titulación de tierras EN Barú, Chiriquí

El negocio detrás del conflicto

El empresario David Ochy podría beneficiarse sustancialmente de la iniciativa del Gobierno de repartir las tierras a exsocios de Coosemupar.

Facturar tres veces más de lo invertido en el primer año de operaciones es una ecuación que toda empresa desearía escribir en su libro de finanzas. Para Pana Plátanos, propiedad de David Ochy Diez, esta es más una realidad.

Este jugoso negocio radica en la repartición de tierras que propuso el Gobierno a través de la Autoridad Nacional de Tierras (Anati) para los 2 mil 226 exsocios de la Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (Coosemupar).

A cada uno de los trabajadores, que decidieron que la titulación de las tierras sería colectiva o individual, les tocará 1 hectárea.

Un censo realizado por la Anati determinó que mil 520 prefieren trabajarla individualmente, mientras que 706 se fueron por la opción colectiva.

El pasado 2 de junio, motivados por una propuesta de Ochy, lugareños invadieron la finca El Níspero y rápidamente comenzaron con los trabajos de adecuación de la tierra con maquinaria alquilada al diputado Osman Gómez.

En ese entonces existía una orden de no ingresar a ninguna de las fincas comprendidas dentro de la titulación y repartición de las tierras.

Tras persuadir a la minoría de los exsocios para que le cedieran su hectárea correspondiente, Ochy logró reactivar la actividad en la finca El Níspero en Barú, provincia de Chiriquí, con una inversión de $5.5 millones, entre mano de obra, maquinaria, insumos agrícolas y el material genético de la planta curaré enano, traída desde México.

De acuerdo con las cifras de producción de la compañía, que pretende procesar desde marzo de 2013 de cuatro a cinco contenedores diarios con capacidad para 960 cajas a un valor de $20 en los mercados de EU, Canadá y España, en un año facturará cerca de $18 millones netos.

“Con la quiebra de la producción bananera la gente no tenía para comer, y Ochy les propuso que ellos pusieran las tierras y él se las ponía a producir”, dice Luis Espinoza, capataz de la finca.

Actualmente, son 240 productores los que trabajan estas codiciadas tierras como la fusión ASTBarú-Pana Plátano.

Cada mañana, los productores llegan a la finca sobre las 6:00 a.m. en sus bicicletas brindadas por la empresa, y tras un rápido desayuno continúan con las labores del día anterior.

A la sombra de un techo improvisado a un costado del vivero, donde reposan 113 mil 731 plantas de plátano, hombres y mujeres llenan plantones para la siembra.

Sobre el mediodía, una hora para el almuerzo, que consiste en un plato cargado de arroz, una presa de gallina guisada y tajada de plátano maduro, le da un respiro a los obreros del inclemente sol chiricano.

A la 1:00 p.m. retoman sus posiciones hasta las 3:30 p.m. Después de un vaso de crema, se suben otra vez a las bicicletas y regresan a sus casas.

Los trabajadores están divididos en dos turnos de tres días debido al poco volumen de trabajo actual. A fin de mes, cada uno de ellos, registrados en el Seguro Social, cobra $120 por los días laborados.

El objetivo de esta asociación es cultivar mil 200 hectáreas (cuatro fincas) de las 5 mil 600 (18 fincas) que quedaron vacías tras el cese de operaciones de Chiquita Land Company en 2006 después de 70 años, obligados por las huelgas y conflictos con el sindicato de trabajadores.

Fue entonces que Coosemupar asumió el control de producción y comercialización hasta octubre de 2008, cuando quebró por malos manejos administrativos.

Después de casi cinco años e infructuosos intentos de vender estas codiciadas tierras, el Gobierno aprobó la repartición y subasta de éstas el pasado lunes 25 de junio.

La Anati repartirá un total de 2 mil 800 hectáreas, de las cuales 2 mil 400 serán entre los exasociados de Coosemupar, mientras que las restantes 400 se distribuirán entre 323 extrabajadores no asociados y 71 trabajadores administrativos.

los colectivos

“La intención de este enlace es que los trabajadores que tienen derecho a un pedazo de tierra tengan la oportunidad de ponerla a producir”, apunta José Vanela, gerente de la asociación ASTBarú-Pana Plátanos.

Ya convencidos de entregar sus tierras a Pana Plátanos, un punto que falta aclarar entre las partes es la comisión que percibirán los trabajadores por cada una de las cajas exportadas a $20.

Según Vanela y el vocero de los trabajadores, que prefirió mantenerse anónimo, ese detalle “aún está sobre la mesa de negociaciones”. Pero entre los obreros se calcula de manera extraoficial que dicha comisión ronda los 75 centavos por caja vendida.

De establecerse esta cifra, los que ceden y trabajan la tierra recibirán solamente un 3.75% del valor de lo que se cosecha de ella.

los individuales

El resto de los mil 520 trabajadores que prefirieron no formar parte de ASTBarú, de acuerdo con el último censo de Anati, se mantiene a la espera de poder negociar sus tierras con una empresa transnacional, pero bajo otros términos contractuales.

Elías González, exvocero de los trabajadores de Coosemupar y líder de los individuales, sugiere que la verdadera intención de Ochy es la tenencia de las tierras y adelantó que “están en conversaciones” con la compañía Del Monte para alquilar sus tierras.

“Pretendemos negociar, pero con la seguridad de que las propiedades pertenecerán a los trabajadores”, explica González.

Si Anati oficializa la petición del grupo de los individuales para negociar con transnacionales, ASTBarú-Pana Plátanos tendría derecho a trabajar solo dos fincas más (Palo Blanco y Majagua) y no tres como tenía planeado, lo que significan 300 hectáreas menos disponibles.

“La decisión de elegir ser individual o colectivo fue propia de cada extrabajador”, explica Franklin Oduber, director de Anati, vía correo electrónico.

“Esperamos poder entregar los títulos entre septiembre y octubre. Los beneficiados recibirán un título de propiedad con todos los derechos que eso conlleva, sin ningún tipo de restricción”, agrega.

David Ochy Diez ha sido uno de los empresarios que ha logrado varios contratos con el Gobierno. Su empresa, la constructora Transcaribe Trading, lleva adjudicados varios por un total de $400 millones.

Dos de estos son la ampliación y rehabilitación de los 20.8 kilómetros de la carretera Arraiján - La Chorrera, valorada en $152.6 millones y otro muy similar en la carretera de 38 kilómetros entre Puerto Armuelles y Paso Canoa, licitada a la empresa de Ochy por $114 millones.

Plátano, el oro verde de barú

$5.5

millones es la inversión de David Ochy en las tierras de la finca El Níspero.

$18

millones facturará ASTBarú-Pana Plátanos de las exportaciones a EU, Canadá y España, donde cada caja se vende a 20 dólares.

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