Artículos de moda

Creaciones con el sello Panamá

Diseñadores y artistas locales montan negocios que mezclan lo autóctono y tradicional con lo moderno.
Molas, flores de tela, encajes y piedrería están presentes en los sombreros de Susie Dávila. LA PRENSA/ Eric Batista. Molas, flores de tela, encajes y piedrería están presentes en los sombreros de Susie Dávila. LA PRENSA/ Eric Batista.
Molas, flores de tela, encajes y piedrería están presentes en los sombreros de Susie Dávila. LA PRENSA/ Eric Batista.

Las tiendas por departamento y las redes sociales dan fe de lo que está sucediendo en el país. Un movimiento de nuevos “artesanos” con gusto refinado, estudios de mercadeo y canales de comercialización bien definidos se abre paso en el competitivo mundo del comercio al por menor.

A Panamá llega mercancía importada por miles de millones de dólares, pero hace cinco años pocos productos nacionales con acabados de primera línea se exhibían en las estantería de los comercios.

También era nula la venta de estos artículos por Facebook, y escaseaba la promoción en Instagran. Las cosas, sin embargo, han cambiado. Sombreros, carteras, ropa, calzado y bisutería con toques autóctonos acaparan la atención de los consumidores.

Se trata de creaciones que hablan de Panamá y rescatan el sello de lo nacional de forma sublime. Los consumidores han dicho que sí a la propuesta, al tiempo que los emprendedores les dan rienda suelta a sus proyectos.

Susie Dávila –una abogada que hace dos años entró de lleno a diseñar y vender sombreros, carteras y bolsos con motivos de mola y otros elementos decorativos– dice que en poco tiempo el negocio se ha vuelto muy competitivo.

Sus productos se venden en 13 tiendas del país, además de ser muy cotizados en internet. Un sombrero de ala corta puede costar $58, mientras que un bolso de perlas y canutillo se vende en $130.

Dávila empezó con un solo artesano y ahora trabaja con varios que residen en El Valle, en Guna Yala y con las mujeres de la Casa de Sabiduría, en la Comunidad de Mortí.

Está convencida de que el producto tiene buena aceptación porque une elementos culturales y tradicionales, como la mola, con los consumidores modernos.

La diseñadora y empresaria Melina Typaldos, después de ocho años en la industria de joyería, asegura que el mercado es rentable, pero el éxito dependerá de cuan “innovador y diferente” sean los artículos.

Typaldos crea piezas de bronce bañadas en oro de 24 kilates y de plata 925, y asegura que Panamá se ha convertido en un buen mercado para todo tipo de artesanía. Ha favorecido que el país se haya constituido en un hub internacional con la llegada de muchos extranjeros, lo que ha permitido que grandes marcas estén presentes, y con ello, que el mundo de la moda siga creciendo.

Pierina Bellina, propietaria de la tienda de bisutería Malaika Accessories, considera que a pesar de que en los últimos tiempos se le ha dado un nuevo giro a las creaciones nacionales, aún falta mucho por trabajar, empezando por escuelas que apoyen y promuevan la confección local.

Bellina coincide con Typaldos en que este negocio de la moda se hace más rentable en la medida que se confeccionen y traigan artículos que hagan la diferencia.

En la tienda Malaika, con variedad de productores locales, las joyas pueden costar desde $15 hasta $400. Mientras que las creaciones de Typaldos van de los $42 a los $700.

Según cifras preliminares de la Contraloría General de la República, en el primer semestre del año los ingresos del negocio al por menor alcanzaron $4 mil 497 millones. Es decir, 5.1% más que los $4 mil 278 millones que preliminarmente facturó esta actividad económica en igual período de 2013.

En este enorme mundo comercial, aún hay espacio para más productos y más emprendedores.

Así lo afirman Jony y Nay, dos santeños que utilizan sus nombres de pila para comercializar cutarras de colores y diferentes prints desde hace tres meses.

La inspiración para crear las cutarras San7é, según cuenta Jony, llegó tras experimentar una sinergia perfecta entre las ganas de hacer algo diferente y la influencia del entorno.

Jony, siendo un artista del maquillaje, peinado y stylish, y luego de estudiar diseño de modas en la Universidad Nacional, se motivó con la idea de crear una marca propia.

Nay, por su lado, “nació con un chip revolucionario y soñador”, cuenta su pareja de negocios y socio en el negocio San7é.

Ella participó de un programa de innovación empresarial en la ciudad de Panamá, y de allí le surgió la idea de darle valor agregado a un artículo autóctono.

Por ahora su única plataforma de venta es internet, aunque no descartan tener presencia en los centros comerciales del país.

Sus proveedores son artesanos que toda la vida se han dedicado a la confección de cutarras en la región de Azuero.

Al igual que los demás diseñadores consideran que este es el mayor valor de su negocio. Lo llaman una empresa sostenible por dos razones: trasciende la cultura panameña y se genera trabajo para manos calificadas, muchas veces ignorada.

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