PLANO URBANO

PLANO URBANO: El hampa en Punta Paitilla

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PLANO URBANO: El hampa en Punta Paitilla

Rodrigo Mejía-Andrión

OPINIÓN

Hace unos tres años, en Punta Paitilla, ante los

casos de robos y asaltos a personas y a autos estacionados que se daban en las aceras del parque Nacho Valdés, la Policía Nacional asignó unidades en parejas para vigilar los puntos más débiles de la comunidad.

Como consecuencia se organizaron sesiones con los representantes de las organizaciones de vecinos, prometieron la instalación de cámaras de vigilancia para captar la presencia de personas foráneas sin aparentes justificaciones para estar allí y poder identificar actitudes sospechosas.

Según lo pactado, serían instaladas en los lugares acordados y dejaron los teléfonos de los subcomisionados que responderían en cortos minutos al lugar donde fueren necesitados.

Las cámaras de vigilancia todavía las estamos esperando. Quienes sí llegaron fueron las parejas de policías que solo daban algunas vueltas por el parque sin salir de él.

Poco después de su llegada encontrábamos a los diligentes policías sentados en una cómoda banca donde miraban sus telefonitos portátiles, olvidándose del prójimo al que debían cuidar. Estaban en las mañanas y en las noches y todo se tranquilizó con su sola presencia.

Cuando les sugeríamos a los agentes que se dieran una vuelta a la manzana de enfrente la contestación que nos daban era que su presencia estaba limitada al parque.

De repente desapareció la policía que nos cuidaba, y desde entonces la cosa se agravó. No solo ha habido asaltos y secuestros, también familias en sus hogares han sufrido dolorosos y ultrajantes episodios de golpes y heridas con robos, y hemos presenciado asesinatos en la mitad de la calle. Así, vamos viviendo con absoluta desprotección y mayor peligro.

En medio de este ya transfigurado barrio que fue una buena muestra de desarrollo familiar, con viviendas donde nos alojamos activos profesionales de las distintas disciplinas, en esta misma semana, una distinguida y noble familia que lleva casi 50 años en este transfigurado barrio, prestando continuos servicios a la organización de vecinos, fue brutalmente asaltada, sufriendo una despiadada golpiza junto a su hijo, al cual le tuvieron que coger 40 puntos en una herida.

Ante tanto despliegue del hampa en toda la ciudad, se hace imprescindible que cada comunidad tenga en forma permanente un puesto de policía que en el caso de Punta Paitilla bien podría instalarse en el centro del parque, con capacidad para sostener no menos de media docena de agente policiales que garanticen la tranquilidad e incluso

la limpieza y buen uso de las instalaciones, tomando nota de todos los que se estacionen o acudan al barrio a pasear, hacer ejercicio o romancear.

Este refuerzo de orden podría fomentar tardes de lectura, sábados de instrumentos musicales organizados, domingos de

pintura y clases básicas de inglés para empleadas y ayudantes.

Es absolutamente absurdo que nuestras leyes sean tan leves con los asaltantes, sean ellos jóvenes o adultos, tomando en cuenta que un adolecente de 14 años ya tiene

toda la capacidad para entender lo correcto y bueno, así como lo que significa una violación a

la ley.

No es posible que tan pronto un menor sea apresado, ya esté seguro de que en uno o dos días estará en la calle como si nada hubiera pasado.

Debemos buscar una fórmula adecuada que establezcan los sociólogos y sicólogos para hacer una campaña permanente, con el apoyo de las televisoras que transmiten tantas series violentas, especialmente los fines de semana, cuando los estudiantes están más tiempo en casa, para hacer conscientes a los menores de que los adultos los están utilizando con el resultado de que una vez apresados ya quedan marcados.

Son utilizados por los delincuentes como autores materiales de robos y asaltos, porque ellos mismos se prestan sabiendo que no serán encarcelados, sin darse cuenta del daño recibido que los lleva a reincidir. Nuestras leyes deben ser mucho más rigurosas. Aprendamos de países fuertes donde no toleran asaltantes y asesinos.

Los que estamos metidos en los asuntos de la planificación urbana y nos reunimos con funcionarios del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial a analizar los temas comunes, coincidimos en que los hermosos sectores y barrios de las ciudades desarrollados con viviendas individuales, en la medida en que va pasando el tiempo y crece la población y el movimiento alrededor, todos tienden a ser reemplazados por edificios de apartamentos con mayores facilidades de protección a las familias.

Es una triste realidad para quienes pretendemos seguir viviendo pegados al suelo que todavía requerimos un servicio constante de vigilancia pública. El Panamá tranquilo ya no existe.

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