EMISIÓN

De centavos y estampillas

Realidad de las monedas de un centésimo y de los timbres fiscales en la economía nacional. ¿Qué sucede si desaparecen?

Nadie repara en ellos, pero su ausencia ocasiona serios problemas en la economía. Solo cuando escasean son estimados, sobre todo en las operaciones de compra y venta o en el envío de paquetes y regalos. Hablamos de la moneda de un centésimo de balboa o de dólar y de la estampilla, dos ausentes de los meses finales de 2011.

Representantes del Gobierno niegan tal ausencia y demuestran la presencia de los dos pequeños en la economía.

“En el caso de los centésimos, el Banco Nacional de Panamá (BNP) trae periódicamente la cantidad de monedas necesarias para surtir al mercado de lo que requiere el país (...) En el año 2011 se pusieron en circulación 83 millones de centavos, o sea un total de 836 mil balboas, mientras que en 2010 fueron [puestos] 38 millones de centavos [380 mil balboas]”, asegura Darío Berbey, gerente general del BNP.

En la práctica se diluye un tanto la aseveración sobre la existencia de centavos. Fuentes de supermercados y bancos de licencia general enuncian los meses de escasez de monedas de un centésimo. “Fueron septiembre, octubre, noviembre y diciembre”.

Un supermercado del centro comercial Los Pueblos se vio en la necesidad de solicitar hasta 50 dólares en monedas de centésimo para tener cambio para los clientes varias veces un mismo día. Más de lo acostumbrado.

Un banco local que atiende en Albrook Mall utiliza al día un promedio de 25 rollos de “100 monedas de a centavo”. “Pero las monedas desaparecían en poco tiempo”.

El anuncio del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) titulado “Hasta el 31 de diciembre se usarán estampillas”, legitima la sensación de los usuarios y la certeza de los filatelistas de que tienden a desaparecer los sellos postales.

El comunicado empieza diciendo: “Las entidades públicas o privadas ante las cuales se elaboren o se presenten documentos gravados con el impuesto de timbre deberán adoptar el uso de máquinas franqueadoras, a fin de hacer efectivo el reemplazo de las estampillas, que estarán permitidas hasta el 31 de diciembre de 2011” (ver recuadro: Operación franqueadora).

El malquerido

“He mantenido cuerpo y alma en un infierno (...) Pobre de mí, ser malquerido”, dice la ranchera de los despechados entonada por Javier Solís. La frase horma bien en las monedas de un centavo.

Nadie las quiere en una economía dolarizada, que desde julio les abrió espacio a las monedas de un balboa por la suma de 40 millones. La meta del Gobierno consiste en poner a circular, antes de 2014, 130 millones de monedas de uno, dos y hasta cinco balboas.

“Mucha gente prefiere botar los centavos, pues generan un sentimiento de pobreza en un país boyante, según la televisión y el Gobierno central; otros prefieren acumularlos como un imán de la buena suerte”, explica Omar Sanabria, de la firma consultora Goethals.

Unos pocos acostumbran a lanzarlos a las fuentes de agua para pedir un deseo.

Ese sentimiento de pobreza o ese fetichismo hacia un objeto de prosperidad, sumado a la decisión gubernamental de subir de 5% a 7% el cobro del Impuesto a la Transferencia de Bienes Muebles y Servicios (ITBMS), “hace que los precios del comercio tiendan a terminar en cifras impares en vez de redondearse en cero o cinco”, comenta.

Al consultor de Goethals le preocupa una posible competencia entre dos monedas de curso legal. Recuerda el “corralito” argentino cuyos efectos se sintieron cuando los particulares cayeron en la cuenta de la devaluación de 40% del peso argentino frente al dólar.

“La gente prefirió la divisa extranjera por la fortaleza de la economía que la respaldaba, la de Estados Unidos. Frente a esta, la de Panamá es menos sólida. No olvidemos los efectos inflacionarios producidos por la emisión de circulante sin necesidad”.

A los efectos de la acuñación de monedas de balboa les resta importancia el jefe de la unidad de adquisiciones y contrataciones del MEF, José Fernández.

El funcionario considera improcedente hablar de competencia de divisas en Panamá, y menos de inflación. “Es un mito eso de que las monedas emitidas vayan a crear una presión inflacionaria, la cual solo se ocasiona mediante la emisión de dinero que incide directamente en el producto interno bruto (PIB). El PIB del país es de mínimo 25 mil millones de dólares, que en nada se resiente con la emisión de 40 millones de balboas en monedas de un balboa”.

La importancia de usar monedas de un centavo se sintetiza en que siempre serán necesarias para llegar a un monto exacto de dinero.

Las personas las utilizan diariamente en distintas transacciones, comenta Giselle de Brostella, vicepresidenta asistente de Banca de Consumo del Banco General. La ejecutiva explica la ausencia de centavos por “el uso creciente de la banca por internet, los ATM y otros canales. Pero las monedas siempre serán importantes en el negocio bancario”.

Adiós a las estampillas

El reemplazo de las estampillas produce inquietudes en los apasionados de la filatelia, cerca de un millar, representados en su mayoría por la Asociación Filatélica de Panamá. “Desconocemos la razón de eliminar el uso de timbres fiscales y cambiarlos por máquinas franqueadoras cuando existen bóvedas del MEF llenas de sellos impresos desde el año 2000”, dice Ernesto Arosemena, presidente la asociación.

Un comunicado del MEF da respuesta a las inquietudes de los ciudadanos sobre qué se debe hacer para pagar el impuesto de timbre. La confusión ha sido tal que en diferentes días de diciembre y enero se presentaron largas filas de personas alrededor del edificio de la Dirección General de Ingresos (DGI) (ver recuadro: DGI informa).

La DGI no explica nada en cuanto a las causas del cambio a máquinas franqueadoras o metropostal, ni explicación alguna sobre ventajas y desventajas de su uso. Vladimir Berrío, director del departamento de Filatelia de los Correos Nacionales, presenta detalles del sistema de apostillaje en vigencia.

Las máquinas franqueadoras son de mucha utilidad en los casos de afluencia masiva de personas que quieren un servicio postal de pago por unidad y no por lote. Pero si la persona lleva muchas cartas y la agencia postal cuenta con un metropostal, solo se deberá verificar el peso y si el destino de la encomienda será para un mismo grupo de países.

No deberá pasar cada carta por la franqueadora, proceso que tarda entre uno y tres minutos. “La ventaja radica en despejar las filas y la desventaja, en que se trata de una figura monocroma, gruesa, que no cambia durante años ni aporta estética ni mensaje turístico de valor agregado”.

Utilizar las máquinas franqueadoras cuando sea oportuno y recurrir a la sobreimpresión de estampillas que fueron emitidas años atrás es la solución de George Droniak, coleccionista de estampillas.

“Basta poner el valor adicional, por ejemplo +4 o +5, y listo, se acabará con las cantidades almacenadas en el MEF. Cuando ya salen a circular, los amantes de la filatelia siempre apreciarán estas estampillas”.

Otra suerte corren las monedas de un centésimo: casi nadie da un centavo por ellas.

Filatelia y numismática

2,220

Número de emisiones postales hechas hasta ahora en Panamá.

700

Millones de personas son el total de coleccionistas de sellos postales.

10

Millones de dólares ahorraría el país al acuñar monedas de un balboa. La cifra se constituiría en 20 años.

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