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Mariano RIVERA DEBIÓ SUPERAR VARIOS OBSTÁCULOS EN LIGAS MENORES

La otra historia del Mo

Llegó sin hacer bulla y sin saber inglés al campo de ligas menores en Tampa, en busca del llamado ´sueño americano´.

La brillante historia del cerrador panameño Mariano Rivera, una superestrella de los Yankees de Nueva York, próximo a convertirse en el lanzador con más juegos salvados en la historia, tiene dos héroes desconocidos que incidieron notablemente en el transcurso de su exitosa carrera en el béisbol de las grandes ligas.

Herbert Raybourn, un buscador de talento de padre norteamericano y madre panameña que firmó a Mariano Rivera por la módica suma de 2 mil dólares, hoy día jubilado y residente en Estados Unidos, fue un hombre influyente en la organización de los Yankees que abogó por el panameño en un momento difícil de su carrera, cuando estuvo a punto de ser dado de baja estando apenas en sus primeros años en el sistema de ligas menores.

Y el pelotero retirado Claudino Hernández, compañero de Rivera y un héroe desconocido que por esas casualidades de la vida tuvo la oportunidad de presentárselo al scout panameño Karl Chico Heron, supervisado en ese entonces por Raybourn, de los Yankees de Nueva York.

Más por insistencia de Claudino, el fallecido escucha Karl Chico Heron le pidió un segundo chance a los Yankees para que lo observaran una vez más luego de una primera prueba que no llenó el cometido.

El expreso de Puerto Caimito, que desde 1997 no ha parado de cerrar puertas a los contrarios en los últimos episodios, fue firmado a los 19 años para el béisbol profesional cuando menos lo esperaba. Para él el béisbol era simplemente una diversión.

Eran los primeros años de la década de 1990, en aquel entonces Rivera, que ni se imaginaba que sus lanzamientos serían fundamentales para que los Mulos, el equipo más famoso del mundo, ganara cinco series mundiales, llegó sin hacer bulla y sin saber inglés al campo de instrucción de las menores en Tampa, en busca del llamado “sueño americano”.

No llamaba la atención

Los Yankees le iban a dar release (dar de baja), afirma el scout Robert Rowley, uno de los hombres más fieles a Raybourn en aquellos años, un calificado escucha que se hizo famoso por firmas como las de los lanzadores Enrique Burgos y Carlos Maldonado, en ese momento siendo representante de Kansas City.

“Raybourn le ayudó muchísimo en sus primeros años en Tampa y recuerdo que me dijo que los Yankees habían dado órdenes para que no lanzara más porque sus lanzamientos no tenían velocidad. Tenía 20 años y solo tiraba 84 millas”, enfatiza Rowley, quien trabaja actualmente con los Padres de San Diego.

Lo que también reconoció en su momento el cerrador de los Mulos.

“Hubo momentos en los que pensé que mi carrera no llegaría a ningún lado”, comentó.

“El coach de pitcheo de ligas menores le recalcó a Raybourn que se habían dado instrucciones de dejar fuera de la organización a Rivera, pero él insistió en que tenía un brazo fuerte y sobre todo con lanzamientos fluidos, por lo que le dieron otra oportunidad. El resto es historia”, puntualizó Rowley.

Y así se quedó el joven, que se dedicaba a la pesca y que ahora conocemos como el cerrador más dominante de la Carpa Grande.

Ahora, este no fue el único obstáculo por el que pasó el panameño en sus primeros años en el béisbol organizado. Los Yankees, unos años después estuvieron a punto de canjearlo a Detroit por David Welch, habían pasado tres años desde que a su brazo derecho se le había practicado la operación Tommy John- reconstrucción de ligamentos colaterales y su velocidad no mejoraba.

Claudino Hernández

Desde luego Claudino tuvo mucho que ver en el éxito de Mariano, aunque hace gala de la humildad que lo caracteriza y se limita a destacar las virtudes como ser humano que acompañan a Rivera, más allá de que haya trascendido como un astro del montículo.

“Yo nunca pensé que llegaría hasta la magnitud de lo que ha hecho, aunque sabía que tenía muchas cualidades para llegar a jugar en el béisbol profesional y que solamente tenía que explotarlas como lo ha hecho con mucha dedicación y profesionalismo”, reconoce Hernández.

El expelotero también recuerda algunos de los momentos difíciles por los que atravesó el taponero de los Yankees.

“Nosotros no perdimos contacto y me acuerdo que él después vino de una operación y no le había ido bien, estaba preocupado y tuvo en el ambiente un cambio para otro equipo. Pero lo salvó fue un instructor de pitcheo que habló con los jefes y lo dejaron”, recordó.

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