VALOR RAZONABLE

Destruyendo muros

Los primeros días de noviembre del año 1989 revelaron al mundo el ferviente deseo de un pueblo por liberarse de ataduras; de un pasado oscuro como fueron los años detrás del muro de Berlín, construido después de la segunda guerra mundial en medio de temores y la intrigante guerra fría.

El muro fue abatido y destruido por los mazos de esperanza de mejores días donde la democracia viviera a plenitud su resurgimiento en un mundo urgido de cambios.

No habían transcurrido 30 años cuando de la entraña de la nación más poderosa del planeta nace un maestro del mercadeo masivo que apela a miedos y odios para convertirse en el presidente del país que más ha contribuido a la idea de que la diversidad es propulsora de nobles cambios.

Donald J. Trump, en uno de sus discursos de barricada que procuraba encantar a un segmento demográfico que había sido olvidado en recientes ejercicios electorales, propone la construcción de un extenso muro que divida la frontera Méjico-estadounidense bajo el pretexto de que esa estructura ayudará a resolver el problema de la inmigración ilegal.

Desconociendo todo ejemplo histórico que ha demostrado una y otra vez que estas pretendidas estructuras de contención física no llevan a nada positivo, pues el presidente-electo Trump pretende que la construcción del muro sea financiada por los impuestos de pueblo mejicano. La idea del muro paralelo al río Grande impacta por el grado de extremismo que transmite; por lo masivo de semejante aspiración y quizás sea poco probable que se llegue a materializar, pero sin lugar a dudas ratifica la separación de razas, grupos étnicos y nacionalidades que se promulga hoy día en un mundo cada vez más convulsionado.

Resulta inevitable sentir preocupación por Panamá y por algunos panameños que, desconociendo nuestra rica historia de centro tradicional de tránsito, pretenden construir muros con fundaciones que descansan en el mal trato hacia el extranjero que hace de este país su hogar. No pretendo ni por un segundo justificar el movimiento migratorio ilegal. Resulta de carácter obligatorio encontrar los medios y las alternativas para controlar, regular y reglamentar de manera disciplinada pero eficiente la entrada y salida de extranjeros.

Pero, olvidar el pasado y no reconocer que los grandes capitanes de industria que contribuyeron al Panamá de pleno empleo y de crecimiento económico promedio de 6% en los últimos años fueron precisamente hombres y mujeres inmigrantes sería desconocer la historia.

El muro de la xenofobia no debe cimentar odios que lleven al deterioro de la fibra social de un país. Como si fuera poco, los panameños estamos entregados a la tarea de construir el peor de los muros: esa barrera de inconformismo y de negatividad contagiosa por todo lo que aquí acontece.

Con pesar profundo se nota en redes sociales el mensaje recurrente de pesimismo extremo asociado con ataques de índole política que van más allá de lo racional. Entiendo que la oposición política a la actual administración aspire al poder en 2019, pero llegar al punto de la mentira, el mal manejo de información o el deseo de fracaso de una gestión en detrimento de un país entero es sinónimo del peor muro que se aspire a construir en cualquier parte del mundo.

A manera de ejemplo, la semana pasada se promovió un titular que aseveraba que la economía había decrecido de 6.2% a 4.1%. Así. Simple y tajante.

Irresponsablemente, los pseudo analistas compararon la proyección del crecimiento de producto interno bruto con el reporte de nueve meses del IMAE (indicador mensual de actividad económica).

Sin hacer las aclaraciones respectivas de cómo deben analizarse estos medidores macroeconómicos, sus alcances o cómo se complementan, la información sembró la semilla de cemento emocional que abona al muro de la información mal intencionada; esa información que destruye y no aporta.

No sé si Trump vaya a construir su famoso muro. Lo que sí sé es que en Panamá estamos haciendo todo lo posible por construir los peores tipos de muros: los que ahogan el espíritu de lucha, de emprendimiento, de apertura económica y de estabilidad en nuestras instituciones. Quiero el Panamá donde destruimos muros. ¿Qué Panamá quieres tú?

*El autor es economista

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