PLANO URBANO

La planificación no es mala, solo es inexistente

La planificación no es mala, solo es inexistente La planificación no es mala, solo es inexistente
La planificación no es mala, solo es inexistente

Rodrigo Mejía-Andrión

OPINIÓN

Todos los panameños pensantes estamos hablando de “planificación”, excepto los gobernantes nacionales. Pido excusas a mis lectores por mi “insistencia” en el tema, pero es que hay un despertar en la sociedad civil buscando ayuda.

Ante tantos problemas que afligen a las comunidades; estas han comprendido que solo con organizaciones propias y bien dirigidas podrán ser tomadas en cuenta, ante las acciones del gobierno central y municipal. Por fortuna, se están fortaleciendo grupos como la Red Urbana Ciudadana y el Foro Urbano impulsado por jóvenes con visión y mucho entusiasmo, con la presencia de técnicos muy competentes, decididos a empujar la carreta. (Hago la salvedad de que el título de este artículo lo tomé de las expresiones de una distinguida dama, continuamente preocupada por nuestro país).

Será interesante saber lo que dirá el Gobierno ante el compromiso que tiene por delante este próximo mes de octubre, cuando deba rendir su informe en la Conferencia Mundial de la ONU-Habitat sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible, que se desarrolla cada 20 años, y en esta ocasión le corresponde a Ecuador. Hace 40 años se celebró la primera reunión en Vancouver, Canadá, la segunda en Estambul en 1996 y la próxima en Ecuador. Entre los temas más importantes que debería desarrollar nuestro gobierno está la supuesta “mejoría en la capacidad técnica” para “planificar y gestionar las ciudades”. Tendremos que confesar que estamos desarrollando la “ante-ciudad”, que se manifiesta en los dos extremos: el exceso de concentraciones humanas en minúsculos espacios urbanos y el inaceptable alejamiento de la población de bajos y medianos recursos, de los centros de trabajo y de estudio, que fomentamos con generosos préstamos hipotecarios, añadidos a otros interminables préstamos para adquisición de vehículos propios que, en vez de solucionarle, agravarán su problema de transporte.

Estos tremendos problemas requieren soluciones completamente contrarias, que solo se encontrarán en instituciones dedicadas exclusivamente a la planificación nacional y urbana.

¿Cuál tenemos? Ninguna por supuesto. En el caso de la planificación nacional y urbana, después de haber perdido el Instituto de Vivienda y Urbanismo con la llegada de los militares, dentro del Colegio de Arquitectos de la SPIA se formó el Instituto Panameño de Arquitectura y Urbanismo (IPAUR) que realizó una importante tarea para insuflar en los estudiantes de arquitectura e ingeniería, el interés por la planificación y el urbanismo, con miras al desarrollo armónico de nuestras ciudades. Esta entidad murió por la falta de dinamismo de sus últimos dirigentes y finalmente un conocido arquitecto la tomó y ahora es solo, una olvidada sección de su oficina.

Con posterioridad, y viendo la ausencia de planificación en los organismos estatales, un pequeño grupo de ilusos planificadores y urbanistas creamos una nueva asociación para luchar por los necesarios cambios en el engranaje estatal, que bautizamos Alianza Pro Ciudad, un entusiasmo que nos llevó a desarrollar campañas en pro de nuestro desarrollo. Como parte de nuestros esfuerzos, surgió el diseño de la cinta costera uno, obra de dos destacados colegas, vialidad hoy convertida en eje de la movilidad capitalina.

La arquitecta planificadora Magela Cabrera Arias nos ha recordado a buena hora la cita con la ONU-Habitat, ya mencionada, y el ridículo papel que seguramente haremos, explicando mentiras de nuestro maravilloso país, tan de moda en los periódicos del mundo. Me recuerda el dicho, muy panameño: “Esto no lo salva ni el médico chino”. En estos días he estado conversando con una serie de ciudadanos preocupados por nuestra basura, gigantesca parte del problema urbano y hemos coincidido en que no entendemos cómo este gobierno no ha tomado acciones básicas. Ante tanto problema de la basura, agravado por la falta de educación de nuestro pueblo, la falta de recipientes de basura, los problemas de recolección y el exceso de bolsas plásticas en todo el territorio y en nuestros dos mares, Tan fácil y conveniente sería una prohibición a los supermercados y tiendas, de la entrega gratuita de bolsas plásticas, cambiando el suministro sin cobro, por la venta en unos diez centavos, lo que llevaría, en una sola semana, a la aparición de toda clase de bolsas, mochilas y jabas, y hasta carritos, para transportar los alimentos adquiridos. Tanto en el Reino Unido como en España he confirmado estas acciones, donde cada cliente tiene que resolver cómo y dónde llevar sus adquisiciones.

Creo que nuestro activo alcalde se luciría con una medida como la descrita. Esperémosla.

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