JÓVENES DE ÉXITO

La necesidad de una reforma profunda

LA PRENSA/Iván Uribe LA PRENSA/Iván Uribe
LA PRENSA/Iván Uribe

Motivado por una historia familiar de superación, Ariel Pérez Price está convencido que la educación personal es la llave hacia el desarrollo personal.

Sus estudios le han dado una perspectiva amplia, basada en el análisis económico del derecho sobre los problemas que aquejan a Panamá.

¿Qué te motivó a salir del país a educarte?

Mi abuelo, un médico de origen afrocaribeño, decidió estudiar en dos universidades del sur de Estados Unidos, que para 1913 todavía estaban segregadas. Esta historia siempre me deja pensando en la magia de la educación y de lo que puede producir en un individuo.

Si mi abuelo, bajo ese ambiente hace 100 años, logró educarse, creo que no hay excusa para no aprovechar las oportunidades que uno tiene.

En Panamá tenemos un servicio extranjero generalmente percibido como deficiente. ¿Por qué surgen estas deficiencias?

El Gobierno actual ha invertido e intentado profesionalizar el sistema de carrera diplomática, pero el problema del sistema es profundo, no solo a nivel del Ministerio de Relaciones Exteriores, sino de todas las organizaciones gubernamentales que descansan sobre un modelo político-partidista.

Esto significa que quienes son elegidos tienen una obligación, impuesta por el mismo sistema, de distribuir posiciones y puestos públicos a simpatizantes políticos. Es un modelo que ha sido muy estudiado y es conocido como el modelo ´clientelista´.

¿Cuál es el primer paso para cambiar el modelo corriente?

Tenemos que entender que el modelo no es culpa del Gobierno actual ni del anterior, pero sí del sistema, y solo podremos cambiarlo cuando entendamos que no es eficiente.

¿Qué hace a este modelo ineficiente?

No es eficiente porque provoca la elección de funcionarios que probablemente no tienen la mejor preparación para ejercer los cargos públicos a los cuales son nombrados, lo que desemboca en la incapacidad al ejercer sus funciones.

Esto genera problemas con la prestación e implementación de servicios públicos que no funcionan y que generan reclamos por parte de la sociedad. Es una cadena: corrupción y falta de transparencia están ligadas a la ineficiencia de los funcionarios, producto de la ineficiencia del nombramiento.

Parece ser también que el marco legal apoya el modelo clientelista.

Nosotros tenemos un problema que venimos arrastrando desde hace tiempo y es el marco constitucional del país.

No hemos tenido una reforma constitucional producto de un consenso nacional. Mientras eso no ocurra, van a seguir existiendo distorsiones en el sistema jurídico que se pueden apreciar cuando un órgano del Estado no ejerce sus funciones de contrapeso de forma efectiva. Esto permite que existan problemas como la concentración del poder.

Una situación de la que mucha gente se ha quejado es el tema de la selección de magistrados. Todos estamos conscientes que esta situación debe ser mejorada ya que no produce los resultados que la sociedad espera, pero como está el sistema, el Presidente no está haciendo más nada que apegarse a su facultad constitucional [al nombrarlos].

¿Una reforma constitucional arreglaría el problema?

No es un tema exclusivamente de la norma, sino que también es un tema de cultura, ¿verdad?

La educación es el principal elemento que puede provocar sostenibilidad en la distribución de la riqueza y en la movilidad social de los individuos.

A corto plazo, definitivamente, iniciativas como los subsidios son importantes, pero no son sostenibles. Si Panamá quiere ver traducido su crecimiento económico, que es de punta en la región, tiene que enfocarse en el tema de la educación.

¿Qué evita que ocurra esta reforma?

Nosotros tenemos periodos presidenciales muy cortos. Luego de la inversión económica que hacen los candidatos, resulta casi imposible que ese político esté dispuesto a una reforma constitucional originaria que interrumpa su periodo de ejercicio del poder.

Existen otros mecanismos como las reformas constitucionales paralelas, pero, ¿te imaginas qué pasaría si entre las reformas decidiéramos reducir la Asamblea Nacional a la mitad?

Existen intereses políticos que atentan contra la producción de una reforma profunda.

¿Estamos atrapados, entonces?

No. Pero tiene que haber una voluntad política no solo por los candidatos elegidos, sino por el resto de la sociedad. Tenemos que entender que necesitamos un periodo de transición normativa y esto implicará sacrificios de lado a lado entre los que ocupan el poder.

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