LA HISTORIA DE UN INSTRUCTOR

Maestro de las artes marciales

Valentín Reyes tiene una trayectoria de 39 años en el karate y en otras artes marciales, tanto de atleta como de instructor.

Respeto y disciplina: dos valores que deben aprender y poner en práctica los niños y jóvenes que quieren aprender karate bajo la tutela del sensei (maestro) Valentín Reyes Ruiz; un hombre que se inició en este arte cuando solo tenía 14 años y el calendario marcaba el año 1974.

Los cuadros colgados en la pared del dojo (sitio de entrenamiento), son testigos fieles de los años de aprendizaje de esta disciplina, mientras que algunos trofeos, en una vitrina, demuestran los triunfos en competencias.

´KATAS´ INICIALES

Las primeras katas (formas), las aprendió de su hermano Pablo Reyes (q.e.p.d.), y quien por mucho tiempo le insistió que aprendiera este arte, aunque para aquellos años sus intereses, dijo Valentín, eran otros.

Los próximos 14 años serían de intensas y constantes prácticas junto a su hermano, lo que le permitió alcanzar el cinturón negro en cinco años, una tarea que regularmente le toma hasta ocho años a los aprendices.

Por aquellos años no había horas fijas para entrenar. En ocasiones se ejercitaban corriendo largas distancias en horas de la madrugada. Otras veces las prácticas eran junto al sensei Ricardo Jones, quien a su vez era maestro de su hermano Pablo.

Esta insistencia en los entrenamientos también dio frutos en las competencias nacionales celebradas en la capital. En esos años el karate no estaba tan desarrollado en las provincias del interior del país; además había que esforzarse por conseguir el costo del pasaje.

GOLPES Y MORETONES

Según recuerda el sensei Reyes, a diferencia de las competencias actuales, los combates de aquel entonces eran de un contacto fuerte, más bien un karate tradicional.

Era común ver narices fracturadas, la pérdida de piezas dentales y heridas profundas en la cara, al final de cada combate.

Precisamente en uno de estos combates, rememora Reyes, uno de sus oponentes le propino un nocaut, que lo dejo inconsciente por espacio de un minuto. En otra ocasión se lesionó uno de los dedos del pie.

Según Valentín Reyes, era precisamente debido a los hematomas en el cuerpo que sus padres mantenían cierta oposición a la práctica de este deporte.

ASCENSOS Y CAMBIO DE MAESTRO

Con las fechas claras en la mente, el sensei indica que fue en 1980 cuando logra obtener el cinturón negro y cuatro años después ascender a segundo dan (grado); mientras que en 1988 logró subir a tercer dan.

Valentín narra que las técnicas que le enseñó su hermano, las aprendió él a su vez en el área de Paraíso teniendo como maestro a Percibal Jordan, un gran instructor.

Para 1988, destaca Valentín Reyes, que su hermano decide no seguir entrenándolo, por lo que inicia un período de incertidumbre en el aspecto de la continuidad de este arte marcial.

No fue sino hasta 2006 cuando retoma las prácticas, esta vez bajo la dirección del maestro Víctor Mosquera, quien había estado radicado en Estados Unidos.

Para esta fecha, además de ser ratificado en los tres primeros grados obtenidos, el nuevo kyoshi, le otorga el cuarto, quinto y sexto dan.

NUEVAS EXPERIENCIAS

Retrocediendo un poco en el tiempo, el sensei Reyes destaca que fue para 1987 y con la colaboración de las extintas Fuerzas de Defensa, que logra viajar a China, para aprender nuevas artes marciales y obtener el rango de cinturón negro en taekwondo.

Además del título de maestro en desarme de arma punzocortante y armas de fuego. Hacia 1988, en viaje a la Argentina, aprende el chaiu do kwan, un arte netamente argentino.

HORA DE ENSEÑAR

Hacia 1997, funda su primera escuela de karate, con unos nueve estudiantes, aunque por cuestiones de trabajo se le hacía difícil poder mantenerla funcionando.

En 2004 surge una nueva oportunidad, cuando se crea en la Policía Nacional la Asociación de Artes Marciales y se da el aval a los cinturones negros de entrenar y abrir escuelas dentro de la institución policial.

Ante los problemas para que asistieran los miembros de la institución, se abre el compás para que entrenen los hijos y familiares de los miembros de la institución.

En 2009, cuando obtiene su jubilación de la Policía Nacional, es cuando toma las riendas de la escuela, la que lleva el nombre de Chin- Sho – Shuai.

Para el sensei Valentín Reyes Ruiz la educación de las nuevas generaciones en el arte del karate es de gran importancia, especialmente porque aleja a los niños y jóvenes de la delincuencia y las drogas.

Una de sus mayores satisfacciones es que ya cuenta con estudiantes que representan a su escuela en competencia y demuestran el alto nivel alcanzado.

UN PAÍS CON CASTA

En opinión del sensei, Panamá es un país en donde hay “madera”, refiriéndose a jóvenes con talento para el karate.

Él cree que en Panamá hay buenos atletas, no obstante se requiere brindarles la oportunidad para que sean constantes en los entrenamientos.

Por otro lado, asegura, que con 39 años en el karate y en otras artes marciales su misión y visión es forjar no solo karatecas, sino también a mejores personas, capaces de ser respetuosas y disciplinadas.

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