VALOR RAZONABLE

VALOR RAZONABLE: De acciones y libertad

OPINIÓN

En México, el debate sobre la apertura del sector petrolero a la explotación privada se mantiene. Fue Lázaro Cárdenas quien, en los años 30, hizo del petróleo un monopolio estatal, bajo el tutelaje de Pemex.

Modelo este, el de reservar las mayores riquezas de nuestras naciones para la explotación del Estado, que copiarían muchos líderes latinoamericanos en décadas por venir, con consecuencias nefastas.

La coyuntura mexicana nos debe hacer reflexionar sobre el dilema entre una sociedad de propietarios y una de ciudadanos bajo la supuesta protección de un estado rentista que “sabe” lo que es mejor para todos.

Panamá, debido a que su mayor activo material es su ubicación geográfica (la cual es un bien directamente aprovechable por todos), es una economía razonablemente diversificada (el Canal, los servicios financieros, la construcción, el turismo) y un caso atípico en la región, aunque imperfecto. Podría mejorarse abriendo espacios de discusión para considerar la apertura a la participación directa del ciudadano común en las propiedades del Estado. El Canal, actualmente muy bien gerenciado, es una empresa estatal que podría rendirle mejores beneficios a la nación si el panameño común pudiese ser accionista directo de la misma. Una iniciativa de tal envergadura, que incluiría potenciales revisiones a los Tratados Torrijos-Carter (una oferta pública inicial en Nueva York y Panamá de una ´Panama Canal Inc.´) podría impulsar la liquidez de la Bolsa de Valores local, que se mantiene como un espacio de difícil acceso para el ciudadano común, a pesar de los altos niveles de bancarización que ostenta el país y los esfuerzos de profesionales de comprobada capacidad.

El análisis más consumado del drama latinoamericano lo encontré alguna vez en las minutas de una reunión del Gabinete del presidente Eisenhower. Fue obra del entonces vicepresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, mientras valoraba al dictador Trujillo, de la República Dominicana: “Los españoles tenían muchos talentos... Gobernarse no era uno de ellos”. Hacer de los bienes estatales de Panamá, y de otras naciones de América Latina, propiedad real de sus ciudadanos a través del mercado bursátil no sólo haría de todos nosotros agentes económicos más independientes, sino que crearía una cultura de auto-gobierno corporativo que podría alejarnos de nuestros peores vicios como colectividad.

Lo que es “de todos”, como las empresas estatales, no es de nadie: siempre puede caer en las peores manos, sobre todo en tiempos oscuros, tiempos que siempre llegan. Realidad que es fácil olvidar cuando los tiempos sonríen.

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