A la espera de una solución

Del otro lado del arancel proteccionista

Colombia protege a sus productores y Panamá tiene que reinventarse. Es la dinámica en torno al comercio de textiles y calzados.
En Cartagena está el puerto a donde van los productos del octavo mayor cliente que tiene Panamá. BLOOMBERG. En Cartagena está el puerto a donde van los productos del octavo mayor cliente que tiene Panamá. BLOOMBERG.
En Cartagena está el puerto a donde van los productos del octavo mayor cliente que tiene Panamá. BLOOMBERG.

Mientras que Colombia se encarga de fortalecer a sus confeccionistas locales, Panamá tiene que reinventar su estrategia de reexportación para subsistir.

Desde que el país vecino impuso un arancel sobre los calzados y textiles que importa de los países con los que no tiene tratado de libre comercio (TLC), Panamá se ha visto notablemente afectada.

La medida impuesta por el gobierno del colombiano Juan Manuel Santos desde 2012, buscó fortalecer a un sector que tiene razones para no ser olvidado: el ramo textil, el de confección, diseño y moda representan el 2% del Producto Interno Bruto nacional y 13% del manufacturero del país sureño. Aparte, genera más de 110 mil empleos directos.

Para Carolina Fernández, coordinadora de negocios e inversión de Inexmoda en Colombia, la decisión del mandatario incentivó el empleo y la industria misma, asegura.

“Nosotros venimos trabajando desde hace mucho tiempo el tema de los encadenamientos, los clusters y la asociatividad; entendiendo que si el confeccionista no vende, el textilero también se ve afectado porque no compran sus textiles. Es una cadena de apoyo y hemos tenido grandes resultados”, argumenta la experta comercial.

Aun así la medida, como en Panamá, tuvo rechazo en algunos sectores colombianos. Importadores en el país vecino también reclamaron que el impuesto que se le cargaba a estos dos productos mermaba en los números de comercialización.

Luego fue que vino una reformulación a la medida a fin de calmar a estos importadores y en cierta forma a los panameños, quienes habían reclamado en varias oportunidades, incluyendo ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Lo que antes era una imposición directa a las importaciones de calzados y textiles, ahora se diversifica en impuestos ad valórem (determinado en valores porcentuales) y otro específico (valorado en unidades monetarias).

Los textiles importados cuyo precio sea menor o igual a $10 tendrán un sobrecargo ad valórem del 10% y uno específico de $5; mientras que aquellos que ingresen por arriba de los $10, tendrán también un impuesto ad valórem del 10%, pero uno específico de $3.

Para el caso de los calzados el decreto dicta que aquellos pares que tengan un valor menor o igual a los $7, contarán con un arancel ad valórem del 10% y uno específico de $5.

Cuatro meses han pasado desde que Santos anunció que este sobrecargo sería mixto, y que variaría dependiendo del peso y el precio de los textiles y los calzados que llegaran a Colombia en contenedor.

“Digamos que han mermado las quejas de las empresas que importaban porque nosotros tampoco queremos frenar el comercio, sino apoyar un poco la industria local”, retomó Fernández.

´Sale in´ PanamÁ

Mientras Panamá espera por que la OMC decida en contra de este arancel, los comerciantes de la Zona Libre de Colón (ZLC) han tenido que reinventar su estrategia comercial.

Y es que de todos los países clientes con los que negocia Panamá, Colombia fue el octavo al que más le reexporta productos durante 2013, de acuerdo a la Contraloría General de la República de Panamá.

“El impacto que se esperaba (al poner mixto el arancel) no ha surtido el efecto deseado”, dijo Severo Sousa, expresidente de la Asociación de Usuarios de la Zona Libre de Colón.

Y por ello, Panamá se ha visto en la necesidad de reinventarse en su estrategia comercial, vendiendo más de lo normal a clientes tradicionales y vendiéndole a sí misma.

“El mercado de Panamá ha sido una alternativa en el que se ha volcado mucha gente que vende ropa y zapatos, con ofertas, incluso”, dijo Sousa.

Y agregó que se trata entonces de un mercado natural que es de bajo riesgo: “No digamos que es más fácil, pero sí es más confiable cualquier tipo de crédito que se otorgue”.

Pero las dimensiones entre el mercado de un país con más de 47 millones de personas, eclipsa todo aquello que se pueda lograr en uno de 3.5 millones.

Es por ello que Panamá ha reforzado la venta de estos productos en países como Chile y Perú, según Sousa, con quienes se tiene pactado y ejecutado sendos TLC.

“La gente está viendo mucho a Perú y a Chile, que son mercados que en el pasado tuvieron preponderancia y habían bajado mucho, y (ahora) la gente ha vuelto a ese tipo de mercados”.

Panamá y Colombia, pese a que tienen acordado un TLC, todavía deben esperar a que sus Congresos lo avalen y ejecuten.

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