JORGE GRAJALES

El niño que conoció a los Yankees

El equipo neoyorquino cumplió el sueño de un chico panameño que reside en Estados Unidos por un riguroso tratamiento médico.

Jorge Grajales continúa enamorado de los Yankees de Nueva York; un equipo que hace más de un año lo distinguió y que desde entonces lo transformó en una celebridad local.

Grajales, en la tranquilidad de su hogar en el barrio de North Heldon, en Nueva Jersey, recuerda y describe, como si fuera ayer, los momentos que vivió junto a los Yankees cuando lo eligieron para homenajearlo en la Semana de la Esperanza.

El joven salió al patio para demostrar sus dotes de lanzador y siguiendo los consejos que le había dado su máximo ídolo, el panameño Mariano Rivera, cerrador estelar del equipo neoyorquino.

Jorge, de 14 años, hizo varios lanzamientos, mientras confesaba que primero era fanático de los Mets, el otro equipo de Nueva York en las Grandes Ligas.

No tardó mucho en dejar la manilla y la bola, una de ellas autografiada por Rivera, para sentarse junto a su familia sustituta y contar las anécdotas que vivió aquel día con varios integrantes de los Yankees, el equipo de sus amores.

Jorge, un pequeño niño del distrito de Coclé, ubicado en la provincia del mismo nombre, tuvo el 16 de agosto de 2010 la oportunidad de ser escogido por la organización de Nueva York, en el marco de su semana de HOPE (Ayudar a Otros a Perseverar y a Sobresalir, por sus siglas en inglés, que forman también la palabra esperanza), de convertirse en el centro de atención de las más de 52 mil personas en el estadio, además de los fanáticos del equipo del Bronx que vivieron el momento por vía satélite o simplemente con las fotos de aquel día.

El coclesano, quien reside en Nueva Jersey desde que tiene un año y medio debido al tratamiento que debe recibir por sus prótesis, todavía se emociona al recordar aquel día. “Fue un día inolvidable”.

Y es que la organización neoyorquina no solo invitó al pequeño coclesano a sus entrenamientos previo a su partido contra los Tigres de Detroit de aquel día, sino que además envió al panameño Mariano Rivera, Brett Gardner y Nick Swisher a que sorprendieran a Jorge con una fiesta de piscina en su casa en el tranquilo barrio de North Heldon.

Según cuenta John Dyksen, padre sustituto de Jorge en Estados Unidos, él aprovechó el mes y medio de las vacaciones anuales del niño, en las que siempre regresa a Panamá, para enviarle una carta a Mariano Rivera para averiguar si había la posibilidad de que Jorge lo conociera. “Cuando Jorge estaba en Panamá, yo le escribí una carta a Mariano Rivera y le copié el correo a otras personas, como Jason Zillo (jefe del departamento de relaciones públicas de los Yankees), y ellos nos contestaron que iban a escoger a Jorge para Hope Week”.

Al regreso de Jorge de su natal Coclé, en su casa de Nueva Jersey lo esperaban tres importantes jugadores de los Yankees, incluido el chorrerano Rivera, uno de los ídolos del coclesano, “fue una sorpresa. Al principio, Jorge no sabía cómo reaccionar, ya que no reconoció a Mariano sin el uniforme puesto”, dijo Dyksen, quien agregó que desde aquel día, siguen teniendo comunicación con Rivera, además que han asistido a otros partidos de los Yankees en los que han conversado con el de Puerto Caimito.

En Panamá, Joaquín Grajales y su esposa Isel también estuvieron atentos a aquel significativo momento de su hijo. “Cuando vimos lo de los Yankees, fue muy emocionante, de no creer. Mi mamá fue la que lo vio en la televisión primero y nos llamó para que lo viéramos”, recuerda Grajales.

Incluso, para el mismo Jorge, aquel momento cambió un aspecto de su vida, ya que hasta ese día era fanático de los Mets de Nueva York. “Su equipo eran los Mets y le comprábamos muchas cosas de ellos”, recuerda Saye Dyksen, esposa de John. “Su papá siempre lo trataba de convencer para que fuera un Yankee, pero cuando conoció a todos los jugadores fue que se decidió a cambiar. Ahora los sigue mucho. Se ha convertido en un gran fanático de los Yankees”.

UNA SOLUCIÓN LEJANA

La llegada de Jorge Grajales a los suburbios de Nueva Jersey se remonta hasta mayo de 1998, cuando apenas tenía 16 meses de haber nacido.

Según recuerda su madre Isel, todo empezó cuando Jorge apenas había cumplido el año, y le comenzó a dar una alta fiebre. “Yo lo llevé al hospital Aquilino Tejeira, en Penonome. Decían que era infección en los riñones. Luego lo llevé a otra clínica en Penonomé e igualmente dijeron que eran los riñones”.

Las plantas de los pies y de las manos de Jorge, según señala Isel, se comenzaron a llenar de puntos rojos, por lo que decidieron llevarlo al Hospital del Niño, en la ciudad capital.

“En el Hospital del Niño Jorge cayó malo y estuvimos un mes con él hospitalizado”, evoca Joaquín. Tras varios meses de estudio, los doctores dictaminaron que padecía de vasculitis aguda, por lo que había que amputarle sus cuatro extremidades. “El doctor Esteban López nos dijo que había que amputarlo, pero no nos dio certeza de que saldría vivo. Fueron seis largas horas que tuvimos que esperar a que terminara la operación”.

Joaquín explica que al día siguiente de la operación, se les acercó Tom Ford, del Club Activo 20-30, quien le ofreció la oportunidad de que Jorge viajara a Estados Unidos para recibir tratamiento de su enfermedad y para que le pusieran prótesis, ya que en 1998 en Panamá solo calificaban para prótesis los mayores de edad.

“Esa ha sido la mejor decisión que hemos tomado. Si no le hubiésemos permitido que viajara, lo tendríamos aquí con nosotros, pero en una silla de ruedas”, dijo Joaquín.

UN SEGUNDO HOGAR

“Fue un paso difícil, estábamos muy nerviosos”, recuerda Saye Dyksen. “Pero cuando llegó tenía la mejor sonrisa y derritió el corazón de todo el mundo y en apenas un par de días ya era parte de la familia”.

“Comenzó a ir a preescolar cuando tenía tres años. Al principio, como tenía que estar en los tratamientos y en el cuidado inicial de las prótesis, le tomó un poco más de tiempo el aprendizaje de las letras, los colores y todo eso, pero siempre recibió la ayuda extra que ha necesitado”.

En Panamá, Joaquín no ocultó su satisfacción por haber encontrado una familia que se hiciera cargo de Jorge. “Hemos tenido mucha suerte de que él encontrara una familia que lo ha cuidado mucho y que ha estado siempre ahí para él”.

A sus 14 años, Jorge hace todo lo que un niño de su edad haría. “Cuando regreso de la escuela, como algo, hago mi tarea y me pongo a jugar con mis amigos, o también aquí en la casa”, apunta mientras Saye recopila desde un estante todos los recortes de periódicos en los que se ha publicado la historia de Jorge. “Muchos diarios locales han venido a hacerle reportajes cuando lo ven en la escuela jugando fútbol o béisbol o natación”, agrega, mientras señala la piscina en la que Jorge tuvo su fiesta con los Yankees de Nueva York.

“A pesar de su condición, él es un niño feliz”, corrobora su padre Joaquín. “Es duro porque no tiene piernas ni manos, pero él se defiende, escribe, come, tiene muchas agilidades. Él hace todo”.

ENTRE DOS TIERRAS

“Cuando estoy en Estados Unidos extraño mucho a mi familia, y cuando estoy en Panamá, extraño mucho a mi familia”, dice con una sonrisa Jorge, quien representa esta nostalgia en sus gustos culinarios, ya que en Nueva Jersey su comida favorita es la pizza, mientras que en Coclé, lo es el guacho.

Saye explica que Jorge viaja a Panamá todos los meses de julio y agosto, cuando es tiempo de vacaciones en el período escolar.

“Apenas llega queda por allá donde los amigos y los trae para acá para jugar Nintendo”, dice Isel. “Se la pasa pidiendo guacho y arroz con pollo. Cuando estaba pequeño pedía hot dog, hamburguesa, pizza. Ahora pide comida de Panamá”, agrega con una media sonrisa. “Al principio también teníamos problemas con el idioma, pero ya habla el español clarito”.

Para Joaquín, la suerte ha estado de su lado luego que Jorge encontrara una oportunidad para vivir a pesar de su condición. Por esta razón, su padre biológico confiesa que probablemente sea mejor que él haga su vida en Estados Unidos. “Todavía tenemos que conversar con él sobre su futuro. Allá no hay discriminación porque le faltan manos y pies y puede conseguir trabajo. Aquí, en cambio, a uno le falta un dedo y ya no puede trabajar”, afirma Joaquín. “El futuro de él está allá”.

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