El fútbol que es la vida

Don Heriberto Rojas jugaba de extremo derecho. Fue un delantero chileno de pocas gambetas porque su contextura de estibador imponía la fuerza sobre la técnica, la garra sobre el virtuosismo. Chocar contra él era hacerlo contra un contenedor. Murió en una noche a principios de agosto de este año, mientras dormía. Tenía 65 años.

Poco le importaba a don Heriberto su edad de retiro para ir a jugar al fútbol los miércoles en la noche. Los encuentros se celebraron por un tiempo en un cuadro de San Miguelito hasta que a dos compañeros de juego, el uno colombiano y el otro chileno, les robaron sus pertenencias. Las habían dejado a la vista en el interior de un Nissan Almera blanco aparcado en el estacionamiento. Lección aprendida, lección superada. Semanas después se reanudaron los juegos en un cuadro de una barriada cercana a la vía Transístmica. Y allí también alcanzó a jugar don Heriberto.

En esa nueva etapa de los partidos para futbolistas de movimientos escleróticos y barrigas resueltas, las jornadas fueron ganando adeptos de todas las condiciones. Entonces empezaron a llegar políticos de diferentes tendencias, periodistas combativos y reporteros complacientes, contratistas, músicos, universitarios, extranjeros y hombres como don Heriberto Rojas.

El tropel de los miércoles en la noche fue adquiriendo un tono fraternal, y por lo mismo, extraño en estos días de posiciones radicales. Se mezclaron los jugadores a medida que pasaban los encuentros, unos con otros para integrar equipos y ganar partidos, en una dinámica un tanto comparable a la que ocurría en los burdeles bogotanos de mitad del siglo pasado al terminar la jornada en el Congreso, en los juzgados, en las salas de redacción.

En ese entonces se veían las caras por la noche en las casas de citas, escuchaban boleros, a veces un piano, con el humo de los cigarros dibujando la bohemia, y se tomaban unos whiskies en un ambiente cordial y sano para la democracia. Había enemigos, pero también respeto.

Don Heriberto Rojas llegó a Panamá tras haber dejado amigos regados por el mundo. Apenas se supo de su muerte, los mensajes de condolencias se replicaron en internet. Procedían de Rusia, Suecia, Noruega, Paraguay, Chile, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Honduras, México y por supuesto Panamá. En este país trabajó de profesor universitario dados sus amplios conocimientos de ingeniería acreditados en títulos de doctorado. Al parecer, según la nota de un exalumno suyo, era el típico profesor que a fuerza de clases se hacía amigo de sus pupilos. Un compañero de viaje.

Recordamos a don Heriberto en un juego en el cuadro de San Miguelito. En el segundo tiempo chocó fuerte con otro camaján chileno, varias décadas más joven. Don Heriberto retó a su oponente y se paró como un sheriff, listo para la pelea. Alcanzó a empujarlo, pero se metieron los demás a impedir el exabrupto. El ingeniero encumbrado de los mil viajes había reconstruido el techo de la casa de su rival, porque se había venido abajo.

A don Heriberto Rojas se le rindió un homenaje después de su muerte. Hubo un minuto de silencio al inicio del partido del miércoles. Se merecía más que eso.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

INTERNET Y EL SER HUMANO El olvido y la memoria, frente a frente

Michel Gondry, el genial director de cine francés, expone en su película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) la posibilidad de usar la ciencia para borrar la memoria. Para olvidar. ...

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código