Idiap intenta salvar árboles maderables

Un grupo de especialistas del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (Idiap) intenta salvar unas 30 variedades de árboles maderables nativos como el caobo, cedro amargo, espavé y cocobolo mediante la colecta y siembra de semillas. VEA 36A
Solo el 25% de los suelos es propicio para uso agropecuario, pero los cultivos y cría de ganado se hace en cualquiera zona, sin importar el impacto al ecosistema. Solo el 25% de los suelos es propicio para uso agropecuario, pero los cultivos y cría de ganado se hace en cualquiera zona, sin importar el impacto al ecosistema.
Solo el 25% de los suelos es propicio para uso agropecuario, pero los cultivos y cría de ganado se hace en cualquiera zona, sin importar el impacto al ecosistema.

Un grupo de especialistas del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (Idiap) intenta salvar unas 30 variedades de árboles maderables nativos como el caobo, cedro amargo, espavé y cocobolo mediante la colecta y siembra de semillas.

Lucha incansable contra la deforestación

Desde hace siete años, un grupo de especialistas del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (Idiap) recorre los bosques del país colectando semillas de una 30 variedades de árboles nativos en peligro de extinción.

Esta lista es encabezada por especies maderables como el caobo, cedro amargo, cigual, espavé, cocobolo, bálsamo y quira.

Pero la comunidad científica es testigo del desastre ambiental que vive nuestro micromundo. Los científicos se han dado cuenta de que cada año esta tarea resulta más difícil debido a la tala ilegal, por lo que se ha tenido que recurrir a las reservas y parques naturales para realizar las colectas.

La esperanza es el Centro de Investigaciones Agropecuarias de Ollas Arriba en Capira, provincia de Panamá Oeste, donde se mantiene un vivero y banco de germoplasma de 30 variedades de árboles maderables.

Estas infraestructuras sirven, además, para realizar pruebas de generación y multiplicación de semillas y así medir la adaptabilidad de las especies.

Tomas Vásquez, encargado del proyecto, insistió en que la tala ilegal esta extinguiendo árboles como tronador, carbonero, ceiba, amarillo, laurel y nazareno.

El cedro amargo es una especie cuya existencia se ha reducido a algunos potreros en el país en tanto que otras como el quira “ya es difícil de encontrar”, dijo.

En un intento por ganarle la batalla a los taladores, se han extendidos los viveros a Gualaca en la provincia de Chiriquí; Mariato y Santa Fe, Veraguas; la región de Azuero; Calabacito, Zapallal y Metetí, en Darién

Según datos del Idiap, el 75% de los suelos tiene aptitud para actividades forestales, mientras que el 25% restante es propicio para uso agropecuario.

“La tala ilegal está acabando con los árboles semilleros de estas variedades, lo cual dificulta cada vez más la colecta de simiente”, indicó Vásquez.

El corte indiscriminado de árboles es el responsable de la desaparición del 65% de los bosques del país.

Las zonas protegidas son una especie de santuario. Todavía, y gracias a la protección vía legal, se cuenta con áreas de semilleros de caoba, dentro del Parque Nacional Darién, Parque Nacional Soberanía y la Reserva Natural Chagres.

Los investigadores hacen las colecta de semillas basados en las fechas de floración de cada variedad y de acuerdo con la necesidad del momento.

Pero los intentos de preservación de estas especies maderables del bosque tropical choca con la falta de un adecuado banco de semilla forestal.

La única instalación existente de este tipo es manejada por el Ministerio de Ambiente, en Mariato, en la provincia de Veraguas, aunque “funciona a medias” porque no cuenta con la mejor infraestructura, advierten los investigadores.

Otra carencia es un banco de semillas de cultivos agrícolas tropicales como el maíz, arroz y frijol.

Por parte del Idiap, se han presentado proyectos de este tipo ante la Secretaría Nacional del Ciencia y Tecnología (Senacyt) y un organismo internacional en la búsqueda de financiamiento, aunque sin resultados.

Se trata de una inversión de $50 mil a $100 mil, en estructura y equipos.

A la fecha, solo se cuenta con un cuarto frío para almacenamiento de semilla, ubicado en las instalaciones del Centro de Investigaciones de Ollas Arriba.

Según el ingeniero Vásquez, ante la ausencia de instalaciones de este tipo, es que se ven obligados a colectar cada año semillas para realizar la multiplicación y armar los viveros.

Sin embargo, “no podemos colectar gran cantidad de semillas debido a que no tenemos capacidad para almacenar; además la simiente pierde capacidad de germinación en corto tiempo”.

Para este año se ha planificado trasladar plantones a zonas deforestadas. Se estima que en Panamá hay cerca de dos millones de hectáreas de tierras degradadas, siendo la región central la más afectada.

Otros 2 mil serían donados al Ministerio de Ambiente para colaborar con el programa “alianza por el millón de hectáreas”.

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