VALOR RAZONABLE

VALOR RAZONABLE: La economía y la justicia

OPINIÓN

Procuro no apreciar los clichés porque los encuentro aburridos y usualmente llenos de componentes novelescos. Sin embargo, cuando uno de estos refranes populares es parado en seco, como sucedió en nuestro país la semana pasada, resulta obligatorio hacer referencia al tema.

“Aquí no pasa nada”, es la frase a la cual me refiero y aplica usualmente al tipo de justicia que se imparte a aquellos personajes percibidos como intocables dados sus vínculos económicos, financieros o de poder.

Esta frase recibió un poderoso recto de derecha al mentón con el fallo histórico que condujo a un ex magistrado presidente de la Corte Suprema de Justicia a la cárcel.

El fallo inédito se da irónicamente en un país que daba señales de haberse encaminado y acostumbrado a vivir en medio de la más hedionda red de corrupción donde la esperanza de que algo así sucediera estaba casi desvanecida.

El crecimiento económico de dobles dígitos que permitía y apadrinaba este tipo de comportamientos era la principal justificación, excusa y explicación de cuanto desorden fuera necesario para poder regalar al pobre jamones; de subsidiar a quien no lo necesitaba para ganar votos y de pagar o cobrar la coima al perenne ganador de licitaciones públicas aunque representara sobrecostos y malversación.

Curiosamente, una de las interpretaciones más impactantes del primer verso del “libro de Rut” en el “Antiguo Testamento” de la Biblia hace referencia a lo desdichada que será la generación que deba juzgar a sus jueces (interpretación de Ruth Rabbah).

Aparentemente hemos llegado a ser esa generación y, lejos de desdicha, siento una luz que resplandece fuerte y que quema incesantemente como llamado de atención porque la justicia es necesaria para poder vivir en paz y armonía.

Debe estar el lector algo confundido con esta introducción considerando que este espacio aspira a analizar eventos económicos. Pues, amable lector, la justicia juega un papel de preponderancia suprema en el desarrollo económico de un país y el mensaje que enviamos la semana pasada como pueblo y como nación puede ser uno de los más relevantes en reciente memoria.

Está probado que las inversiones, tanto criollas como extranjeras, descansan en un marco jurídico que garantiza la propiedad y que, en caso de controversias, estas serán resueltas de manera clara, transparente y de acuerdo a las normas establecidas. Es eso que denominamos “seguridad jurídica” y sin ella nos convertimos en tierra fértil para corrupción, engaño y malversación de fondos que usualmente llevan a más impuestos o a manejos irresponsables de deuda pública que inevitablemente terminamos pagando los ciudadanos. El fallo debe ser visto con buenos ojos por calificadoras de riesgos y organismos internacionales al momento de evaluar el riesgo país y determinar el grado de proximidad entre los poderes del Estado. Siendo así, el país se beneficia con mayores niveles de inversión que aspiran a jugar limpio y en un auténtico estado de derecho. ¿Tendremos que seguir juzgando a nuestros jueces? Si, según el libro de Rut esto sería una desdicha, pues quiero ser un desgraciado pleno porque, en adición a jueces, la ley debe visitar a todo diputado, político o empresario corrupto si eso implica paz, crecimiento económico y auténtica justicia en el país que anhelo para mis hijos.

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