JÓVENES DE ÉXITO

Repensando la educación

LA PRENSA/Ana Rentería. LA PRENSA/Ana Rentería.
LA PRENSA/Ana Rentería.

El modelo educativo tradicional es famoso por enseñar técnicas para memorizar y repetir datos, pero muchas veces no tolera ni facilita un aprendizaje más humano sobre el trabajo en grupo y el manejo de emociones o las relaciones interpersonales.

Esta deficiencia es usualmente complementada en otros países por un sistema de campamentos que permite a los niños interactuar y alejarse de sus estructuras tradicionales. En Panamá, este mercado aún no se ha desarrollado a su máxima capacidad y Anamari Eskildsen busca posicionarse como líder.

A través de Camp Corotú y Camp Wandú, Eskildsen y su socia Carolina Eitz, buscan cambiar la realidad social del país desde la niñez, integrando la educación con cultura y compañerismo.

¿Por qué crees que estos campamentos son una buena idea?

La educación tradicional se enfoca en la lectura, la escritura y las matemáticas, pero no en la atención a cosas igual de relevantes como desarrollar un proyecto personal, trabajar en equipo o manejar tus propias emociones. A través de los campamentos, queremos dar un espacio a los colegios y a los padres para retar a sus hijos y donde puedan encontrar y desarrollar sus roles y habilidades.

¿Qué te impulsa a crear tu propia empresa?

Trabajando en Darién con UNICEF y con grupos indígenas me di cuenta de la importancia de empoderar a personas a través de educación. Yo soy creyente en la igualdad de oportunidades. Si logras igualdad en calidad de educación y salud, lo demás viene solo.

Luego de apasionarme leyendo a Ayn Rand y desencantarme un poco del mundo de las fundaciones sin fines de lucro y las organizaciones no gubernamentales, decidí hacer algo que me apasionara y que lo haga tan bien, porque me apasiona, que como efecto secundario estaría haciendo el bien. Tal vez si hacía lo que me apasionaba, podría lograr un cambio para la gente que lo necesitaba.

Entré en educación, a trabajar en el Metropolitan School (MET) y amaba el trabajo que hacía, pero odiaba el ocho a cinco. Conversando con mi socia, nos dimos cuenta que en Panamá no había campamentos que formen a la persona y le den herramientas para la vida, así que decidimos hacerlo.

Le ofrecimos la idea al MET y les gustó. Así hicimos Camp Corotú con el que llevamos dos años. Ahora estamos planeando Camp Wandú y estuvo motivado básicamente porque si no lo hacíamos ya, alguien más lo iba a hacer. Llevábamos dos años planeándolo así que saltamos. Tomamos la decisión en enero, salí de la escuela en junio y abriremos inscripciones en octubre.

¿Qué esperas ofrecer a través de Camp Wandú?

El aprender a manejar emociones, por ejemplo, no viene con un libro de guía. Muchos terminan apoyándose en un psicólogo, lo cual sirve, pero sería mejor aprenderlo a través de retos durante la edad de formación. Sería chévere que los jóvenes puedan tener aprendizaje emocional a través de experiencias y no a través de golpes en la vida adulta. Imagina si pudiéramos entrar al segundo cuarto de vida con algo de inteligencia emocional. Veríamos menos crisis de cuarto de vida, que son producto de no saber manejar la independencia.

Los costos serán altos, pero queremos ofrecer un producto de calidad y queremos también ofrecer la experiencia a empresas y al Ministerio de Educación, pero nuestro core business es un producto caro porque vamos a comenzar a traer a gente de afuera. No tenemos cultura de campamento y tenemos que desarrollarla con nuestros líderes.

¿Qué esperas lograr con Camp Wandú a largo plazo?

Me gustaría hacer servicio social en comunidades indígenas para reforzar el valor de estos grupos. El sistema hoy en día ignora al indígena y nuestro sistema educativo no lo reconoce, sino que busca removerle su indigenismo. Me gustaría que este servicio social no fuera dar lo que hace falta, sino intercambiar y permitir que estas culturas interactúen a través del campamento. Por ejemplo, algo similar que hicimos con Fundación Calicanto es que los niños de la fundación le mostraron a los niños del campamento sobre sus talleres de baile y nosotros les enseñamos nuestros juegos. Fue algo completamente mezclado donde se trabajan las diferencias. El niño ya no es tratado como un “pobrecito”, sino como alguien con algo que enseñar y que puede presentar su mundo con orgullo. Es un trabajo de dignidad.

PERFIL

Anamari Eskildsen estudió comunicaciones y relaciones públicas en Florida State University. Tiene un posgrado en educación en la Universidad Interamericana. Trabajó en consultoría con UNICEF, desarrollando proyectos de educación en áreas indígenas y laboró para el Metropolitan School. Hoy desarrolla, con su socia Carolina Eitz, un proyecto de campamentos infantiles llamado Camp Wandú. Tiene 28 años.

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