en panamá, el crecimiento contrasta con las dificultades económicas de la población

La pobreza es de todos

Un reciente enfoque al tema de la desigualdad ha generado un debate global, del cual Panamá no puede quedar excluido.
El país ha experimentado un auge económico impresionante, pero debilidades en su sistema de educación y altos niveles de corrupción han impedido que las entradas de riqueza penetren hasta los sectores que más la necesitan. El país ha experimentado un auge económico impresionante, pero debilidades en su sistema de educación y altos niveles de corrupción han impedido que las entradas de riqueza penetren hasta los sectores que más la necesitan.
El país ha experimentado un auge económico impresionante, pero debilidades en su sistema de educación y altos niveles de corrupción han impedido que las entradas de riqueza penetren hasta los sectores que más la necesitan.

Mientras haya un niño pobre en el mundo, la humanidad no está viviendo su potencial completo. Esta es la verdadera tragedia de la pobreza.

Empecemos con las buenas noticias: La realidad global no es el desastre que uno se imagina. En su carta anual para 2014 de la Fundación Bill y Melinda Gates, el hombre más rico del mundo ilumina la situación global. “Considerando casi cualquier medida, el mundo está mejor de lo que jamás ha estado. La gente vive vidas más largas y saludables. Muchas naciones que dependían de ayuda extranjera hoy son autosuficientes”.

Por todo esto, hay causa para ser optimistas. “La mejor forma de responder al mito de que los países pobres están condenados a permanecer pobres se basa en un solo hecho: estos países no han permanecido en la pobreza. Gran parte de las naciones que catalogábamos como pobres ahora son economías pujantes. Y el porcentaje de las personas en pobreza extrema ha caído más de la mitad desde 1990”.

El optimismo de Gates lo ha llevado a hacer una predicción singular: “Estoy dispuesto, incluso, a predecir que para 2035, ya casi no habrá países pobres en el mundo”.

Esta visión no se puede ignorar ya que el contraste es radical. La única razón por la cual no se percibe es porque la vida humana es muy corta y el progreso ocupa tiempo.

Durante gran parte de la historia humana, todo niño que nacía en este planeta estaba predispuesto a una vida corta de trabajo pesado, usualmente bajo el látigo físico o psicológico de algún caudillo. Hoy en día, gran parte de la población vive en sistemas democráticos con acceso a medicinas básicas y con la esperanza de una vida mejor y más estable a través de la educación.

Gates concluye: “Ha sido un logro increíble. Cuando nací, la mayoría de los países del mundo eran pobres. En las próximas dos décadas, países desesperadamente pobres serán la excepción en vez de la regla. Miles de millones de personas habrán sido liberadas de la pobreza extrema. La idea de que esto sucederá mientras que yo estoy vivo, es sencillamente impresionante”.

Como todo en la vida, es importante reconocer los logros primero, ya que sin estos, cualquier ejercicio de cambiar la realidad se vuelve desesperante. Pero es necesario entender que el progreso no es implícito y que todavía quedan retos urgentes por enfrentar. Uno es particularmente insidioso: la desigualdad.

LOS DOS TIPOS DE DESIGUALDAD

En toda sociedad humana, la desigualdad es un fenómeno natural. Distintas personas tienen distintas habilidades y capacidades, lo cual influye el tipo de vida que pueden desarrollar.

No solo esto, sino que todas las diferencias en materia de educación y crianza son las que permiten un alto grado de diversidad social.

Esta diversidad se traduce en complejidad productiva, con organizaciones dedicadas desde retiros espirituales hasta producción de teléfonos celulares.

En palabras sencillas, una sociedad donde hay igualdad perfecta sería perfectamente aburrida.

Por el otro lado, hay una forma distinta de desigualdad que es la verdadera raíz de los problemas sociales y económicos que enfrenta la sociedad global: la desigualdad en privilegios.

En este sentido, resulta necesario reconocer que una parte importante de la sociedad humana se encuentra apresada en sistemas autoritarios. Estos sistemas canalizan el trabajo y la riqueza de sus miembros a las manos de los socios, amigos y familiares de sus opresores. Este tipo de desigualdad es extremadamente peligrosa, ya que impide el crecimiento social y genera situaciones propensas al resentimiento y la violencia.

Lo grave de este tipo de desigualdad es que se perpetúa de forma viciosa. Los socios y familias de aquellos en el poder disponen de mejores oportunidades que la población en general, lo cual les permite aprovechar más y más oportunidades mientras que la población general se queda atrás.

Oxfam Internacional, una organización sin fines de lucro dedicada a la erradicación de la pobreza, explicó en su reporte más reciente que “casi la mitad de la riqueza del mundo está bajo el control de apenas un 1% de la población”.

Hagamos una pausa para apreciar la fuerza de esta realidad. Si el dinero es influencia, un pequeño 1% de la humanidad tiene la misma capacidad de voz y voto que el otro 99%. Esta realidad no es estable a largo plazo.

Continúa el reporte: “Siete de cada 10 personas viven en países donde la desigualdad económica se ha incrementado en los últimos 30 años”.

Estas son cifras para meditar, más aún cuando el Foro Económico Mundial ha identificado a la desigualdad económica como “el riesgo principal para el progreso humano”.

Este riesgo tiene la capacidad de impactar “la estabilidad social dentro de países y de amenazar la seguridad a un nivel global”, según un reporte reciente de esta entidad.

Las Naciones Unidas han emitido una conclusión similar al explicar en un reporte titulado “La humanidad dividida” que de no hacer pronto algo al respecto, “la desigualdad puede minar los fundamentos básicos del desarrollo y la paz social y doméstica”.

Esto no es solo teoría. El ejemplo más cercano y vivo de cómo la desigualdad en privilegios puede afectar la estabilidad de un país es Venezuela, donde una cúpula militar y política, disfrazada bajo los colores del socialismo, ha logrado llevar al país al borde del colapso social.

Panamá no escapa de este paradigma. Si se necesitan números, aquí van. Mientras la tasa nacional de desempleo ronda el 4%, en la provincia de Bocas del Toro el desempleo ronda el 7.3%, lo cual impulsa una migración importante hacia la ciudad.

Peor aún, en las comarcas indígenas, se sobrepasa el 98% de pobreza extrema.

Estas cifras no son permanentes y la pobreza ha visto una reducción importante en los últimos años.

Pero no se puede ignorar que una parte relevante de las medidas que han causado esta reducción son coyunturales. Adicional a esto, no se han creado las bases educativas para sostener a la población en niveles altos de ingresos. Según el Reporte de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, “la fuerza laboral inadecuadamente educada” permanece como el principal reto para el desarrollo del país.

Para la imagen general, cabe destacar que la Comisión Económica para América Latina reportó a inicios del año pasado que los niveles de pobreza extrema rondaban un 12% y estimaba que 450 mil panameños no tenían ingresos para proveerse una vida decente.

En términos humanos, la realidad es, inclusive, más tangible. La situación de Colón, por ejemplo, es trágica. En una nota publicada el año pasado, el jefe de corresponsalía de The New York Times para América Central, Randal Archibold, explica que en Colón “edificios en podredumbre colapsan, aguas servidas corren por las calles y el servicio de agua está sostenido por palitos”.

Para reforzar lo absurdo, Archibold agregó que “productores de Hollywood han hecho de Colón, la segunda ciudad más grande de Panamá, un escenario para representar a Haití, el país más pobre del hemisferio”.

EL OPTIMISMO ES UNA RESPONSABILIDAD

La felicidad del ser humano depende no solo de su propio bienestar, sino del bienestar general de la sociedad que lo rodea. Esta es una realidad que, aunque se entiende de forma intelectual, rara vez es convertida en una filosofía práctica.

El beneficio de esta forma de pensar es doble. No solo disfruta el ser humano de ver y causar el regocijo del otro, sino que se beneficia de la riqueza que otros pueden aportar a la sociedad al llegar a un punto de satisfacción psicológica y producción creativa.

Este cambio en la forma de pensar es necesario para poder tratar de forma amplia el problema de la desigualdad en privilegios.

Queda una nota positiva para terminar. El esfuerzo para corregir esta desigualdad no tiene por qué ser tedioso. Según Robert Thurman, profesor de estudios indotibetanos de la Universidad de Columbia, “la clave para salvar el mundo, la clave de la compasión es que es más divertida. Todo el mundo tiene la idea equivocada. La primera persona que se torna más feliz cuando se piensa en ayudar a otros es uno mismo”.

Si no ha percibido esta realidad, intente el siguiente ejercicio: la próxima vez que se sienta deprimido, piense en cómo puede ayudar a alguien más en una situación peor que la suya, y vea el impacto que tiene sobre su estado emocional.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

23 Ago 2017

Primer premio

8 3 0 1

ACCD

Serie: 19 Folio: 11

2o premio

3552

3er premio

1426

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código