UNA BATALLA SILENCIOSA

La internet y sus enemigos

Nuevas reglas para comercializar la red afectarían la capacidad de sus usuarios de obtener el contenido que desean.
Es probable que el Gobierno de Estados Unidos, a través de la Comisión Federal de Comunicaciones, sea quien tenga que entrar a decidir cuál será el mejor mecanismo para mantener la apertura del contenido en línea. AFP/Mark Wilson. Es probable que el Gobierno de Estados Unidos, a través de la Comisión Federal de Comunicaciones, sea quien tenga que entrar a decidir cuál será el mejor mecanismo para mantener la apertura del contenido en línea. AFP/Mark Wilson.
Es probable que el Gobierno de Estados Unidos, a través de la Comisión Federal de Comunicaciones, sea quien tenga que entrar a decidir cuál será el mejor mecanismo para mantener la apertura del contenido en línea. AFP/Mark Wilson.

Un reciente fallo de una corte federal de apelaciones de Estados Unidos eliminó una parte sustancial de las reglas creadas por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés), que tenían como meta obligar de forma unilateral a los proveedores de internet a tratar todo el tráfico igualmente, un principio conocido popularmente bajo el nombre de neutralidad de red.

La decisión aún puede ser recurrida y no es definitiva, pero ya la comunidad global de consumidores está dando su atención al tema, ya que el resultado eventual podría cambiar de forma radical lo que hoy entendemos como internet y su uso.

Antes de entrar al detalle de la decisión y sus consecuencias, sería aconsejable tener una imagen común de qué es la internet y cómo funciona. En este caso, una buena analogía es aquella del Canal: un proveedor de internet es el mediador –podemos llamarle una serie de esclusas– entre la sencilla computadora del usuario y su navegador de internet con la red vasta e incomprensible de cables submarinos, servidores de data y sistemas integrados de interconexión que contiene y distribuye la información que el usuario desea recibir.

Una regla fundamental del Canal de Panamá es la neutralidad. Todo barco –desde naves de guerra, cruceros turísticos hasta un nadador solitario– puede pasar por las esclusas, sin restricción.

De la misma forma opera un proveedor de internet y cada vez que uno escribe una dirección de una página en su navegador, una solicitud de información es enviada al sistema del proveedor, el cual la tramita a medida que va llegado, sin discriminar qué tipo de información sea solicitada.

Históricamente, este sistema de neutralidad de la red no ha sido el favorito de los grandes proveedores de información. Estas empresas siempre han argumentado que preferirían pagar un monto adicional para asegurar que su contenido sea tratado con preferencia por el proveedor de internet para que llegue a sus usuarios de forma más rápida. Claro, en este caso, el perjuicio sería sentido por los proveedores de información chicos, como blogs y sitios independientes de noticias.

Objetivamente, un sistema no es mejor o peor que otro, pero en términos de información, son dos propuestas radicalmente diferentes.

Según el sistema de data preferencial, la información es un producto como cualquier otro, y las empresas deberían tener el derecho de pactar libremente con los proveedores de internet para asegurar que el envío de sus productos sea más rápido que lo usual, aunque las empresas pequeñas tengan que sufrir por no poder pagar el servicio expedito.

Pero para aquellos que ven la internet como una plaza abierta de libertad de expresión, la medida es tan ilógica como el suicidio. De acuerdo a los proponentes de la neutralidad, tolerar la reciente decisión de la corte federal sería permitir que la libertad de expresión caiga en manos del mejor postor, algo que contradice los principios sobre los cuales se erigió la red global.

Al Franken, senador de Minnesota, lo explica así: “La neutralidad de la internet es el principal tema de libertad de expresión de nuestros tiempos. Hoy, un blog puede cargarse [en un navegador] tan rápido como el Wall Street Journal y si el blog es bueno, puede recibir más tráfico que cualquier conglomerado de medios. Pero si las compañías pueden pagar por acceso más rápido, ese blog ya no tiene un chance”.

Tim Berners-Lee, uno de los padres de la internet, comentó en una nota similar sobre el tema que cuando él inventó la red, “no tuve que pedirle permiso a nadie. Ahora, miles de millones de personas la usan libremente. Estoy preocupado de que esto vaya a ser eliminado en Estados Unidos”.

La decisión de la corte federal de Washington, D.C., tomada en una disputa entre el gigante de comunicaciones Verizon y el FCC básicamente establece que el primero en entrar a las esclusas, para continuar con la analogía, será aquel que más plata ofrezca, afectando duramente a las pequeñas naves que también desean transitar. Cabe destacar que la decisión sí mantuvo que las empresas deben alertar a los usuarios sobre sus políticas de discriminación.

El debate no es sencillo, ya que por otro lado está la complejidad de la inversión de capital que realizan los proveedores.

Tim Fernholz, escribiendo para Qz.com lo resume así: “La neutralidad de internet, según las compañías de telecomunicación, hace que sea demasiado costoso invertir en nueva infraestructura de internet de banda ancha”.

Por ejemplo, el popular servicio de películas en línea Netflix utiliza, en su horario pico, por sí solo, un tercio de la banda ancha disponible en Estados Unidos, por lo cual las compañías de telecomunicación no reciben pago alguno, a pesar de haber invertido en la red física que hace posible este envío de datos.

Los que defienden el principio de neutralidad, según Fernholz, también argumentan que sin esta regla “los proveedores podrán limitar la competencia o discriminar en contra de servicios en línea no solo por la cantidad de banda ancha que consumen, sino también por su contenido”.

En una reciente carta a sus accionistas, Netflix no solo apoyó el principio de neutralidad, sino que indicó que tomaría acciones concretas si la medida se intenta aplicar.

Según esta carta, “la motivación podría ser conseguir que Netflix pague una tarifa para detener una degradación [de su tráfico en línea]. Si este escenario draconiano se fuera a desarrollar con algunos proveedores de internet, estaríamos protestando de forma vigorosa e incitaríamos a nuestros miembros a demandar la internet abierta por la cual pagan a sus proveedores de internet”.

¿Qué sucederá en el futuro? Según la profesora Susan Crawford entrevistada por Peter Kafka para el sitio Recode, “lo que sucederá es que [la FCC] tendrá que cambiar la denominación” de las principales compañías proveedoras de contenido para poder incluirlas dentro de su esfera de regulación, de tal forma que puedan restaurar las reglas anteriores.

Lo importante es entender que hoy día se decide entre dos tipos de internet, uno donde el contenido es libre y otra donde el dinero determinará qué ven los usuarios a nivel de todo el mundo.

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