PLANO URBANO

Llegan las ciclovías a Panamá

Creíamos que en Panamá nunca funcionarían las bicicletas como un sistema de transporte debido al clima caliente y sumamente húmedo en el verano y en el invierno con unas lluvias muy fuertes, con violentos vientos.
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OPINIÓN

Creíamos que en Panamá nunca funcionarían las bicicletas como un sistema de transporte debido al clima caliente y sumamente húmedo en el verano y en el invierno con unas lluvias muy fuertes, con violentos vientos.

Sin embargo hace dos o tres años, a reuniones de Alianza Pro Ciudad, llegaron un par de chicas a promover las vías exclusivas para ciclistas (y ciclistos, para seguir la diferencia de género, que no son géneros sino sexos). Varios de los asistentes las apoyamos para no desanimarlas en su aspiración de lograr establecer un sistema continuo de ciclovías.

Creíamos demasiado difícil, por no decir utópico, el pensar en esa fórmula para trasladarse en medio de nuestro inhóspito clima. También pensábamos que únicamente con un decidido apoyo político, ese anhelo podría ser logrado.

Para nuestra sorpresa y satisfacción el tiempo nos ha demostrado que estábamos equivocados. El entusiasmo de los jóvenes ha resultado suficiente para que muchos otros entusiastas del deporte y del ejercicio, impulsaran el uso de la bicicleta como medio legítimo y responsable de transporte individual, nada contaminante y en cambio, altamente flexible para resolver situaciones de tranques y aglomeraciones.

En Panamá el ciclismo estaba reducido casi en forma exclusiva a los campeonatos anuales y a algunas competencias dominicales en la cinta costera. Sin embargo, poco a poco la bicicleta ha venido imponiendo su presencia en calles y carreteras, hasta impulsar en forma decidida las ciclovías para niños, jóvenes y hoy hombres hechos y derechos. Como se está haciendo costumbre en nuestro país, son las mujeres las que están tomando esas iniciativas y es así como se han logrado descubrir e identificar espacios utilizables para su uso.

Poco a poco han venido apareciendo artículos sobre las ciclovías de muchos países latinoamericanos y con mayor énfasis aún en países europeos. Bien es conocida la tendencia holandesa de trasladarse en bicicleta entre espacios relativamente largos y encontrar, a lo largo de las líneas del tren, miles de bicicletas aseguradas con cadenas en larguísimas tuberías en las estaciones del tren. En cada parada vemos a numerosos viajeros que descienden del tren, quienes rápidamente van soltando los amarres de su medio de locomoción para terminar su viaje al hogar.

Fui invitado a la alegre inauguración de la cinta costera tres, después hicimos el recorrido en carro para observar a los peatones y ciclistas trasladarse por su carril amplio y exclusivo, que hoy es otro generoso y atractivo espacio público.

Hemos ganado hermosas áreas de disfrute frente al mar, cuya vista cada vez fuimos perdiendo.

Me permito hacer un recorrido por mi memoria sobre cómo era nuestro paseo de la avenida Balboa. Esta vía y la avenida de los Poetas en El Chorrillo eran las vías más cercanas al mar de nuestra ciudad.

La primera sección, la que construyó el Dr. Belisario Porras, se iniciaba en el área de El Marañón y terminaba frente a la embajada de Estados Unidos, y tenía un muro un poco alto que impedía ver el mar cuando se paseaba en un auto sedán. Por los años 1950 y pico, siendo ministro de Obras Públicas el insigne ingeniero Roberto López Fábrega, se construyó la adición a la vía para que llegara hasta el parque Urracá y se mantuvo el diseño que impedía ver el océano, pese a que se le pedía que tuviera aberturas para divisar el mar Pacífico.

Llegando el año 1960, comencé a trabajar como arquitecto en el MOP cuando se decidió continuar con la avenida Balboa hasta conectarla con Punta Paitilla. Da la casualidad de que me tocó dibujar el plano de las vías, y por tanto de la baranda desde el parque hasta el inicio de Punta Paitilla.

Como también había participado en la lucha para poder divisar el mar, diseñé una baranda transparente que nos permitió disfrutar la hermosa vista de la bahía, desde 1960 hasta 2006, solo en el tramo que venía desde el parque Urracá hasta Punta Paitilla. A partir de 2006, en ese momento, perdimos de forma absoluta la vista al mar, ya que la cinta costera uno nos instaló un muro totalmente cerrado.

Ahora, con la construcción de la cinta costera tres hemos logrado obtener las más hermosas vistas del mar y de la propia ciudad, como si fuéramos los pescadores que faenaban en la bahía. Además, tenemos la más completa vista de los altos edificios de la avenida Balboa, Punta Paitilla y Punta Pacífica, y aún divisamos a Costa del Este. Hemos ganado excelentes espacios públicos desde los autos y desde los sitios peatonales a ambos lados de la cinta. Lástima que dañaremos la calzada de Amador. Un viejo dicho cuenta: No hay mal que por bien no venga. Aquí la cosa es al revés.

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