ENFOQUE

ENFOQUE: Romper el ciclo de la pobreza rural

José Graziano da Silva*

OPINIÓN.

El 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, el mundo tiene mucho que celebrar. Como comunidad global, hemos avanzado en la lucha contra el hambre y la pobreza.

La mayoría de los países supervisados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), 72 de 129 han alcanzado la meta del Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad la prevalencia de la subalimentación en su población en 2015.

El porcentaje de personas que viven en la pobreza extrema en las regiones en desarrollo también ha disminuido en forma notable: del 43% en 1990 al 17% este año.

Pero el progreso ha sido desigual. En el ámbito mundial, unos 800 millones de personas siguen padeciendo hambre crónica. Y casi mil millones permanecen atrapadas en la pobreza extrema.

Por tanto, a pesar de grandes avances, el hambre y la pobreza siguen estando presentes, incluso en esta época de abundancia.

Es verdad que el crecimiento económico -especialmente en la agricultura- ha sido esencial para reducir las tasas de hambre y pobreza. Pero no es suficiente, porque con demasiada frecuencia, ese crecimiento no ha sido inclusivo.

Estudios han demostrado que los programas de protección social reducen con éxito el hambre y la pobreza.

En 2013, este tipo de medidas permitió salir a cerca de 150 millones de personas de la pobreza extrema.

Estos programas van más allá de suplir la carencia de ingresos. Suponen más bien dar una mano que puede ponerles en una vía rápida a la autosuficiencia.

La mayoría de las personas en pobreza extrema y con niveles de subnutrición en el mundo pertenece a familias rurales que dependen de la agricultura para su alimentación y sustento diarios. Estas familias suelen adoptar un enfoque de bajo riesgo y bajo rendimiento para la generación de ingresos, invierten poco en educación y salud, y con frecuencia se ven obligados a adoptar estrategias negativas de supervivencia.

No tiene por qué ser así.

La protección social permite a las familias pobres y vulnerables tener un horizonte de tiempo más largo, ofreciéndoles esperanza y capacidad de planificar su futuro.

Y lejos de crear dependencia, la evidencia muestra que la protección social hace aumentar las actividades agrícolas y las no agrícolas, fortaleciendo los medios de vida y elevando los ingresos.

Por esta razón, la FAO eligió la protección social y la agricultura como tema del Día Mundial de la Alimentación de este año.

Para acabar con la pobreza rural por completo, el mundo tiene que actuar con más urgencia. Y con más decisión.

Compromiso político, financiación adecuada, alianzas y acciones complementarias en materia de salud y educación serán elementos clave para transformar esta visión en realidad.

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