sensación de que Lechuguita ya despertó en Barcelona.

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