JUNTO CON SU PIANO LE DABA VIDA AL DEPORTE

El músico de la gimnasia

Con las delegaciones panameñas asistió a dos Centroamericanos y del Caribe, fue dos veces a San Salvador, Santo Domingo y a Medellín.

Manuel Herrera Cabajal III nació en calle 3era Colón el 28 de enero de 1940, justo cuando el aumento de militares norteamericanos por la Segunda Guerra Mundial tenía al país con buena economía.

Aquel niño de pelo enrulado, de contextura delgada y que aspiraba a jugar béisbol para Panamá, creció sin televisión y jugando sin miedo a la violencia en la calle con sus 10 hermanos se convirtió en el encargado de poner la música con piano a los ejercicios de piso de la delegación de gimnasia de Panamá, desde la década de 1970.

Sus sueños se fueron disipando cuando años después su padre, Manuel Herrera Jr., se ganó el primer premio de la lotería con el billete 1313 y decidió comprarle un piano, ya que esa era la moda en Colón.

“Yo dije, bueno, ni modo, será el piano”, recordó Manuel sentado en la terraza de su casa en El Crisol, después de deleitar a los vecinos con una breve sesión de piano.

Con 71 años de edad y profesor de la Escuela Nacional de Musica, Manuel ha visto cómo la gimnasia ha ido de más a menos gracias a la influencia de la música moderna en las rutinas de las atletas.

“El piano le daba valor a la gimnasia”, fue una de las frases que dijo el profesor al consultarle sobre la evolución de la gimnasia.

“Ahora no es que sea mala, pero necesitan un coreógrafo que guíe a las gimnastas en las rutinas, para que no sean siempre los mismos movimientos”, acotó el día que asistió al II campeonato Centroamericano de gimnasia artística que se registró en la Arena Roberto Durán a finales del mes pasado.

Para Herrera, antes la gimnasia artística era más fluida, pues la música ayudaba a la gimnasta cuando tenía que dar saltos y las vueltas, “la ayudaba, se le ponían ritmos más fuertes para acentuar sus movimientos”.

Un ejemplo claro que dio el profesor sobre la diferencia de ritmos es que antes hasta se usaba música típica panameña en las presentaciones.

“La primera pieza que compuse fue una típica y recuerdo que Xenia Moreno la bailó, en Maracaibo. Fue una combinación de bolero nacional”, dijo muy orgulloso, quien reconoció que actualmente ya no se utiliza la música local para las presentaciones gimnásticas.

“En ese tiempo el gimnasta se tenía que habituarse a la música, era un trabajo que se diagramaba con un coreógrafo durante las prácticas, para que en las competencias todo saliera fluido”, sentenció.

Antes era muy importante la comunicación entre la gimnasta y el músico. El truco que tenía Manuel para hacer un excelente trabajo era fijarse en el “estado anímico” de la atleta y ver sus “expresiones faciales”. En ese momento él decidía si le ponía música romántica o la mezclaba con polka u otro ritmo.

Pero, a pesar del buen acoplamiento de la gimnasia y el piano, la globalización también llegó a la gimnasia, cuando en la década de 1980 los encargados de la gimnasia (Chichito Ramos, Víctor Galeano, Ricardo Turner), querían llevar la gimnasia a lo más alto del deporte, y decidieron hacer cambios radicales para Herrera.

La música con piano quedó por fuera de la gimnasia y empezaron las presentaciones con música electrónica. Esa fue la razón principal por la que Herrera decidió retirarse cuando terminó el militarismo en Panamá.

EL INICIO

Manuel salió de la provincia de Colón buscando nuevas oportunidades con el piano en 1958, cuando ingresó a la Escuela de Música, donde le enseñaron a leer las partituras.

Luego de varios años, la madrina de Solís Palma le tomó mucho cariño y lo recomendó para la escuela del centro cultural de Amador, por el talento que le veía.

“Allí yo era el encargado de amenizar todos los actos y tocar con el piano todos los himnos nacionales”, fue allí donde conoció al profesor de educación física Víctor Galeano, quien lo recomendó con los regentes de la gimnasia en ese momento, para que le pusiera vida a las rutinas de piso.

Al inicio solo tocaba música para los ejercicios de práctica, pero poco a poco fue destacándose hasta que llegó a ocupar un puesto en la delegación panameña.

“Nunca pensé que la gimnasia me diera tanto. Conocí muchos lugares, personas de excelente corazón y gimnastas de gran técnica, como es el caso de Gioconda Torres de Bianchini, hoy contralora de la Nación, ella era muy buena, tenía una gracia y un buen ´caminao´, recordó Manuel, quien buscó afanosamente una foto de ella, pero no la encontró.

A pesar de los buenos recuerdos y de los grandes momentos que vivió, asegura que ya no regresaría a tocar el piano para la gimnasia.

Ahora como profesor de música le va mejor económicamente. Antes tenía un contrato entre $150.00 y $225.00 por mes.

Ahora Manuel Herrera, quien lleva 25 años de casado con Damarys Saavedra, se conforma con asistir a los eventos locales que se realizan y recordar cómo era todo antes comparado con ahora.

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