VALOR RAZONABLE

VALOR RAZONABLE: ¿Cómo evitar la sorpresa económica?

OPINIÓN

Hacia mediados del año 2012, en este mismo espacio recomendé por primera vez una serie de medidas que aportaran cautela y prudencia al manejo de las finanzas públicas. Hacia finales de 2013 era evidente para analistas, banqueros y economistas que pronto encararíamos renegociaciones de deuda, desaceleración económica generalizada y grandes desafíos con el cumplimiento de pagos contratados, y que era algo tarde para implementar moderación.

Siendo así, ¿por qué sorprendernos ante la segura dispensa que el ministro de Economía y Finanzas tendrá que solicitar al no cumplir con la ley de responsabilidad fiscal ante un déficit exagerado?

La sorpresa es un sentimiento tan fabuloso, cuando positivo, tan aterrador cuando malo o negativo.

La emoción de sorpresa deriva de una situación o noticia que se presenta sin que se le espere. Lo que estamos viviendo hoy día, entonces, no cae en la arena de la sorpresa; es más, ni siquiera debería ser noticia. Un recurrente cuestionamiento me acecha y me intranquiliza: si tantos estábamos seguros de que los componentes económicos de Panamá cambiarían, independientemente del resultado de una elección, ¿por qué no hicimos más para que las recomendaciones calaran? Un componente en la inacción ciudadana es la histórica desidia del panameño promedio, que piensa que el problema es de otro y carece de capacidad creativa para proponer; presentar propuestas porque la crítica siempre es más fácil y más cómoda.

La crítica entretiene más y crea morbo. Alejándome un poco del modus operandi tradicional de llamar la atención sobre un tema, sin proponer solución alguna, me atrevo a sugerir que se podrían evitar sorpresas económicas como las que estamos viviendo hoy día a través de la evaluación y posible modificación al Decreto Ejecutivo No. 75 del 30 de mayo de 1990 (24 años de vigencia) por el cual se creó el Consejo Económico Nacional (Cena) como un ente asesor del Órgano Ejecutivo y del Gabinete en asuntos financieros del gobierno central y de las entidades descentralizadas. El Cena lo componen el ministro de Economía y Finanzas, el ministro de Comercio, el gerente general del Banco Nacional, un ministro del área social nombrado por el Presidente de la República y el contralor general. Siendo la falta de transparencia y la debilidad institucional constantes tradicionales en la administración de las finanzas públicas, la importancia en el nombramiento de una figura independiente, decente, honesta y profesional como contralor, no debe ser menospreciada. Asimismo, la composición del Cena debe tener una dosis de academia apolítica que permita sugerir, contribuir y apoyar la gestión estatal. Siendo más osado, me atrevo a sugerir a un representante de gremios económicos (e.g. Asociación Bancaria, Cámara de Comercio); al decano de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional y a un representante de la junta directiva del Fondo de Ahorro de Panamá.

El país merece que los mejores y más renombrados actores canalicen advertencias y recomendaciones económicas al más alto nivel. Sería un gran ejercicio en participación ciudadana y, más aún, un paso correcto hacia la transparencia que evitaría malos sabores de sorpresas económicas negativas.

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