PLANO URBANO

Bases para una buena nomenclatura

OPINIÓN

Medio Panamá reclama una nomenclatura sencilla y entendible, que sirva a propios y extraños, especialmente a la gran cantidad de turistas que vagan perdidos en nuestros vericuetos, sin una pista que los guíe.

Las viejas ciudades europeas basaron su nomenclatura en asignar nombres a sus calles. Todo funcionó bien cuando eran ciudades medievales, donde un grito de alerta o un pregón se escuchaba por doquier. Hoy día, con inmensas ciudades y un turismo universal, tenemos que crear métodos efectivos de orientación. Allá han recurrido a los sistemas de posicionamiento satelital, que va indicando: dónde doblar, cuál calle tomar después de entrar a una rotonda, cómo cambiar de carril para entrar a una autopista. Eso no lo podremos implantar en Panamá, sin numeración en las calles o avenidas, o las propiedades. Seguiremos confundiéndonos y confundiendo a quienes nos visitan, malgastando el tiempo valioso de todos. Es increíble nuestro ascendente caos urbano.

En toda América he conocido nomenclaturas que funcionan, unas bien, pero solo para la gente que conoce bien la ciudad, no para turistas como yo, perdido en bellas ciudades europeas. He analizado muchos sistemas de nomenclatura y me he interesado en algunos que como los de Lima y Buenos Aires mantienen todas sus calles con nombres, nada fácil de aprender para el visitante, a pesar de que ayudan los números que aparecen en cada puerta; buen complemento, pues permite conocer el sector de la ciudad donde queda el objetivo. La semana pasada regresé de Buenos Aires, allí, alojado en la avenida Santa Fe, número 28-29, sabía que vivía entre calles 28 y 29, lado de los impares y más cerca de la calle 28 que de la 29.

Los números son más fáciles de manejar que los nombres. Nadie busca la página 62 de un libro, entre las cien y tanto. Pero en cambio, ¿Quién sabe dónde queda la calle Los claveles”, o Las Orquídeas, o la calle Napoleón Pérez? Todos sabemos cómo jugar “bingo” y encontrar el número que cantan, o hacer un crucigrama, pues hay guías en las dos direcciones. Pero lo más importante, una guía de uso diario y urgente para todos, aún no sabemos hacerlo.

Yo estudié cinco años en Bogotá, y vivía en la avenida Caracas o avenida 14, número 55-44, o algo así. Era pues entre calle 55 y 56, en la mitad de la cuadra, lado derecho. Con solo saberse los números, basta para entender esta nomenclatura que tiene números para las calles, para las carreras (nuestras avenidas) y para cada puerta sobre la calle.

Después de entender lo sencillo de este sistema, los que estudiábamos el problema en 1970, decidimos adaptar esa fórmula básica para Panamá, con una variación que nos convenía. Como buenos panameños, las autoridades no terminaron la tarea, la que se les dejó escrita y con un claro programa de acción. Espero que esta vez sí lo hagamos.

El viernes pasado estuve por primera vez con la Comisión de Nomenclatura del Municipio. Me citaron a las nueve y llegué puntual, pero la reunión comenzó solo a las 10, sin que ninguno de los concejales hubiere llegado. A las 10:30 me retiré después de recordarles a los presentes cómo fueron las tentativas anteriores. Espero la próxima reunión, si es que esto va a funcionar.

El autor es arquitecto.

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