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Razonar sobre la danza y la sensibilidad

A sus 33 años, Omaris Mariñas ha creado 11 coreografías. Su pieza más reciente es ‘Hacia un milímetro cuadrado’, creada con la Fundación Espacio Creativo. Este año hará una residencia creativa en L'Estruch || Fàbrica de Creació de les Arts en Viu, en Barcelona, España. CORTESÍA A sus 33 años, Omaris Mariñas ha creado 11 coreografías. Su pieza más reciente es ‘Hacia un milímetro cuadrado’, creada con la Fundación Espacio Creativo. Este año hará una residencia creativa en L'Estruch || Fàbrica de Creació de les Arts en Viu, en Barcelona, España. CORTESÍA

A sus 33 años, Omaris Mariñas ha creado 11 coreografías. Su pieza más reciente es ‘Hacia un milímetro cuadrado’, creada con la Fundación Espacio Creativo. Este año hará una residencia creativa en L'Estruch || Fàbrica de Creació de les Arts en Viu, en Barcelona, España. CORTESÍA

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No es controversial llevar la danza afuera de los teatros y espacios de bellas artes; no lo es porque la coreógrafa contemporánea Omaris Mariñas lo ha hecho y, asegura, “ha funcionado”.

Probablemente, colegas de la danza clásica lo verían como un acto de oprobio a esta expresión de la alta cultura , “porque es más cómodo bailar en un piso de madera, con un suave linóleo y condiciones óptimas, pero, realmente, ¿cuáles son esas condiciones óptimas?”, cuestiona Mariñas, y en especial, ¿cuáles son las de la danza contemporánea?, “si lo lindo de ella es que se puede poner zapatillas o andar descalzo; con un vestido cotidiano o salir desnudo”.

Un ejemplo fue su pieza coreográfica de 2013, 185X, creada por Mariñas y ejecutada y presentada públicamente en la casa de sus padres, en Juan Díaz.

“Adaptarme al espacio es lo rico de hacer danza fuera de un teatro”, afirma sobre el reto de interpretar bajo el escenario y fuera del teatro.

“Creo que nos debemos dar cuenta, primero como artistas, que el trabajo no se hace solamente en el teatro ni en las salas de danza, sino afuera, en los espacios; formar gente y compartir con ella. El arte no debe estar aislado de su contexto”.

Hace 30 años, en ese corregimiento periférico, la madre de Omaris Mariñas se percató de que a su hija le gustaba bailar y dibujar bailarinas en puntas . A los tres, Omaris tomó su primera clase con la coreógrafa y bailarina de danza contemporánea Iguandili López, en el Departamento de Expresiones Artísticas (Dexa), hoy Dirección de Cultura de la Vicerrectoría de la Universidad de Panamá, donde recuerda que nunca pagó por una clase, únicamente 8 dólares el mes.

¿Recuerdas la primera vez que subiste a un escenario?

Tenía 7 años. Lo que más recuerdo es que era una obra de teatro, Gaviota de cruz abierta, sobre el 9 de Enero.

¿Hubieras querido entrar al Ballet Nacional?

Sí, pero la Escuela Nacional de Danza era muy cara. En ese tiempo, costaba 30 dólares al mes, más el busito. Y como somos dos hermanas, mi mamá nos llevaba y traía al Dexa en bus. Así fue que empezó.

Lo siguiente fueron recorridos por los estudios de maestros como Mireya Navarro, Vielka Chú, Nereyda Rey, Bárbara Berger, Milvia Martínez y Diguar Sapi, con quien recorrió Centroamérica para presentar la coreografía Confieso estas ternuras y estas rabias, inspirada en la obra de Consuelo Tomás.

“Nunca había viajado por Centroamérica en bus y fue otro mundo”, recuerda Mariñas de esa experiencia, en 2006. “Ver a todos estos países que tienen un desarrollo cultural más avanzado que Panamá, me enamoré de eso. De que la gente valore y llene los teatros, compartan y vivan la danza. No era estereotipado y era muy sensible y eso hace falta en Panamá, así como un medio para expresar la danza”.

¿Crees que el panameño es sensible?

No lo sé. Creo que somos un poco acorazados.

¿Frente la danza? ¿O es nuestra manera de ser?

Creo que somos sensibles, pero no lo sabemos expresar. Hay algo que nos da miedo.

¿Qué te produce bailar y que no lo haga otra cosa?

Me desconecta el pensamiento. Me libera.

¿Se puede vivir de la danza contemporánea en Panamá?

Vivo de esto desde hace 7 años. Con el tiempo aprendí a cómo vivir de esto: primero dando clases, invertir en creaciones y hacer de uno su propia empresa. Desde la imagen más auténtica que se pueda tener, sin pretender nada más, hasta contestar todos los correos y aplicar a todos los fondos.

¿Consideras que de todas las artes en Panamá, la danza es la cenicienta?

Puede ser, porque el instrumento es el propio cuerpo. Es una carrera que va un poco contra el tiempo. Se desvanece con el tiempo, ves que ya no existe, a menos que haya evidencia. No hay libros de historia de la danza en Panamá, críticas de las obras que se hacen en un texto. Llegar a bailar son muchos años de preparación en algo que nadie entiende.

¿Te importa que la gente la entienda?

No, me importa que la disfruten.

¿El Estado se ha enterado de que ustedes, los creadores, existen?

Creo que se están enterando cada vez más. Con la Fundación Espacio Creativo, de Analida Galindo, el fondo Iberescena, el evento de Diguar Sapi para jóvenes creadores, creo que el Estado puede darse más cuenta de la necesidad. Pero es muy poco todavía, no llegamos ni a 100 bailarines y creadores contemporáneos.

¿Cuál es el paso que se tendría que dar para que hubiese un fondo nacional para creadores?

Tiene que haber una legislación acorde a la necesidad de Panamá. Casi todo se centra en la ciudad; no hay mucho desarrollo cultural hacia las afueras, para Juan Díaz, Tocumen, Mañanitas, San Miguelito.

¿Cuáles serían tus recomendaciones sobre esa legislación de ayuda a los creadores y bailarines?

Que no copiemos otros modelos. Inspirarnos, tomar referencia de otros modelos, como los de México, Francia y Costa Rica, que para hacer danza no necesitamos una maquinaria costosa. El producto es el cuerpo. Invertir el dinero en producciones es absurdo, cuando hay que invertirlo en maestros y remunerar a los bailarines y coreógrafos para vivir de esto.

Volviendo a lo anterior, bailar te libera. ¿Crees que vivimos presos?

Sí.

¿En qué sentido?

En que no vemos cosas por miedo. Quizás somos presos del pensamiento.

¿Cómo podríamos liberarnos?

Mediante el cuerpo se libera realmente el pensamiento; es muy intuitivo, muy perceptivo. Nos hemos desconectado tanto del cuerpo por pensar tanto que después es muy difícil volver a entrar para poder liberarnos.

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