LUNES CON EL PIE DERECHO

LUNES CON EL PIE DERECHO: Vive para luchar otro día

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LUNES CON EL PIE DERECHO: Vive para luchar otro día

Stefy Cohen

OPINIÓN

Yo soy guerrera de nacimiento. En cualquiera de los videos de mi niñez salgo haciendo una de dos cosas: agarrando un micrófono imaginario para presentar mi emocionante vida de pequeña o explicando por qué estaba brava con alguien por alguna razón.

La pasión con la que ataco cualquier tema ha sido uno de los motores que me ha impulsado a luchar por todos mis sueños. Sin embargo, esa misma pasión también ha conspirado en mi contra haciéndome perder energía en situaciones menores que definitivamente no lo ameritan.

Hace varios años mi mamá me dijo: “No todas las batallas son guerras”, recordándome que no todos los conflictos valen la pena resolverse a punta de artillería pesada. Y aunque conceptualmente estaba de acuerdo con ella, me inscribí en un curso de Resolución de Conflictos para aprender técnicas que me permitieran hacerle caso. Ahí aprendí que debemos siempre identificar el conflicto que tenemos en frente y luego escoger un estilo de manejo adecuado a la situación y al objetivo que queremos lograr.

Uno de los conflictos más comunes en el espacio laboral es el conflicto por tarea. Los conflictos por tarea están basados en diferencias de cómo se cree que se debería resolver un problema o ejecutar un proyecto específico. Las diferencias pueden estar basadas en los intereses de distintos departamentos (por ejemplo, Finanzas versus Mercadeo) o pueden estar basadas en diferencias de visión o estrategia. Los Conflictos de Tareas nos los tomamos a pecho porque visualizamos nuestras ideas/opiniones como una extensión de nosotros mismos, y así mismo nos defendemos cuando nos las critican. Para resolver productivamente los conflictos por tarea hay que tener en mente estas tres nociones:

1) Nosotros no somos nuestras ideas (y nadie es las suyas tampoco): No confundamos conflictos por tarea con conflictos personales. En los conflictos por tarea tenemos que tomar decisiones basadas en qué es lo que más beneficia al proyecto y más acelera su ejecución. En vez de atacar a la persona, tenemos que criticar su propuesta. Así mismo, tenemos que permitir que ataquen nuestras propuestas sin sentir que nos atacan a nosotros.

Usualmente cuando nos alteramos y frustramos es porque sentimos que la otra persona está siendo irrazonable, pero citando a Amy Gallo, autora de la Guía para manejar conflicto en el trabajo: “Ser irrazonable es menos una característica personal y más una dinámica entre dos personas. Si encuentras que la otra persona está siendo irrazonable, los chances son que tú los estés siendo también”.

2) Recuerda la meta común: A diferencia del conflicto por tarea, no todos los conflictos tienen una meta común y hay que aprovecharla. Debemos utilizar la meta común como norte en cualquier momento que la discusión se salga de control. Cuando las emociones se mezclan en los conflictos, podemos hacer referencia a la meta de lanzar el proyecto para recordar por qué realmente estamos discutiendo y utilizarlo para encontrar un punto medio.

3) No solo escoge tu batalla, escoge tu día de batalla: Hay temas o comentarios que pueden hacernos “perderla”. A esa inhabilidad de mantenernos en control en una discusión se le llama: Amygdala hijack o el Secuestro de la amígdala. Este fue un término acuñado por Daniel Goleman en 1996 y se refiere a las reacciones abrumadoras y fuera de proporción cuando tocan un tema sensible para nosotros. Usualmente caemos en cuenta que fuimos víctimas de este tipo de secuestro emocional en retrospectiva, y tenemos que aprender a identificarlo en el momento. Reconoce cuándo te está secuestrando tu amígdala y retírate. Deja que se enfríen tus emociones un rato; descárgalas con alguien que tenga la paciencia y la objetividad de escucharte y; prepárate para tener una discusión productiva - otro día.

Así como esa lección que me dio mi madre hace unos años, escuché otra hace una semana: Live to fight another day o “Vive para luchar otro día”. Retirarnos y tranquilizarnos no es señal ni de rendirse ni de poco interés, es señal de la voluntad de debatir en vez de discutir. Los conflictos deben ser la oportunidad para alinear nuestros intereses y encontrar puntos medios. No dejemos que se conviertan en el espacio para crear nuevos resentimientos.

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