ENFOQUE

ENFOQUE: Alimentación escolar y agricultura familiar

Najla Veloso

OPINIÓN

Los programas de alimentación escolar han conquistado cada vez más espacios junto a los gobiernos como una eficiente estrategia de protección social y de aplicación del derecho humano a la alimentación adecuada, convirtiéndose en una potente herramienta de erradicación del hambre y la malnutrición, de garantía de la educación alimentaria y nutricional y de impulso a mejores indicadores educacionales.

El Plan para la Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre 2025 de la Comisión de Estados Latinoamericanos y Caribeños -el cual ha sido ratificado por Panamá y todos los países de la región- dedica en su tercer pilar una línea de acción específica a la alimentación escolar.

Según el plan, los programas de alimentación escolar tienen una larga trayectoria en la región, y contribuyen a la continuidad del ciclo nutricional; a fortalecer la cultura alimentaria y la participación social; crear hábitos saludables y fortalecer el acceso a mercados de abastecimiento institucional de alimentos por parte de la agricultura familiar.

El mayor compromiso de los gobiernos se ve reflejado en diversas acciones, como el aumento gradual de la capacidad financiera para fortalecer los programas de alimentación escolar. Además, en muchos países se ha logrado discutir, diseñar y aprobar marcos legales y normativos, desde una mirada más amplia de la nutrición saludable. Como ejemplo, en Paraguay y Bolivia se han promulgado leyes específicas sobre alimentación escolar.

Mientras que Honduras, El Salvador, Guatemala, Costa Rica y Perú, actualmente discuten proyectos de ley.

Para apoyar a los países de la región a fortalecer sus políticas respectivas, desde 2009, la FAO y el Gobierno de Brasil trabajan juntos por medio del Programa de Cooperación Internacional Brasil-FAO para intercambiar y compartir experiencias, promover la articulación intersectorial e interinstitucional, asesorar técnicamente a los países y crear y fortalecer capacidades de técnicos, maestros y comunidad escolar.

Actualmente, 17 países de la región llevan a cabo diversas acciones, a partir de su demanda, las realidades y objetivos de cada gobierno y con los aportes de conocimientos de Brasil, por medio del proyecto Fortalecimiento de los Programas de Alimentación Escolar en el marco de la Iniciativa América Latina y el Caribe sin Hambre 2025.

Actualmente, Brasil ofrece alimentación escolar todos los días a más 42 millones de estudiantes y su programa agrega elementos innovadores, como la inserción de la educación alimentaria como eje principal y la inclusión de la agricultura familiar como proveedora de los alimentos a las escuelas.

En la región, también se observan importantes avances en la inserción de productos frescos y saludables de la agricultura familiar en la alimentación escolar. Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Paraguay, República Dominicana y Santa Lucía han logrado mejorar la calidad de los alimentos consumidos por los estudiantes y los ingresos de los agricultores familiares, contribuyendo a la dinamización de las economías locales.

Los programas de alimentación escolar son una solución triplemente ganadora: aseguran la calidad de los alimentos entregados a los estudiantes de instituciones públicas; abren nuevos mercados y posibilidades de mayores ingresos a los agricultores familiares, rompiendo el ciclo del hambre y la pobreza; y promueven el desarrollo local.

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