Crisis económica de la perla del caribe

¿Por qué Venezuela no paga?

Venezolanos adeudan más de mil millones de dólares y son muchas las señales negativas para los empresarios colonenses que tendrán que esperar.

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Unos 720 kilómetros separan a la frontera oriental de Panamá con la principal ciudad petrolera de la nación con las mayores reservas de ´oro negro´ en el mundo. Y pareciera que ese mismo número fuera el de problemas económicos que Venezuela tiene por enfrentar.

La administración del presidente Nicolás Maduro intenta mantenerse a flote con una larga lista de estrategias económicas a fin de evitar la bancarrota, luego que varios especialistas acusaran que Venezuela ya entró oficialmente en una etapa de ´estanflación´.

Es por ello que uno de los principales compradores de la Zona Libre de Colón -cuyo crecimiento interanual del PIB es de 0.7%-, todavía no ha podido resolver la gruesa deuda, estimada en mil 200 millones de dólares.

Motivo suficiente para que los presidentes de los dos países mantuvieran una reunión oficial en julio y designaran sendas comisiones con la vista puesta a un posible acuerdo comercial.

Sin embargo, el presidente panameño, Ricardo Martinelli, manifestó varias semanas atrás que todavía no había recibido “un real” por parte de los venezolanos.

A la fecha, desde la Asociación de Usuarios de la Zona Libre de Colón, no hay señales de que el escenario haya cambiado.

“El caso de Venezuela nos preocupa muchísimo”, alertó a este medio recientemente Leroy Sheffer, uno de los asesores de la Asociación de Usuarios, sin hacer referencia a la cantidad real adeudada por los caribeños.

Por su parte, Surse Pierpoint, expresidente de este grupo de empresarios, reconoció el estado en el que se encuentra el vecino de los casi 30 millones de habitantes y admitió que en Panamá “somos una de las ´ene´ personas que están reclamando su pago”, por lo que “(Venezuela) tendrá sus prioridades... y capaz nosotros no estemos entre esas”.

Y el experto no lo dice en vano.

Penosas razones

Venezuela, que ha mermado su producción petrolera en un 2% en el primer semestre de este año, mantiene una línea de crédito con China por el orden de los $5 mil millones, los cuales están siendo pagados con barriles de petróleo. De los 3 millones de barriles de crudo que produce a diario, unos 2.5 millones van principalmente a Estados Unidos y al gigante asiático.

Este grueso endeudamiento sirve a la nación para resolver las diversas fallas de abastecimiento que recae en los venezolanos, quienes tienen que sortear los insumos de su canasta básica en al menos tres establecimientos de anaqueles a medias y tras largas filas de espera, en la mayoría de los casos.

La complicada faena de los venezolanos, opacada por los altos niveles de inseguridad, una inflación interanual de casi 50% (la más alta de los últimos 15 años) y las denuncias a diestra y siniestra de medios de comunicación polarizados, se adorna con los incansables esfuerzos de Nicolás Maduro por sancionar una ley que permitiría durante un año, sancionar leyes sin la aprobación de la Asamblea Nacional con la intención (oficial) de luchar contra la corrupción y la “guerra económica de la derecha”, en palabras del mandatario.

La espina dorsal del problema

De todas formas, el problema neurálgico, la piedra angular de la situación económica en Venezuela, aparte de los jugosos subsidios que ofrece el Estado (desde incluso antes del fallecido Hugo Chávez) para dar a sus ciudadanos la gasolina más barata del mundo, es el férreo sistema de control de divisas, implementado con la intención de retener la fuga de divisas al extranjero.

La Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), creada en 2003 por el recién fallecido mandatario, ofrece a los venezolanos naturales (que viajen fuera del país) y jurídicos (importadores), que superen una larga lista de trámites burocráticos, una cantidad anual limitada de dólares oficiales a un precio de 6.30 bolívares (Bs.).

Esto ha hecho que en el mercado negro se cotice a un precio que ronda un incremento del 600%, no determinado, dado a que una ley no permite a los medios nacionales a divulgar las fluctuaciones del dólar paralelo.

Las consecuencias de esto se notan en todo lo descrito anteriormente y en la desenfrenada demanda de los locales, quienes recurren a los viajes al exterior, al oportunismo y a las redes sociales, para conseguir “lechugas”, nombre coloquial con el que bautizaron al billete de George Washington.

Aquí yace la traba que los empresarios venezolanos tienen para poder solventar sus deudas comerciales con el mundo entero.

Aparte, a inicios de este año crearon el Sistema Complementario de Administración de Divisas, conocido como el Sicad, el cual consta de una subasta semanal de dólares a personas naturales (un aproximado del 5%) y jurídicas, nutriendo a Cadivi con $100 millones semanales.

En la última subasta, anunciada el pasado viernes, un total de 821 empresas se quedaron con el 94.9% del sorteo (a Bs. 10.60, casi tres tercios más del dólar Cadivi). Medios locales reportaron que la demanda supera por ocho veces a la oferta.

Esto ha desencadenado en los nuevos operativos de inspección en los aeropuertos internacionales del país, en donde funcionarios del gobierno requisan a fondo a cada nacional que regresa a casa a fin de constatar que el interior de sus maletas corresponden a lo que dicen sus facturas de compras que traen de sus paseos o viajes de negocios.

El motivo: minimizar el fenómeno conocido de “raspar la tarjeta de crédito”, en el que, a cambio de una comisión, los venezolanos “hacen compras” en establecimientos por el cupo total de los dólares otorgados por el Gobierno.

“Todos los sectores honestos y patriotas deben dar la batalla para #DerrotarAlDolarParalelo. Por nuestro país, por nuestra Patria. Venceremos”, fue uno de los últimos tuits del ministro de Petróleo y Minería y presidente de la estatal Petróleos de Venezuela SA, Rafael Ramírez, quien recién descartó una nueva devaluación del bolívar pese a que en diversos sectores hacen apuestas con la fecha del nuevo ajuste económico.

Cuenta de ello, que el gobierno bolivariano y el Banco Central de Venezuela, con unas reservas internacionales de $21 mil 382 millones (al 17 de octubre), analizan la opción de un crédito para el cual se entregarían barras de oro depositadas en el exterior como una garantía de liquidez monetaria en el país, según reporta el diario venezolano El Universal.

El pasado domingo, en esta misma página, se retrató la informal modalidad que tienen los empresarios de la zona franca panameña, no solo con los venezolanos sino con todos en general, a la hora de vender a crédito. Siendo la palabra, y no un papel firmado, la forma de hacer pactos en la ZLC, imposibilita aún más [si era posible] el cumplimiento de la deuda por parte de los venezolanos.

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