VALOR RAZONABLE

De El Salvador, Miami y Panamá

OPINIÓN

Estoy cansado. Y no me refiero al cansancio físico producto de haber visitado tres países en seis días por cuestiones de trabajo. La fatiga que siento es más intelectual, académica, moral y hasta espiritual. Este desgaste, creo, es producto de haber tomado una decisión hace varios años de parar de quejarme, hacer un alto a ese pasatiempo nefasto que es criticar sin presentar propuestas. La puesta en práctica por varios meses de un ejercicio de análisis sobre lo que puede estar mejor en Panamá llevó al aterrizaje de propuestas, a llamados de atención sobre el manejo de las finanzas públicas y a recomendaciones concretas. Hoy es evidente que Panamá no crecerá al ritmo endiablado que marcaba los últimos tres años (cosa que considero una bendición, a propósito) pero que directamente afectará los ingresos corrientes a las arcas públicas. Como ha sido la tónica de todas las administraciones públicas, esta situación deficitaria inevitablemente llevará a (redoblantes por favor...): una nueva reforma fiscal en el primer año de quien gane las elecciones presidenciales de 2014. Y es que ninguna administración pública ha podido entender qué leyes económicas ya apuntan y confirman que, después de cierto punto, la imposición fiscal lleva inevitablemente a la desaceleración económica, menos inversión, cautela en el gasto y una inminente situación económica delicada. Situación que me lleva a una conversación que sostuve en el hermano país de El Salvador la semana pasada. En ese país están imperando acusaciones de actuales gobernantes hacia figuras políticas, empresarios y otros miembros de la sociedad civil, por temas pendientes en gestiones pasadas. El sector empresarial de ese país ve como un punto de inflexión las próximas elecciones y hay un ambiente enrarecido por tanta tensión en campañas electorales; acompañado de un desenfoque y marcada preocupación por la productividad del país. ¿Tensión por campañas electorales? ¿Desenfoque por productividad en el país? Suena familiar. De las conversaciones reales y preocupantes de El Salvador pasamos a la 47 reunión de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban) en Miami, donde más de 1,700 banqueros de todo el mundo se reunieron para discutir mejores prácticas y asegurarse de no cometer errores como los incurridos en los últimos 15 años y que han provocado todo tipo de problemas económicos mundiales. Pareciera que hay indicios de recuperación en la economía americana, pero no al nivel necesario para disminuir el desempleo notoriamente. El otrora “coloso del norte” sigue golpeado, lo que apunta hacia tasas de interés bajas pero con avisos de que la fiesta en Latinoamérica no durará por siempre. De regreso en Panamá, las lecciones de El Salvador, en el marco político, y de Miami, en el marco económico, deberían calar para que un gran compromiso nacional se hiciera de manera desinteresada y asegurar que ni la politiquería, ni la corrupción, ni la falta de transparencia nos saquen del camino hacia el crecimiento sostenible.

A pesar del cansancio, El Salvador y Miami me han enseñado que hay que pararse y luchar. Por Panamá.

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