Escasez de monedas

Bóvedas caseras, repletas de centavos

Autoridades del Banco Nacional de Panamá reconocen que esta moneda tiene poco retorno a las bóvedas de la entidad.

El faltante es evidente cuando se intenta pagar en los comercios. Las moneditas de un centavo, que siempre han sido despreciadas por los panameños, ahora parecen echarse de menos.

El Banco Nacional de Panamá (BNP) acuña e importa estas monedas, pero el empuje por suplir al mercado local con esta baja denominación no resulta. La gente acostumbra a guardar los centavos en sus alcancías o simplemente los desecha.

La incomodidad se genera cuando algunos negocios dan un vuelto del dinero a medias o compensan los centavos con caramelos y golosinas, lo que representa una pérdida para el cliente y convenientes ganancias para el agente económico.

El BNP reconoce que efectivamente se han presentado niveles muy bajos en sus inventarios de centavos.

“Las monedas de un centavo tienen poco retorno a nuestras bóvedas”, reconoció Darío Berbey, gerente general del banco, tras alegar que con las acuñaciones de este producto, el Estado pierde dinero, por lo que no hay señoreaje. Se refiere a la diferencia entre lo que cuesta fabricar la moneda y su valor.

De 2009 a 2011 se ha provisto al sistema bancario unos 24 millones de unidades de centavos y la última acuñación que hiciera el BNP de esta denominación fue en 2009 por los 10 millones de unidades, que representaron 100 mil dólares. Además, se importaron 61 millones de unidades de 2010 a 2011.

Los centavos son de uso frecuente en los pagos a comercio de alto tráfico como los supermercados, almacenes, tiendas minoristas y abarroterías. Y con el incremento al 7% del impuesto de transferencia de bienes muebles y servicios (ITBMS) el uso de esta unidad se hace cada vez más importante, incluso en peluquerías, talleres de mecánica, entre otros negocios, que no tenían el hábito de usar la moneda.

Igual efecto se generó en julio pasado cuando las panaderías y refresquerías que venden pan artesanal adoptaron el modelo de pesar el producto, con lo que se generan cuentas como: $1.93 o $2.84.

Lo que sí ha sido molestoso para muchos consumidores es que hay negocios como los restaurantes de comida rápida que se limitan a decir “le debemos el centavo” cuando las personas hacen sus respectivas compras.

Pero hay muchos ciudadanos, como Julieta Sánchez, que prefieren reclamar esta monedita o llevar algunas en su cartera para cuando las necesite. Sin embargo, hay otros como su esposo, Júnier Samudio, que optan por ahorrarlas en una alcancía por buen tiempo, para luego hacer uso de ellas para una compra específica, ingresarlas a su cuenta bancaria o canjearlas por monedas de mayor valor.

Especialistas en el tema consideran que a medida que los precios de los productos y servicios vayan aumentando, asimismo esta moneda irá perdiendo importancia y valor en el mercado.

Algunos economistas piensan que su existencia forma parte de las medidas fiscales que adoptan los gobiernos, pero prevén que en un futuro desaparezca como lo hizo “el cuartillo y el medio”, otras monedas de reducido valor que se mantuvieron en el comercio local en la década de 1950.

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