PLANO URBANO

Pérdidas en el sector de la construcción

OPINIÓN

Eran contratistas y constructores de gran calidad e inmejorable reputación, para la industria de la construcción fue una sensible pérdida sus muertes, donde se habían destacado con especial prominencia, además de resultar puntales inmejorables para el gremio que los albergaba.

El primero en desaparecer fue Dominador Kayser Bazán, un personaje de gran personalidad e innegable simpatía personal. Ocupó los más altos cargos en la industria, tanto en el ámbito local como internacional. Su muerte en un lamentable accidente de tránsito pudo ser evitada con un poco de mayor preocupación por su persona. A él más lo traté en la época en que compartía su empresa de construcción con el ingeniero Eduardo De Bello, otro excelente empresario y amigo.

Otra muerte que sentí con dolor fue la del ingeniero René Orillac, a quien conocí muy joven, recién ingresado a la firma Díaz y Guardia.

Cuando René fue elegido presidente de la Cámara Panameña de la Construcción (Capac), yo lo fui en la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (Spia) y nos invitamos recíprocamente a nuestra toma de posesión, y a la entrega del cargo.

Posteriormente, coincidíamos en las reuniones del Partido Demócrata Cristiano donde fue presidente del Partido y candidato a vicepresidente de la República. Tanto en el partido como en el gremio, mostraba constante preocupación por la situación económica de los empleados. Lo recuerdo como principal negociador en las convenciones colectivas Capac-Suntracs. No olvido cuando convenció a sus socios de repartir acciones de la empresa a sus obreros, quienes terminaban negociándolas con el cantinero donde se emborrachaban. Estaba en España cuando mi hijo me comunicó su repentina muerte.

Otro grande que nos dejó fue el ingeniero y también arquitecto Martín Isaacs Donderis, a quien traté como ingeniero estructural de varios edificios de altura a los que me correspondió manejar su diseño, administración e inspección.

Luego, entablé relación más continua en la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos donde fue también presidente, antes de serlo en la Capac. Allí lo encontré muy preocupado por los problemas técnicos de la industria.

El último de los grandes que hemos perdido, ha sido el ingeniero Moisés Castillo, quien ocupó varias veces el cargo de vicepresidente de la Cámara y se negaba continuamente a ser el presidente, alegando que no necesitaba serlo para aportar su entusiasmo y dedicación a toda actividad importante.

A Monchi Castillo, como lo llamábamos, lo conocí cuando era aún estudiante de ingeniería, y llegó a trabajar en el Ministerio de Obras Públicas donde yo ya trabajaba. Hicimos una amistad que nunca decayó. Era un constante consultor de mi oficina y siempre lo recomendé a mis clientes como destacado ingeniero de gran sabiduría y capacidad profesional. En los primeros días de enero, cuando lo llamé para saludarlo, me confesó su enfermedad, sin dejarme sospechar lo avanzada que estaba. De Monchi siempre recordaré su perenne preocupación por los mezquinos espacios de calles y aceras que dejábamos en las urbanizaciones. Hacía énfasis en que algunos promotores todavía pretendían rebajar la pobre calidad de nuestras normas. Fue socio fundador de Alianza Pro Ciudad.

Cuando manejé como gerente de una empresa promotora, la construcción de varios edificios de altura, les recomendé a los socios tres firmas para la licitación: la de Kayser Bazán y De Bello, la de Moisés Castillo y la del ingeniero Orillac. De Bello se excusó, Castillo me dijo que como Orillac se había interesado, tratara de cerrar con él, y así decidimos contratar a Orillac.

Fue entonces cuando propuse a los socios que hiciéramos un contrato por administración, ya que con la calidad de René Orillac y una buena inspección estaríamos con mejores herramientas para lograr buenos acabados y los mejores precios finales, como efectivamente resultó. De allí en adelante no hubo duda de continuar con el productivo acuerdo. Fue una excelente relación profesional que se expandió con sus hijos, de igual calidad humana.

Estas pérdidas no son solo para la industria de la construcción, lo son para todo el país, y especialmente para nuestra ciudad capital. En la puerta de mi oficina mantenemos pegado el recordatorio de Monchi Castillo, que sus hijas repartieron durante la misa de su entierro. No lo olvidaremos.

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