POLÍTICA ECONÓMICA

Una propuesta diferente para tiempos de incertidumbre

Las similitudes entre Hong Kong y Panamá son muchas, igual las diferencias en políticas públicas que impulsaron el desarrollo de la isla.

En 1961, John James Cowperthwaite, un hombre de modales modestos pero de ideas poderosas, ocupó el puesto de secretario financiero de Hong Kong, un pequeño puesto colonial pesquero.

Cuando cumplió su servicio en 1971, entregó una ciudad portuaria en desarrollo que se preparaba para convertirse en uno de los lugares más prósperos del mundo.

El gran economista estadounidense, Milton Friedman, atribuyó muchos de los desarrollos institucionales y legislativos que permitieron a Hong Kong avanzar a la mente de Cowperthwaite.

Este mes, se cumplen 41 años desde que entregara las llaves económicas del país el hombre a quienes muchos consideran el arquitecto de las políticas públicas responsables de liberar el potencial comercial y económico de la isleña.

Un recuento de sus decisiones y políticas refleja una diferencia sustancial con el estilo de la administración actual que tenemos en Panamá.

Con este ejemplo a mano, resulta interesante analizar el destino económico que favorece la ciudadanía panameña y las decisiones económicas que se pueden adoptar.

DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

Ningún nacional es extraño a la comparación de Panamá con Singapur.

Constantemente, se nos informa que debemos tratar de emular más a esta nación asiática en el manejo de su comercio y de sus finanzas públicas.

Pero es posible que un mejor calce sea realizado con Hong Kong, una isla caracterizada por una diversidad en razas e influencias, la cual vivió por muchos años bajo la sombra de otra potencia mundial y con un alto potencial comercial y portuario.

Descrita alguna vez como “una roca estéril”, Hong Kong ha logrado comprobar que no es necesario tener recursos naturales para alcanzar un desarrollo sostenible y, sobre todo, que comprenda a todos los sectores económicos de la sociedad.

UN VIAJE RETRASADO

Pero ese no era el caso en la década de 1940 y 1950; Hong Kong se caracterizó en los años posguerra por ser el escape de muchos migrantes de China del yugo comunista que se estaba imponiendo en ese país.

Para 1955, alrededor de 2.2 millones de personas vivían y trabajaban en un área 98% más pequeña que el territorio de Panamá, con alrededor de 100 mil inmigrantes cada mes.

Definitivamente, no era el inicio propicio para una potencia económica.

La corona británica buscaba controlar rápidamente la situación en la isla, por lo cual desplegó una administración colonial para regular el problema en el que Hong Kong se había convertido.

De acuerdo con la historia, Cowperthwaite fue asignado para apoyar en la estabilización de las finanzas de una isla rápidamente siendo consumida por altos niveles de pobreza y una población constantemente creciente.

Su nombramiento se retrasó por cuatro años cuando la isla cayó bajo el poder de los japoneses.

Eventualmente, al llegar a la isla, se dio cuenta, como diría un artículo de la Revista Económica del Lejano Oriente, de que Hong Kong se estaba recuperándo de la invasión japonesa “muy bien sin él”. Cowperthwaite entendió la lección y se formuló la misión de detener cualquiera intervención en el desarrollo de la nueva clase empresarial del país.

UNA NACIÓN DE EMPRENDEDORES

Lo que Cowperthwaite pudo entender fue que los inmigrantes al país no eran un peso para la economía, sino lo contrario: los fundamentos de una nueva economía comercial.

Aunque reducidos a la pobreza, la mayoría de estos inmigrantes eran empresarios que buscaban refugio de la nueva potencia comunista del norte.

UNA DÉCADA DE CAMBIO

El secretario financiero, a quien un ministro británico laborista calificara de “formidable”, dedujo que las semillas del progreso ya se encontraban en la nueva ciudadanía de la pequeña isla.

Su rol era asegurar un marco legislativo que permitiera a estos empresarios desarrollarse dentro de sus capacidades.

Bajo la administración de Cowperthwaite, Hong Kong empezó a crecer de forma importante.

Él fue responsable de muchas de las políticas más famosas de la isla, desde aranceles casi inexistentes hacia políticas de flexibilidad laboral, pero sus aportes son más profundos que estos ejemplos populares.

Bajo su mandato, la inversión extranjera aumentó de forma considerable, hasta el punto que varios burócratas propusieron establecer control de cambios para preservar la estabilidad financiera de la isla.

La respuesta de Cowperthwaite fue tajante como fue sabia; su estilo era directo y al grano.

“Puesto de forma sencilla, el capital viene aquí y se queda porque se puede ir si así lo desea. Intenten acorralarlo con prohibiciones y se irá y no vendrá más”.

En las sesiones del Consejo Legislativo, desmenuzaba los argumentos de aquellos que buscaban una mayor intervención del Gobierno en la economía hasta revelar sus inconsistencias internas.

Cuando el gobierno laborista en el Reino Unido y sus detractores en Hong Kong buscaron incrementar la inversión estatal para desarrollar la infraestructura del país, Cowperthwaite respondió inmediatamente con una humildad intelectual que todavía sorprende.

“El capital no puede ser convertido en casas o maestros entrenados u hospitales mediante el movimiento de una varita mágica. Hay limitaciones a nuestros recursos físicos e intelectuales”.

El argumento del secretario financiero no era que no se debían realizar estas inversiones, sino que gastar por gastar, sin un análisis anterior de las necesidades del sector privado, era peligroso.

Esta filosofía fue cristalizada bajo el nombre de “no-intervencionismo positivo”, y aplicada cuidadosamente por todos los Secretarios Financieros de Hong Kong que ocuparon este puesto luego de Cowperthwaite.

UNA FILOSOFÍA RESUMIDA

Para Cowperthwaite, la economía era un proceso de prueba y error, y era necesario permitir a los empresarios tomar riesgos para asegurar la expansión de la productividad nacional.

“En el largo plazo, el agregado de las decisiones de empresarios individuales, ejerciendo su criterio individual, aunque a menudo se equivoquen, probablemente causara menos daño que las decisiones centralizadas de un gobierno; y, ciertamente, cualquier daño será contrarrestado con mayor rapidez”.

Cowperthwaite demostró su confianza en los empresarios de Hong Kong una y otra vez, rechazando cualquier preferencia gubernamental a una industria sobre otra mediante subsidios o incentivos; todos debían competir bajo las mismas reglas.

“Me confunde cómo alguno de nosotros puede saber qué tipo de industria es más deseable que otra hasta el punto de merecer un subsidio. Pensaría yo que una industria deseable sería aquella que podría tener éxito en el mercado sin asistencia”.

Su confianza en la creatividad y la productividad de los ciudadanos de Hong Kong se transformó en políticas dedicadas a preservar la mayor cantidad de libertades económicas para que estos pudieran desarrollar sus habilidades.

Estas políticas, reconocidas abiertamente por todos los Secretarios Financieros posteriores a él, permitieron a Hong Kong alcanzar en 30 años lo que a Panamá le ha costado casi 100 obtener: una economía de primer mundo.

LECCIONES PARA PANAMÁ

Considerando las similitudes entre Panamá y Hong Kong, no resulta sorprendente que muchos de sus actos puedan ser aplicados para nuestra nación en vías de desarrollo.

De hecho, sería curioso que las mismas recomendaciones de políticas no aportaran al desarrollo un país tan similar como Panamá.

Por ejemplo, en relación con la deuda pública, un tema de creciente importancia en el país, Cowperthwaite comentó alguna vez que “el inversionista extranjero es desalentado por una alta deuda nacional, que según todos los ejemplos, es el precursor seguro de altos impuestos”.

Una lectura de las ideas del viejo secretario financiero resultaría interesante para rescatar los principios necesarios para desarrollar, de forma importante, los fundamentos económicos del país.

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