VALOR RAZONABLE

VALOR RAZONABLE: Cuando lo prometido siempre es deuda

OPINIÓN

En una familia, sus ingresos han aumentado considerablemente hasta acrecentar significativamente su patrimonio. Sin embargo, el padre de familia se percata de que pese al incremento en los ingresos, los mismos no son suficientes para cubrir sus gastos.

Este ve la oportunidad de acudir a sus vecinos a solicitarle un préstamo para cubrir ese diferencial sabiendo que sus vecinos tienen excesos de recursos y necesitan colocarlos.

Con este préstamo la familia cubrió su déficit, mientras que el padre, que anteriormente había prometido controlar sus gastos, ha incumplido su promesa y ha aumentado la deuda en detrimento del patrimonio familiar. ¿Fue prudente la actuación del padre de familia?

Si los recursos fueron utilizados para cubrir una necesidad de salud urgente, dar educación a los miembros de la familia o mejorar de manera sostenible sus condiciones de vida, quizás responderíamos que sí, máxime que el costo a que le prestaron sus vecinos es inferior al retorno que producen usos como los arriba descritos. Pero, si los recursos fueron utilizados para pagar gastos de consumo temporal que no mejoran sus condiciones de vida, la familia estará condenada a repetir el patrón de endeudarse continuamente para cubrir necesidades temporales, por lo tanto no fue prudente

la actuación.

Al igual que la familia de nuestro ejemplo, el Gobierno vio una oportunidad y acudió a los mercados internacionales para captar fondos por $750 millones a un plazo de 40 años y una tasa de interés de 4.3%. Aspectos positivos de esta operación: a) El plazo promedio de la deuda se alarga (de 11.6 a 12.8 años). b) El costo promedio de la deuda se redujo (de 5.37% a 5.32%).

¿Qué nos puede preocupar de la operación? Al igual que el ejemplo, existe el riesgo de que los fondos sean utilizados para gastos de consumo temporal, creándose un círculo vicioso en donde se incrementen los gastos y luego aumentando la necesidad de los gobiernos de endeudarse. También nos preocupa que si en episodios de expansión económica el gasto supera los ingresos, entonces cuando la economía no crezca a los niveles actuales, la probabilidad de que los déficits sean mayores es alta.

Los diferentes gobiernos han prometido racionalizar el gasto público, desde el decálogo que enuncia los postulados que sustentaron el golpe de Estado de 1968, pasando por todos los planes de gobierno en la época democrática.

Lamentablemente, esta promesa no siempre se ha cumplido, con episodios en donde, según el FMI, el déficit del sector público llegó al 19% del PIB (año 1976).

Si los gobiernos no son consistentes con la política de control del gasto, irremediablemente incrementan la necesidad de endeudamiento, comprometiendo los recursos del país a futuro y cayendo en un círculo vicioso de déficit/endeudamiento al tener que destinar mayores recursos para hacerle frente a la deuda pública. Esperemos que este no sea el caso de la actual administración y que lo prometido no se convierta en deuda.

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