JÓVENES DE ÉXITO

Jabones con causa

Pasó de tener un trabajo estable, con una entrada fija, a fundar una empresa de producción artesanal. Una aventura en un mercado desconocido.
Milagros Roque de Turner ofrece jabones artesanales con ingredientes naturales para beneficio de la piel. Con combinaciones diferentes, cada uno tiene un propósito. Milagros Roque de Turner ofrece jabones artesanales con ingredientes naturales para beneficio de la piel. Con combinaciones diferentes, cada uno tiene un propósito.

Milagros Roque de Turner ofrece jabones artesanales con ingredientes naturales para beneficio de la piel. Con combinaciones diferentes, cada uno tiene un propósito.

Jabones con causa Jabones con causa

Jabones con causa

Todos los días pasa lo mismo. La misma rutina, nada especial, las mismas caras, dejando de lado los sueños y ambiciones para luego.

Siete años en varios trabajos, todos relacionados con recursos humanos. Un buen día, Milagros Roque de Turner se despertó y decidió irse de vacaciones a Utah, Estados Unidos. Volvió al trabajo con fuerzas renovadas y rápidamente se dio cuenta de que no era lo suyo.

Se volvió a ir, esta vez, para quedarse. Se casó y vivió un año con su esposo en Salt Lake City. Ahí conoció a un grupo de personas que se dedicaban a trabajos artesanales y los jabones se convirtieron en su nuevo mundo.

Aparte de instruirme en internet, leía mucho en las librerías. “Hablé con muchas personas que exhibían sus productos artesanales y comencé a hacer mis pininos con el jabón. Algunos me salían bien, otros no tan bien”, recuerda.

Averiguó qué había en el mercado panameño y se dio cuenta de que aún no estaba saturado. Teniendo en mente que quería hacer algo diferente, descubrió que en Panamá hay muchas personas con problemas de manchas en la piel y ojeras. Regresó al país en enero de 2015. Han sido 155 días en los que Roque no ha parado con su Yerbabuena.

Yerbabuena

Como panameña en el exterior, sintió la responsabilidad de hacer algo por su país y percibió una afinidad con las mujeres privadas de libertad.

“Muchas cometieron errores, son culpables de crímenes, de narcotráfico y la sociedad no las voltea a ver. Otras están encerradas por crímenes que no cometieron. Muchas de estas mujeres no tienen familia, o les han dado la espalda por vergüenza, otras son extranjeras. Aun así, todos somos seres humanos, cometemos errores y merecemos una segunda oportunidad. Ellas tienen muchas necesidades y están privadas de muchas cosas”, describe Roque con entusiasmo .

Estando en Estados Unidos, pensó en hacer algo por aquellas mujeres y se dio cuenta de que son vistas como “mala hierba” y sintió un llamado por ayudarlas. Se puso en contacto con Sharon Díaz, subdirectora del Centro Femenino de Rehabilitación.

El Centro fue un convento de monjas y desde hace 30 años es una cárcel femenina, explica Roque. “Ellas están en hogares con capacidad para 400 personas y hay alrededor de 900. Muchas duermen en hamacas o sofás porque no se dan abasto”.

Propuso hacer un taller de jabones donde le enseñaría a un grupo de mujeres cómo elaborar los productos. Es una oportunidad de trabajo, aprenden una técnica nueva y pueden ahorrar dinero de las ganancias de los jabones vendidos.

Su visión es que este dinero sea depositado en una cuenta para que cuando salgan las reclusas “no tengan una mano adelante y otra atrás”, dice Roque. Así, también se evita que muchas vuelvan a dar malos pasos o a delinquir, hay mucha gente que espera que ellas así lo hagan, agrega.

Roque ha logrado que sus jabones se comercialicen en cinco tiendas en la ciudad capital. Y pronto espera llegar a Chiriquí.

Su idea es masificar el producto hecho en Panamá, y que las ganancias de las ventas quede en manos de las reclusas que también formarán parte del negocio.

Nace El sueño

Su esposo dudaba de su éxito al principio. Lo veía como un hobby, “pero aun así me apoyó”, recuerda.

Cuando los clientes comenzaron a comprar, a pedir y a recomendar que ampliara la línea de productos, se percató de que era más que un hobby y que sola no se daba abasto.

“ Registramos la empresa, pago mis impuestos, entrego factura, tengo RUC y todo. Me dio miedo porque tenía compromisos. Yo me organicé, vendí mi carro, cancelé mi deuda y comencé a organizarme económicamente para no ser esclava de las empresas. A veces me acuesto a las 2:00 de la mañana preparando los diferentes moldes”, dice.

Cuando tiene que entregar órdenes, trabaja con mayor antelación porque los jabones deben estar en reposo por 24 horas.

el arte del oficio

Roque aprendió dos formas de hacer jabón artesanal en Salt Lake City, el proceso frío y el caliente.

La técnica en frío implica la mezcla de los ingredientes naturales con soda cáustica o hidróxido de sodio, que es lo que hace la espuma y limpia. Luego hay que esperar tres semanas para que se cueza el jabón en frío. Si no espera el tiempo indicado, el producto puede quemar la piel.

En el proceso caliente, se mezcla la soda cáustica con agua destilada y se pone a baño María. Con el vapor, se va cocinando y cambiando de apariencia hasta quedar gelatinoso, como un pudín brillante. En este punto, Roque procede a agregarle los ingredientes naturales y aceite de coco, de semilla de uva y de oliva, y los revuelve. Espera 24 horas y los desmolda. La ventaja con este proceso es que protege mejor las propiedades del ingrediente natural; no hay riesgo que los ingredientes se vayan a corromper, lo que sí puede pasar con el proceso en frío porque han pasado tres semanas y puede haber alguna reacción química, describe ella.

la diferencia

Cuando sacó su línea, decidió elaborar seis jabones. Están hechos a base de aceite de oliva, aceite de coco y aceite de semilla de uva, buenos para la piel por su riqueza en vitaminas y antioxidantes. Tiene uno que es de romero y lavanda; otro de limón y canela; avena y miel; vainilla, café y aloe vera, este último, uno de los más pedidos.

Hay competencia con marcas que llevan más tiempo en el mercado y tienen unos consumidores definidos, pero los jabones de Roque han conseguido su espacio. Se venden en WE Fresh Market, Be Sweet, Atmana y Yummi Salad.

Cada jabón cuesta $4.50 y están destinados a personas preocupadas por su salud que quieren consumir un producto natural y orgánico.

“ Todo lo natural es mejor. Tenemos que volver a lo original, a la esencia y lo puro. Mis jabones no tienen químicos ni compuestos adicionales. No son industrializados, son hechos a mano”, explica Roque.

Como CEO

Tiene en miras convertir Yerbabuena en una empresa responsable socialmente, no meramente lucrativa sino con luces de ayudar a la sociedad.

En un futuro cercano, Roque quiere ampliar la línea. Incluir champú, acondicionador y bloqueadores solares, además de incursionar en cremas para la piel.

Siempre ha sido soñadora, persistente y positiva, pero muchas veces sueña demasiado. Por eso, trabaja con prioridades y focos de atención.

“El jabón ahora es mi prioridad. Cuando esté fuerte, me involucraré en lo demás”, explica.

Como aprendió trabajando para compañías, exige objetivos y resultados. “Así es como hay que trabajar”. Mi norte es llegar a posicionar la marca en el Riba Smith y las farmacias Arrocha, además de los hoteles.

Roque espera no perder el valor de lo artesanal. “Me gusta que estén hechos a mano”.

Con apenas 30 años y un método de trabajo férreo y un sueño definido, Roque espera lograrlo.

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