PLANO URBANO

PLANO URBANO: Se impone la red ciudadana urbana y la comunidad

OPINIÓN

Para el día martes 18 se había anunciado una consulta pública en la calle Gil Colunge de Punta Paitilla, la calle de atrás del parque Nacho Valdés, sobre tres fincas, una de las cuales tiene frente a la calle Ramón H. Jurado, la que comunica la avenida Balboa con el supermercado 99 de Punta Pacífica, después de pasar el Kosher.

Ambas calles, la Tomás G. Duque (frente al parque), como la Gil Colunge, mantienen una serie de dúplex construidos hace 40 años y más, que con el tiempo y la inflación han ido adquiriendo valor. En esas calles aún vive el 70% de sus dueños originales, y allí, como cortesía de un ministro de Vivienda del régimen pasado, se nos coló un salón de belleza que ha causado demasiadas molestias, por lo que ya estábamos preparados para la lucha.

Asistimos unas 40 personas representantes del barrio, como también de la Red Ciudadana Urbana de Panamá a la cual nos hemos afiliado, más un par de personas de otras comunidades solidarias con la causa.

Abierta la consulta por dos representantes del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (Miviot), el arquitecto diseñador de la propuesta explicó cómo funcionaría su edificio al unir tres fincas, dos del lado de Punta Paitilla en una torre de 29 pisos, de los cuales 24 son dedicados a viviendas, cuatro por piso, o sea 96 apartamentos, con tres estacionamientos por apartamento, lo que significaría 288 autos más los de visita, todos con salida por la calle interna Gil Colunge, ya congestionada. La parte de atrás, ubicada en zona de alta densidad, sería toda para comercio, donde no existe objeción, siempre que todo funcione por esa vía comercial.

El arquitecto proponente insistía en explicar a la audiencia las grandes bondades de su proyecto y lo acertado de su concepto por estar rodeado de gigantescas obras. Al terminar llegaron las expresiones de los que seríamos afectados por la construcción, los que éramos todos los asistentes. Fuimos explicando nuestros puntos de vista ingenieros, arquitectos, médicos, amas de casa, damas ejecutivas, más médicos. También estuvimos acompañados y apoyados por el representante Carlos Pérez Herrera, quien hizo un excelente papel, y en fin, una buena cantidad de gente, que al final tuvo que darse la sala por enterada, comprobándose que no existía ninguna persona que respaldara el proyecto.

A las 11:00 se nos solicitó abandonar la sala porque venía otra consulta; al enterarme de que era en San Francisco, el representante y yo decidimos quedarnos para ver de qué se trataba. Era solo un edificio en un lote escoltado por dos edificios altos a cada lado, por lo que no pusimos objeciones y solo opinamos sobre un local comercial con muy pocos estacionamientos.

Esta ocasión es buena para demostrar la validez y conveniencia de la propuesta a los vecinos que hicimos hace un par de años, viendo venir los cambios del área –el arquitecto urbanista Narbona, creador de los dúplex y quien escribe– de proponer al Miviot una zonificación que nos permitiera levantar edificios de seis u ocho altos uniendo varios dúplex, ya que se ha perdido la tranquilidad de un área de residencias familiares. Para cumplir con ese cambio proponíamos una reestructuración de toda la infraestructura que permitiera albergar el aumento de densidad. Pese a la objeción de algunos vecinos, la propuesta se presentó y explicó al viceministro Ostia en compañía de un arquitecto asesor el proceso de cambio que se desarrollaría en cinco años.

El contrato amañado que otorgó el Viceministerio de Ordenamiento Territorial para dar seguimiento al Plan Metropolitano de Desarrollo del Atlántico y el Pacífico, entregado y no seguido, en diciembre de 1997, se debe estar desarrollando sin que nadie de los que nos manejamos en estas lides sepa qué están tramando. Esto es muy preocupante porque es un contrato de a dedo, que dejó fuera de consideración a cuatro consorcio internacionales que habíamos armado para la ocasión distintos grupos panameños. Para lograr su objetivo, el Miviot eliminó el jurado calificador que estaba compuesto por los dos arquitectos más reconocidos y experimentados, por quienes escribí que podía meter la mano al fuego por su honorabilidad y profesionalismo. Allí puede venir un plan macabro que elimine nuestros mejores barrios para cederlos a la inconmensurable sed de negocios de los promotores.

La experiencia de estos acontecimientos y pretensiones me lleva a pensar en dos objetivos que podríamos lograr con la Red Ciudadana Urbana de Panamá, uno, que las propuestas de cambios de zonificación deben ser presentados primero a la comunidad respectiva antes que al Miviot, o por lo menos conjuntamente con el Miviot y a la Red Ciudadana Urbana para su distribución.

La otra conclusión a que he llegado es la necesidad de realizar un estudio privado de planificación de toda Punta Paitilla, para que una vez aprobado el gobierno desarrolle los planos correspondientes. Esta tarea se podría manejar a través de la Red Ciudadana Urbana, mediante un pequeño aporte de cada propietario.

Para terminar, les cuento que varios arquitectos urbanistas estamos en la tarea de analizar el anteproyecto de ley que propuso hace unos siete años el arquitecto urbanista Jorge Ricardo Riba, quien tiene una brillante trayectoria como planificador urbano nacional y regional, de fama internacional. Es que necesitamos descartar al Miviot, por su actuación arbitraria y antiplanificación.

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