un buen pelotero y destacado estudiante

Sacrificio por un sueño

Wilfredo Pimentel tiene que hacer un viaje largo todos los días para entrenar el deporte que le gusta, el béisbol.
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Pero el tema es hablar de cómo entre la fauna y la flora, en donde uno menos se imaginaba, existe un niño de 10 años que está demostrando muchas habilidades para destacar en el juego de béisbol. Es un lugar atractivo para explotar la belleza de sus playas, pero muy descuidado porque los niños no tienen dónde jugar, a menos que sea en un potrero o en el patio de unas casas.

La historia de Wilfredo

En esta apartada comunidad interiorana nace la apasionante y sacrificada historia de Wilfredo Pimentel, un impetuoso niño que dedica largas horas de trabajo para entrenar, y al mismo tiempo prepararse para la escuela y ayudar a sus padres en su humilde casa.

Wilfredo, uno de los integrantes del equipo de Coclé que este año se coronó campeón nacional de béisbol preinfantil, es un orgullo para la comunidad de Juan Hombrón, no solo por sus destrezas demostradas en el escenario de las pequeñas ligas, sino también en sus estudios.

Fue reconocido como uno de los mejores lanzadores en el pasado campeonato nacional y actualmente forma parte de la preselección nacional que se prepara para el Campeonato Panamericano de Béisbol Preinfantil en Nicaragua.

Mientras Wilfredo Pimentel padre señalaba el camino pedregoso y polvoriento que conecta el pueblo con la vía Interamericana, cuyo trayecto se recorre en aproximadamente 20 minutos hasta su casa, contaba las peripecias por las que tiene que pasar su pequeño para cumplir con sus responsabilidades en la escuela y en el deporte.

Sus inicios

El innato talento de Wilfredo fue alimentado por su padre, un hombre de fuerte contextura, tostado por el sol de muchos años de trabajo en la agricultura y ganadería, que a los cinco años lo ponía a recoger bolas en el portal de su casa en Juan Hombrón.

Motivado por la destreza con la que su hijo jugaba, decidió llevarlo, a los seis años, a la escuela de béisbol del expelotero Eric Rodríguez en Penonomé, quien de inmediato visualizó el talento del pequeño lanzador y empezó a trabajar con él en los fundamentos del juego.

“Yo jugué softbol y siempre lo ponía a recoger bolas y vimos que era bueno y que le gustaba el béisbol. Mi cuñado me insistió en que lo llevara a la escuela de Penonomé”.

Y es que para el pequeño Wilfredo el béisbol lo es todo y se divierte tanto jugando, a pesar de lo sacrificado que es para él entrenar y estudiar en los pocos ratos libre, por las largas distancias que recorre en transporte diariamente entre Juan Hombrón y Antón y Aguadulce.

El mánager del equipo coclesano, Luis González, quien lo descubrió en un torneo provincial en Penonomé y quien cree que tiene el potencial para escalar a otros niveles, pondera el enorme sacrificio que hace este pequeño para entrenar todos los días, viajar y al mismo tiempo mantener excelentes notas en la escuela.

Sacrificio

Durante un período de dos meses de entrenamiento, tiempo que le tomó para ganarse un puesto en el equipo de Coclé, Wilfredo llegó a realizar una agotadora rutina que lo llevó a recorrer muchas horas diarias en la carretera Interamericana para reportarse al campo de entrenamiento en Aguadulce.

Prácticamente este niño no duerme, tomando en cuenta las horas que invierte para estudiar en la escuela básica doctor Manuel Patiño, ubicada en el distrito de Antón. Juan Hombrón está a unos 55 minutos del poblado de Antón utilizando un transporte privado.

La fuerte rutina para Wilfredo empieza a las 4:30 de la mañana, a esa hora tiene que levantarse para preparar su viaje a la escuela, que lo hace acompañado de su padre o abuelo. Tras terminar sus clases (12:00 mediodía) regresa a Juan Hombrón para dejar la bolsa y emprende un agotador viaje que dura más de dos horas, siempre y cuando encuentre transporte, con destino a Aguadulce. Durante ese recorrido por lo general su mamá lo acompañaba.

A su regreso de entrenar llega a casa a eso de las 9:00 de la noche, para luego ponerse a estudiar a esa hora. Duerme escasamente cinco horas para levantarse a las 4:30 de la mañana para ir a la escuela.

Esfuerzo

La familia Pimentel invierte cerca de 13 balboas diarios en transporte, ya que Wilfredo viaja en compañía de uno de sus parientes.

El peloterito, quien asegura es admirador del lanzador de los Yankees de Nueva York, CC Sabathia, también saca tiempo para enseñarle a jugar béisbol a sus dos hermanos. “A la larga uno se acostumbra, especialmente cuando uno cree que está haciendo algo que en verdad le gusta, que es jugar béisbol. Estamos haciendo un gran sacrificio para darle todas las facilidades porque queremos que vaya todos los días a Aguadulce para que entrene fuerte y pueda hacer el equipo nacional”, confiesa su orgulloso padre.

“Esto ha sido muy duro para Wilfredo, pero gracias a Dios contamos con el apoyo de la familia y siempre logramos reunir el dinero para mandarlo al entrenamiento. Nos sentimos muy contentos porque en la escuela va bien, es el segundo puesto de honor en su salón, con un promedio de 4.6”.

En Juan Hombrón, un pequeño pueblo de 314 habitantes, cuyos pobladores se dedican a la pesca y a la agricultura, Wilfredo es un ejemplo para todos los que sueñan con representar también a la famosa Leña Roja en las lides infantiles.

“Más que todo tiene disciplina y se divierte jugando béisbol. Es un niño que todo lo hace con cariño y con ganas, y trabaja duro”, describe Pimentel padre.

Wilfredo tiene un sueño que está decidido a cumplir: convertirse en el primer Grandes Ligas coclesano nacido en Juan Hombrón.

Con el talento ideal para lanzar

De la mano del reputado entrenador coclesano Luis González, el pequeño beisbolista oriundo de Juan Hombrón, Wilfredo Pimentel, ha ido desarrollando su juego a tal punto que ya aprendió a dominar otros lanzamientos, además, de la recta y el cambio.

Pero sobre todo ha adquirido mayor madurez.

Y para ello ha sido fundamental la disciplina y dedicación que mantiene este niño en el campo de juego, lo que reafirma su timonel.

“Wilfredo es un niño con una excelente disciplina, que se divierte jugando béisbol, él nunca nos dio problemas y se entrega cada vez que sale al terreno a jugar”, reconoce González, quien llevará las riendas de la selección nacional en el próximo Campeonato Panamericano Preinfantil en Nicaragua.

Una de las cosas que más le ha impresionado al mentor de este peloterito es su coraje para lanzar.

“Es un niño que no tiene miedo para nada y lo más importante en él es que se divierte jugando. Estábamos en el campeonato y cuando el árbitro le cantaba bola solo se reía”, sostuvo.

“Es uno de los peloteros más sacrificados que tuve en el entrenamiento, ya que tenía que viajar diariamente a las prácticas en Aguadulce, donde llegaba acompañado de sus familiares. El camino es largo y se gastaban unos 13 balboas diariamente. No faltó a ninguna práctica”, destaca el instructor.

“Siempre les decía a los demás niños que lo vieran como ejemplo por el gran esfuerzo que estaba haciendo. Nosotros lo descubrimos jugando en una liga en Penonomé y fue uno de los primeros en ser preseleccionado”.

Aunque Wilfredo apenas está dando sus primeros pasos en el béisbol infantil, está convencido del potencial que lo acompaña y lo visualiza como uno de los futuros lanzadores de la Leña Roja.

Harmodio Arrocha Jr.

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