Desarrollo Rural

Con camisa de empresario

Pepino chino, mostaza, cebollina, espinaca y ají pico de loro conforman la canasta de alimentos de los productores en Coclé.
El trabajo en equipo les ayudó a mejorar sus ingresos y métodos de cultivos. CORTESÍA/ FAO. El trabajo en equipo les ayudó a mejorar sus ingresos y métodos de cultivos. CORTESÍA/ FAO.
El trabajo en equipo les ayudó a mejorar sus ingresos y métodos de cultivos. CORTESÍA/ FAO.

El trabajo en conjunto de tres asociaciones de productores en La Pintada, provincia de Coclé, les puso el traje empresarial.

Un grupo de 58 pequeños agricultores que integran la Asociación de Pequeñas Familias Unidas de Jaguito, la Asociación de Usuarios del Sistema de Riego Cinco Estrellas y la Asociación de Productores Orgánicos Solidarios (Apros) cambió sus métodos de siembra para ganarse un espacio en el mercado local. Y lo lograron.

Sacaron del camino a los intermediarios y ahora venden sus productos directamente a restaurantes y pequeños supermercados.

El primer desafío fue conocer la demanda del mercado. Predominaba la agricultura de subsistencia. Arroz, maíz, guandú y frijol eran sus cultivos preferidos, dependiendo de la temporada de siembra; además de las raíces y tubérculos.

Los pocos agricultores que cultivaban la tierra para la venta de alimentos no tenían un producto específico y mucho menos un mercado para su comercialización.

Tras estudios de mercado participativo, los productores pudieron priorizar sus siembras según la demanda. Aprendieron logística comercial y desarrollaron vínculos de mercado en una relación ganar-ganar.

Concepción Domínguez, de la Asociación de Usuarios del Sistema de Riego Cinco Estrellas, se dedicó toda su vida a la siembra de granos básicos para la subsistencia.

A través de la Red de Oportunidades Empresariales para Familias Pobres, impulsada por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), Domínguez cambió la forma de ver la agricultura.

Los miembros de las tres asociaciones pasaron de sembrar granos básicos que suplían sus necesidades alimenticias a cultivar hortalizas “rentables”.

Pepino chino, mostaza, cebollina, culantro, espinaca, cilantro chino, berenjena, zucchini y ají pico de loro son algunos de los productos que conforman la canasta de alimentos de los renovados agricultores coclesanos.

La incorporación de tecnología para la intensificación de la producción, así como los procesos de gestión, fueron clave para mejorar la oferta de alimentos, manifestó Sara Troetsch, asesora técnica nacional para el programa Red de Oportunidades Empresariales para Familias Pobres.

Los estudios de mercados les permitió establecer cuotas para abastecer la demanda. A partir de allí se empezó a trabajar un proceso productivo sostenible.

El uso de tecnología como sistema de riego por goteo y el cultivo bajo techo de mallas de sarán les facilitó la producción de alimentos durante todo el año.

Antes del proyecto de la FAO los productores cosechaban de dos a tres cajas de hortalizas para la venta, pero dependían de los intermediarios.

La escasa vinculación al mercado daba pie a la especulación por parte de los intermediarios y, por ende, los ingresos para los pequeños agricultores coclesanos eran más bajos, explica Troetsch.

Con el programa, los productores se enfocaron en eliminar el intermediario a través de cultivos que tuvieran un mayor potencial de venta en el mercado local.

Al reducir el margen que se llevaba el intermediario, sus precios mejoraron en un 50% aproximadamente por año. Una libra de espinaca se le pagaba al productor a 12 centésimos, ahora el precio oscila entre 50 y 65 centésimos.

Los miembros de la Asociación de Pequeñas Familias Unidas de Jaguito solo producían durante la estación seca y cultivaban superficies de 100 a 300 metros. Ahora los agricultores coclesanos producen de manera asociativa 2 mil 500 metros en siembras escalonadas para abastecer todo el año la demanda de sus clientes.

De cosechar de dos a tres cajas de alimentos por semana ahora producen entre 15 y 20 cajas.

“Mediante la asociatividad nos permitimos afrontar mejor los retos de producción y comercialización. Al enviar los productos a la capital, los costos son menores porque es un solo viaje y un solo flete”, dijo Domínguez.

El trabajo realizado por la FAO en el marco del plan se orientó a apoyar a grupos de pequeños productores panameños, enfocado en fortalecer sus capacidades organizativas y las de gestión de emprendimientos.

El éxito de los productores coclesanos es el resultado de tres años de asesoría del programa conjunto Red de Oportunidades Empresariales para Familias Pobres, desarrollado entre cinco agencias de las Naciones Unidas y cinco instituciones estatales.

Gracias a la asociatividad, estudios de mercado, la incorporación de la tecnología y las alianzas comerciales, los pequeños agricultores de Coclé se han convertido en microempresarios.

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