canasta básica

¿Controlar o no controlar?

La posibilidad de utilizar el control de precios para tratar el alza del costo de la vida podría tener más perjuicios que beneficios en el largo plazo.
Los precios de alimentos y bebidas se han incrementado un 5.5% en el último año, lo que ha suscitado un llamado por los políticos de medidas de control de precios. Estas podrían generar situaciones de escasez. Otras formas existen para reducir el golpe incesante de una canasta básica en alza, como controlar el gasto público para evitar el sobrecalentamiento. Los precios de alimentos y bebidas se han incrementado un 5.5% en el último año, lo que ha suscitado un llamado por los políticos de medidas de control de precios. Estas podrían generar situaciones de escasez. Otras formas existen para reducir el golpe incesante de una canasta básica en alza, como controlar el gasto público para evitar el sobrecalentamiento.
Los precios de alimentos y bebidas se han incrementado un 5.5% en el último año, lo que ha suscitado un llamado por los políticos de medidas de control de precios. Estas podrían generar situaciones de escasez. Otras formas existen para reducir el golpe incesante de una canasta básica en alza, como controlar el gasto público para evitar el sobrecalentamiento.

Cada día que pasa el dinero rinde menos y menos. Por algún motivo, los precios de los alimentos básicos suben y suben cada vez que se va al mercado y el tema se vuelve la fuente principal del descontento nacional.

En los discursos políticos previos a las elecciones, se asoma la promoción de una política para controlar los precios que crecen en espiral en búsqueda de darle un respiro a los consumidores.

Esta descripción, similar a la que se vive hoy en día en Panamá, también describe aquella que vivió Perú en 1985. Alan García, recientemente electo presidente de ese país, impuso controles de precio desde el inicio de su período para frenar el alza constante de productos alimenticios básicos, entre ellos el arroz y el azúcar, intentado evitar que estos se tornaran demasiado caros.

Lesley Wroughton, periodista de economía internacional, describe en The New York Times lo que sucedió después. “Cuando la escasez y los mercados negros surgieron, los peruanos tuvieron que hacer fila por horas para obtener alimentos básicos y cinco años después, la presidencia de García se disolvió en una espiral de hiperinflación”.

Por más legislación que pueda aprobarse, Panamá no podría escapar de la operación de las leyes económicas que afectan a todos.

Por esto, un entendimiento más claro del control de precios –una medida promovida por el candidato a la presidencia del Panameñismo, Juan Carlos Varela, como punto clave de su campaña– es necesario antes de alzar una herramienta que, según la experiencia económica, muchas veces lastima.

UN ALIVIO TEMPORAL

El beneficio de controlar los precios es notable de forma inmediata. Una libra de tomate que cuesta hoy $1.80 costaría $1.80 en dos meses, seis meses o por cuanto tiempo pueda durar el control. Esto da un alivio temporal a los que tienen menos ingresos, quienes sufren más que nadie los efectos inflacionarios.

Esta inflación ha visto una desaceleración durante 2013, pero su alto nivel sigue azotando de forma importante el bolsillo del consumidor panameño. Entre septiembre de 2011 y septiembre de 2012, los precios de alimentos y bebidas vieron un alza de 7.9%. Para el mismo período entre 2012 y 2013, se vio un alza de 5.5%.

Volviendo a los efectos del control de precios, aunque se nota un congelamiento o desaceleración en el alza de la canasta básica, se van acumulando distorsiones que se traducen en una escasez de bienes básicos.

Para entender por qué sucede esto, se debe comenzar a pensar en el precio de un bien no solo como una señal de su costo, sino como una señal de su escasez.

¿Nunca se ha preguntado cómo sabe un productor cuántas papas o cebollas debe producir? ¿Cómo sabe el mercado cuántos botones de camisa o yardas de tela debe confeccionar?

La respuesta a estas preguntas es el precio. El precio es, además del costo que se paga por un bien, una señal del mercado que indica a los productores y a los compradores información de los bienes y servicios que quieren comprar.

Al controlar el precio de un bien o servicio, se traba la maquinaria del sistema de precio que no puede transmitir información correcta de cuánto y cuándo deben producir las empresas. El resultado de esto es generalmente una menor oferta del producto.

Adicional a esto, controlar los precios resuelve un síntoma pero no la enfermedad, que es la debilitación de la capacidad de compra del consumidor producto de una caída del valor de la moneda. Todo esto implica que los costos de producción de alimentos continuarán subiendo, pero debido al control tales costos no pueden ser transmitidos al consumidor, lo que hace que muchos agricultores salgan del negocio por falta de rentabilidad.

INTENCIONES Versus RESULTADOS

Por más bondadoso que sea el espíritu humano, la historia tiene pocos ejemplos de productores vendiendo y sobreviviendo con pérdidas.

En el mismo artículo, Wroughton cita a David Orden, un socio de investigación del Instituto Internacional para la Investigación de Políticas Alimentarias, explicando que “la experiencia histórica es que [los controles de precios] rara vez funcionan por un período prolongado”.

Usualmente, la medida afecta a productores pequeños que no pueden sufragar las pérdidas causadas por costos crecientes –la inflación, que es un fenómeno económico, no puede ser contenida por una ley, que es una postura política– lo cual profundiza la situación de escasez que brota en la forma de mercados negros.

No hay que viajar lejos en el tiempo o el espacio para encontrar ejemplos de esto. En la vecina nación de Venezuela, el control de precios ha llevado a una escasez general de bienes básicos, además de medidas represivas a quienes buscan participar en un mercado negro para satisfacer sus necesidades.

El candidato Varela ha indicado que la medida sería implementada de forma temporal. Usualmente, cuando una medida de control de precios es retirada, los precios tienden a elevarse ya que están recibiendo nueva información sobre los costos de producción acumulados en ese tiempo.

La experiencia es la misma que una pierna o brazo dormido recibiendo sangre, luego de eliminar la presión. Usualmente, la población tiende a sentir pánico por el alza, lo cual genera nuevos controles, tornando a la medida en permanente. Este fenómeno se ha visto en Venezuela y en Argentina.

TENDENCIA ALCISTA

7.9%

Subida en el índice de precios al consumidor de alimentos y bebidas entre septiembre de 2011 y septiembre de 2012.

5.5%

La misma medida entre septiembre, 2012 y septiembre, 2013, indicando una desaceleración.

65.8%

Incremento del costo de alimentos y bebidas entre octubre de 2002, la medida base, y octubre de 2012, cubriendo la última década.

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