CALIFICACIONES DE RIESGO Y LA POLÍTICA FISCAL NACIONAL

La diferencia entre prosperidad económica y sus símbolos

La perspectiva económica de Panamá ha aumentado durante los últimos años. Ahora, se recomienda mantener la disciplina fiscal.

Del mismo modo que el oro y la plata eran estimados como el recurso más importante para una nación durante los siglos pasados, hoy en día los símbolos por excelencia de la prosperidad de una nación son, primero, el crecimiento de su producto interno bruto, y segundo, el riesgo del crédito público.

La medida de producto interno bruto (PIB), como se le conoce, fue desarrollada en 1934 por el premio Nobel en Economía Simón Kuznets, un economista ruso-americano que trabajó en la Universidad de Harvard.

Fue el mismo Kuznets quien advirtió inicialmente contra el error de medir el bienestar de una nación mediante una cifra agregada de producción.

Kuznets también mostró una previsión sorprendente al indicar que “la capacidad valiosa de la mente humana de simplificar una situación compleja en una caracterización compacta resulta peligrosa cuando no es controlada en relación a criterios establecidos de forma definitiva”.

Es decir, no debemos confundir el crecimiento de una cifra arbitraria creada como una herramienta con el fin mismo del progreso económico, la prosperidad.

De igual forma, las calificaciones de riesgo crediticio se han convertido en un símbolo de referencia importante para la comunidad de inversionistas internacionales.

Esta aparente confusión podría ser el resultado de la diferencia marcada entre la evaluación crediticia de un país en el momento en que se realiza, contra la capacidad de predicción de las calificadoras de riesgo.

Si algo ha demostrado la economía es que aún no cuenta con la habilidad de hacer predicciones precisas a largo plazo.

No hay mejor ejemplo de esto que la crisis actual en Europa, donde países como Grecia, Italia, Portugal y España disfrutaron de una bonanza de crédito, la cual, a través de una ineficiente inversión y dirección por parte de sus gobiernos, llevó a estos países al borde del abismo económico.

Grecia, por ejemplo, contaba a finales de 2009 con una calificación de riesgo por la agencia Moody´s de A2, superior a la calificación actual de Panamá, indicando un “crédito de bajo riesgo”.

Hoy en día, Grecia está al borde de una crisis política severa. Desde 2008, su PIB ha caído en un 20%, la tasa de desempleo se ha triplicado hasta el 25% y un partido vinculado al neonazismo obtuvo 21 asientos en el Parlamento griego.

Todo este deterioro se ha visto en un período de apenas tres años desde que Moody´s catalogó de “bajo riesgo” la capacidad de pago de Grecia.

La importancia de este ejercicio de comparación histórica no es que demuestra una diferencia entre lo esperado por economistas y el resultado actual, sino que advierte del peligro de confundir números y calificaciones con la prosperidad económica, la cual tiene un componente político y social muy relevante.

Pese a la advertencia de Kuznets, hoy en día el PIB de una nación se considera como el símbolo más importante de su progreso económico y de hecho, varias políticas públicas son juzgadas en base a sus posibles efectos sobre este indicador.

LO QUE SE VE Y LO QUE NO SE VE

Para un país como Panamá, donde alrededor de cuatro quintos de la economía corresponde al sector de servicios, una interrelación con los sistemas de acceso al financiamiento internacional resulta una posesión estratégica.

Por este motivo, el riesgo crediticio de Panamá es un factor relevante en su carta de presentación a los inversionistas del mundo.

La trayectoria del indicador de este riesgo ha sido positiva y ha aumentado de forma importante desde la dictadura militar, la cual atrofió fuertemente el sector bancario del país.

No obstante, en la emisión de estas calificaciones o recomendaciones, las entidades financieras que las emiten se han tomado el tiempo de advertir contra la generación de un déficit fiscal en la búsqueda de desarrollar proyectos que puedan aumentar el PIB.

Moody´s, que recientemente alzó la calificación de Panamá a Baa2, felicitó a Panamá por su dinamismo económico y una importante capacidad de manejo de la deuda pública.

Pero también indicó que esta capacidad de manejo de la deuda se ha desacelerado desde 2008, cuando el rendimiento fiscal del Gobierno comenzó a disminuir en base a un importante incremento de la inversión estatal.

El reporte de Moody´s igualmente menciona que el aumento reciente por parte de la Asamblea Nacional del limite institucional del déficit público, aunque no tiene efectos negativos en la calificación, disminuyó “significativamente” los efectos positivos vinculados a la creación del nuevo Fondo de Ahorro de Panamá.

El reporte también establece que “el ritmo de futuros incrementos en las mediciones de deuda de Panamá continuara desacelerando hasta que el Gobierno demuestre una disciplina fiscal significativamente mayor a la que ha mostrado en años recientes”.

El ministro de Economía y Finanzas, Frank De Lima, respondió en una conferencia de prensa reciente que resultaba importante encontrar un balance adecuado entre la necesidad de asegurar una consulta amplia con la de reformar para buscar el crecimiento económico.

Por esto, el reporte de Moody´s resulta relevante, ya que, además de alabar el crecimiento del país, resalta la importancia de la disciplina en la conducta gubernamental para preservar una institucionalidad donde pueda desarrollarse ese crecimiento económico.

Grecia es una lección histórica importante de la necesidad de contar con ambos componentes, institucionales y económicos para no confundir el mero símbolo con la prosperidad.

Los metales como riqueza

Durante la época del mercantilismo que dominó gran parte del mundo occidental entre el siglo XVI y el siglo XVIII, el símbolo de prosperidad por excelencia era la acumulación de metales preciosos, oro y plata.

Esta confusión de ideas, tratada en sus tiempos como la política económica más sofisticada en existencia, generó una cantidad sorprendente de conflictos militares y una terrible condición de vida para la mayoría de los seres humanos.

Como resulta obvió en el presente, la acumulación sostenida de metales preciosos es una inadecuada estrategia para el desarrollo.

El oro y la plata no son comestibles y para mantener una balanza comercial positiva, muchas de estas naciones tenían fuertes restricciones a la importación de alimentos y otros recursos.

Esto generaba la necesidad de concentrar una gran parte del capital humano doméstico hacía la producción agrícola, por lo cual el feudalismo y la monarquía resultaban sistemas funcionales de gobierno.

Debemos recalcar que las ideas del mercantilismo eran consideradas como el pináculo del pensamiento económico humano por los políticos económicos mejor educados de este período.

No sería hasta los escritos de Adam Smith y David Ricardo que la humanidad, luego de vivir un cuarto de milenio bajo prácticas mercantilistas, entendería los beneficios del comercio abierto y la especialización productiva de las naciones.

Este cambio fundamental en la línea de pensamiento económico fue una de las bases sobre la cual se ha desarrollado la mayoría de los avances tecnológicos y sociales existentes al día de hoy.

Alfonso Acosta

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