La reestructuración de la promotora del trump ocean club

Newland y el ocaso del ´boom´

El desarrollador se acoge al Capítulo 11 de la ley de Estados Unidos para reorganizarse, y mantiene la gestión del rascacielos.

Aquel lluvioso 6 de julio de 2011 el magnate Donald Trump llegó a Panamá para inaugurar el primer edificio con su sello en América Latina: Una torre con forma de vela con 69 pisos de altura, 630 apartamentos, 369 unidades de condominio de hotel, además de 30 tiendas, 64 oficinas y cerca de mil 600 espacios de estacionamiento. Todo un gigante de 230 mil metros cuadrados que se levantó en uno de los costados de Punta Pacífica y cuya apertura no se quiso perder el presidente de la República, Ricardo Martinelli.

En ese momento los desarrolladores del proyecto aspiraban a que el edificio se convirtiera en un emblema de Panamá, ubicándolo en un nivel similar al Canal.

Sin embargo, la crisis económica de 2008 y 2009 ya se había cruzado en el camino y resultó que un proyecto avalado por una de las mayores fortunas del mundo terminó siendo un fiasco financiero para quienes invirtieron en él.

El desarrollador del proyecto, la promotora Newland International Properties –liderada por Roger Khafif– lanzó en 2007 una emisión de bonos por $220 millones a una tasa de 9.5% para financiar el proyecto, cuya construcción costó $294.6 millones.

Golpeada por el impacto de la crisis financiera internacional, la empresa no pudo cubrir sus expectativas de ingresos –que con unas ventas del 100% del edificio habrían generado $530.2 millones–, y no saldó los compromisos adquiridos con los inversionistas que pusieron capital para la construcción de la obra.

La compañía cayó en varios incumplimientos con sus bonohabientes –el primero en noviembre de 2011– antes de recurrir a la ley de bancarrota (Capítulo 11) de Estados Unidos para reorganizarse.

Con el acuerdo de la mayoría de los inversionistas, la deuda, que vencía originalmente en 2014, fue prorrogada hasta 2017.

Hacia finales de abril de este año, Newland había entregado el 60% del edificio. Y tenía disponibles 291 unidades residenciales, 201 de hotel, como consta en la declaración remitida por la empresa al Juzgado del Distrito Sur de Nueva York.

Carlos Saravia, gerente operativo de Newland, señaló que cuando salieron al mercado en busca de financiación tenían vendido alrededor del 85% del inventario del edificio.

Sin embargo, “llegó esta crisis monstruosa que afectó a muchas de las personas que habían comprado” y terminaron retirándose del proyecto. Además del impacto directo por la crisis, muchos clientes vieron cerradas las fuentes de financiación para completar sus compras.

Ese fue el origen de la insolvencia de la compañía y del proceso de reestructuración en que está inmersa actualmente.

Saravia explicó que el código de bancarrota de Estados Unidos, figura de la que carece el sistema jurídico panameño, es “una herramienta vital para que las empresas puedan sobrevivir y continuar adelante”.

El proceso de reorganización de la empresa afecta principalmente a la emisión de bonos. Saravia aseguró que se utilizó esta figura porque para cerrar un acuerdo directamente con los bonohabientes necesitaban una aprobación de más del 95%, “lo cual era físicamente imposible”, mientras que el Capítulo 11 de Estados Unidos solamente requería un porcentaje menor de aprobación.

La reestructuración, por tanto, no tiene efectos sobre la gestión del edificio, que sigue a cargo de Newland, ni en la operación del hotel, que administra la firma de Donald Trump, sello que según Saravia en ningún momento ha estado en riesgo.

Sin embargo, desde que se conoció la situación de insolvencia de la compañía, sí se percibe cierto distanciamiento de la marca Trump en relación a Newland.

De hecho, casi todos los comunicados que publica Newland incluyen una aclaración en la que se deja sentado que “Trump Ocean Club International Hotel & Tower Panama no es propiedad ni ha sido desarrollada o vendida por Donald J. Trump, The Trump Organization o cualquiera de sus directores o afiliados”.

Al respecto, Saravia dijo que “la relación entre Trump y Newland jurídicamente está establecida desde el inicio del proyecto y no ha variado. Lo que puedan decir los medios, no lo podemos controlar”.

Saravia dice estar convencido de que con la reestructuración se va a normalizar las finanzas de la empresa, que estaría en condiciones de cumplir con el primer pago a sus acreedores, con quienes la deuda ya asciende a $255 millones.

Uno de los puntales de la recuperación podría ser la apertura de un casino de 5 mil 800 metros cuadrados en el edificio.

Newland anunció un acuerdo con Sun International, que invertiría $105 millones como propietario y operador de la sala de juego.

La operación incluiría además la adquisición de unidades residenciales y promete generar tráfico para el resto de zonas comerciales del edificio, que hasta el momento tampoco han satisfecho las expectativas creadas.

En un intento por dinamizar las ventas, Newland renovó sus asesores de ventas e incentiva a sus clientes internacionales que cierren la compra de alguna unidad reembolsándoles el costo del avión y el hotel.

Ahora que Newland se dispone a vender el 40% restante de su inventario se encuentra un mercado distinto al de 2006 y 2007. A pesar de que lo más grave de la crisis parece haber pasado en Estados Unidos, todavía queda cierta “resaca”, como dice Saravia, que traducido en números representa una devaluación entre el 15% y el 20% en el precio del metro cuadrado.

A pesar de los contratiempos, Newland consiguió erigir su rascacielos en la capital panameña, algo que no lograron los desarrolladores de proyectos como Los Faros de Panamá, Ice Tower, el Palacio de la Bahía, Torres Planetarium y tantos otros.

Difícilmente el Trump Ocean Club competirá con el Canal como ícono del país, pero sí será un referente, en lo positivo y en lo negativo, de lo que un día fue el boom inmobiliario en Panamá.

Fechas clave

Nov. 07

Newland lanza emisión de bonos internacionales por $220 millones para financiar la construcción del Trump Ocean Club.

Jul. 11

Se inaugura el hotel del Trump Ocean Club.

Nov. 11

Primer ´default´ de Newland con sus inversionistas.

Abril 13

Newland solicita la reestructuración de la deuda bajo el código de bancarrota de Estados Unidos.

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