VENTANA FISCAL

Patrimonio sin justificar

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OPINIÓN.

Había una vez en que la honra personal estaba por encima de las riquezas materiales. Era el país de las maravillas. Hoy somos el país de los milagros, donde de la noche a la mañana nacen nuevos ricos, sin que puedan justificar sus riquezas.

Eso se llama, simplemente, patrimonio injustificado. Desde la óptica fiscal, “se considera injustificado todo aumento que resulte de comparar el valor del patrimonio a la fecha de cierre del año fiscal con el valor del mismo a la fecha de inicio” del mismo año fiscal, y que no guarde relación con el total de los ingresos (gravables, exentos o de fuente extranjera) menos el impuesto sobre la renta de los mismos, y los gastos personales y familiares del mismo período.

Aunque el concepto de patrimonio tiene su origen en el derecho romano y viene del latín patri (´padre´) y onium (´recibido´), que significa “lo recibido por línea paterna”, ahora el patrimonio se define como la diferencia entre lo que la persona tiene y lo que debe, y que viene a ser, en forma más sencilla, la fortuna neta de la persona.

El aumento patrimonial se determina mediante un análisis de los activos (aumento en saldos de cuentas bancarias, cuentas por cobrar, inversiones en bienes raíces, inversiones en acciones, bonos, títulos o valores, etc.) y de los pasivos (cancelación o disminución de deudas, hipotecas y demás compromisos, así como impugnación de pasivos ficticios).

En el análisis deben considerarse “los antecedentes e informaciones que proporcione el contribuyente y se obtengan de su contabilidad o documentación o de la que suministren, conforme a la ley, terceros, entidades públicas o privadas, bancos, proveedores, registros públicos y similares”, tal como señala el Artículo 6 del Decreto Ejecutivo 170 de 1993.

El aumento es la diferencia entre el patrimonio final de un período y el valor inicial del mismo. Esa diferencia debe estar plenamente justificada con los ingresos de fuentes comprobables, menos los impuestos que recaigan sobre tales ingresos, menos los gastos personales y familiares efectivamente pagados, todo ello durante el mismo período.

La fuente de esa fortuna (patrimonio) puede ser una herencia, donaciones recibidas, producto de la suerte o azar o fruto del trabajo o de inversiones, así como ganancias de capital, y que deben ser reales y poderse justificar.

De lo contrario, nos encontramos ante un patrimonio no justificado, cuyo origen sería los negocios ilícitos o ingresos provenientes de negocios no declarados.

Los incrementos del valor del patrimonio de un contribuyente que no puedan comprobarse o acreditarse fehacientemente su causa, origen o fuente, pueden y deben ser detectados por el fisco.

En caso contrario, la presunción de patrimonio no justificado establecida en la ley nunca operaría, y la burla seguirá, tal como se burla la Declaración Jurada de Estado Patrimonial de que trata la Ley 59 de 1999, que en su Artículo 5 dice lo siguiente:

“El enriquecimiento injustificado tiene lugar cuando el servidor público o exservidor público, durante el desempeño de su cargo o dentro del año siguiente al término de sus funciones, se encuentre en posesión de bienes, sea por interpuesta persona natural o jurídica, que sobrepasen los declarados o los que probadamente superen sus posibilidades económicas y no puedan justificar su origen”.

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