VALOR RAZONABLE

VALOR RAZONABLE: Aquí no pasa nada

Carlos Araúz*

OPINIÓN.

Pocas acciones son más decadentes que jugar con las finanzas de una nación. La historia está repleta de ejemplos de gobernantes, políticos, pueblos enteros que tomaron decisiones económicas sin medir las consecuencias de mediano y largo plazo para futuras generaciones.

Hace unos días vivimos uno de los episodios más deprimentes en memoria reciente: la entrega de un país, su gente y una generación entera (Grecia) a un ente jurídico (Comunidad Europea) defendiendo los intereses de países que quizás olvidaron su propio pasado (Alemania actuando como acreedor implacable y aleccionador).

No eximimos a Grecia de culpa por el manejo frívolo de sus finanzas. Pero el paquete de salvación de $86 mil millones será otro irremediable fracaso si no se implementa algún tipo de condonación y/o reestructuración del nivel impagable de deuda que mantiene hoy día aquella desdichada nación.

Las finanzas de un Estado son sagradas no solo porque las decisiones que se tomen en una administración pueden arriesgar el recurso de todo ciudadano contribuyente, sino más bien porque una administración negligente puede llevar a un Estado fallido y por ende a la desgracia plena a varias generaciones.

Volviendo a nuestro patio, es preocupante cómo algunos políticos de oposición acusan a la actual administración de ser los culpables de la desaceleración económica que vive el país. Nuevamente, utilizar un ajuste económico en crecimiento como arma política es la más irresponsable de las actitudes y una que va más allá del ataque sin fundamento, pero que denota franca ignorancia en materia económica y financiera; desconociendo ciclos, vaivenes mundiales y coyunturas regionales. Pero, así como condenamos al político opositor que poco le importa el país más allá de lo que debe decir para ganar una elección, no menos preocupante es minimizar lo delicado del momento económico que vivimos y contentarnos por anuncios de crecimiento de 6% según el Fondo Monetario Internacional cuando ese número viene con influencia de la actividad comercial de los últimos 12 meses y proyecta con base en un modelo aritmético que poco tiene que ver con la realidad.

La realidad es que elementos externos e internos están obligando a una revisión profunda del modelo económico panameño que por percepción de bonanza perenne había descuidado la capacitación del obrero; la calidad de la educación de nuestros jóvenes y los relevos generacionales.

Mientras más rápido nos percatemos de que la bonanza extrema terminó pero que eso no quiere decir que hay que apretar botones de pánico, más prontamente podremos dedicar esfuerzo, tiempo y recurso a la innovación que siempre ha distinguido al panameño en tiempos difíciles. Aquí sí pasa algo: tenemos recursos para ser un país estable y socialmente ecuánime; donde el Gobierno no puede ser visto como una agencia de contratación y donde la agenda social no debe descansar en el regalo o en el subsidio.

Es ya conocido que los ingresos corrientes del Estado están sufriendo y que la contención del gasto genera recesión. Entonces la actitud que “aquí no pasa nada” debe ser removida del día a día y lo que queda es redoblar esfuerzos para hacer de este país algo mejor; algo especial.

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