POSIBLE DISTORSIÓN DEL MERCADO AGRÍCOLA

La resaca del etanol

La utilización de un 2%, eventualmente 10%, de etanol podría tener efectos negativos a largo plazo según la experiencia de otros países.

Ningún análisis económico está completo, pensaba el periodista Henry Hazlitt, si solo se trazan las consecuencias inmediatas de una nueva política. Adicional a esto, se debe considerar el efecto que la política tendrá en el largo plazo sobre toda la economía.

Bajo esta perspectiva, el debate sobre la transición al etanol en Panamá se ha enfocado principalmente en los efectos inmediatos de la política. Estos son: (1) la mecánica y costo de la implementación del etanol, (2) los efectos del biocombustible en los vehículos y (3) el impacto de la medida sobre el precio al consumidor.

Para completar el inventario de temas relevantes al debate, también se deben considerar otros elementos que solo serán vistos en el largo plazo, pero tendrán igual de importancia para los consumidores. Una lista de estos otros elementos incluye: (1) el efecto en la economía de crear una demanda artificial, (2) los resultados que han tenido otros países con políticas similares y (3) la inversión en etanol como energía más limpia a costa de otras alternativas.

EL EMPUJE POR ETANOL

Utilizar un combustible a base de alimentos no es una idea nueva, pero sí para Panamá. Tiene mucho sentido. ¿Por qué importar combustibles caros cuando podemos comenzar a cultivar la gasolina en la tierra?

Este empuje internacional por las bondades del etanol inició en la década pasada. Estados Unidos y Brasil, dos economías destacadas, han sido los principales promotores del biocombustible. Estos producen en conjunto más del 80% del etanol consumido a nivel global. Además, el salto al etanol recibió importancia merecida por los debates sobre la independencia energética, el calentamiento global y un apoyo al sector agrícola.

Una década más tarde, Panamá aprobó la Ley 42 de 2011 que da el primer paso de transición hacia el uso del biocombustible, obligando el despacho de 5 unidades de etanol por cada 95 de gasolina tradicional. Esta medida eventualmente llegará hasta 10%, el promedio internacional.

Aunque fue cubierta por los medios, la ley no recibió mucha atención por parte del mercado, que a la fecha solo cuenta con una empresa de producción de etanol, Campos de Pesé. Según algunos analistas, el Gobierno no hizo mucho esfuerzo en promocionar la implementación de la ley, un leitmotiv recurrente de la administración de Ricardo Martinelli, por lo cual la medida fue pospuesta hasta el mes pasado.

Es relevante mencionar que la ley no fue aprobada como una medida para reducir el costo de la gasolina al consumidor ni como una medida de mitigación ambiental. A contrario, la medida causó un alza en el precio de la gasolina y será poca la reducción en el consumo cuando la cantidad de autos en el país ha aumentado un 63.6% en los últimos tres años.

En cambio, la ley fue motivada con el propósito explícito de contribuir a la “generación de empleo y desarrollo rural”, esperando incrementar las plantaciones de caña de azúcar –materia prima del etanol– y por lo tanto la mano de obra dedicadas a ella.

CONSECUENCIAS INESPERADAS

El enfoque de este análisis no es sobre los méritos de la medida, que bien podría ser necesaria para reducir la polución ambiental, ni niega el efecto inmediato de incrementar la productividad del sector agrícola, sino que busca hacer evidentes los costos que deben ser pagados por recibir estos beneficios.

Para entender esto, es necesario ver la Ley 42 de 2011 como un mecanismo de distorsión de mercado a través de un subsidio. La legislación, explicada en palabras simples, obliga a los conductores a pagar un precio superior en gasolina para financiar una expansión del sector agrícola.

El impacto de la norma es que hace cambiar la forma de la estructura de capital de la economía, dedicando más recursos a un producto que, sin apoyo legal, no tendría una demanda similar. Esto es un riesgo a largo plazo.

La creación de una nueva demanda por etanol, y por lo tanto su materia prima, ha llamado la atención de productores agrícolas que tienen mucho más que ganar en la siembra de caña. Los productores de carne de res ya han comenzado a “cambiar de actividad hacia otras más rentables o alquilar sus tierras para el cultivo de caña de azúcar, motivados por la producción de etanol” (vea “Baja la oferta de ganado”, La Prensa, 30 de agosto de 2013).

Si trazamos la experiencia de Estados Unidos y Brasil, actores iniciales de este mercado, veremos un patrón similar. El problema ha sido en las consecuencias a largo plazo.

Es muy temprano para tener datos locales de este fenómeno, pero las experiencias de otros países deberían servir como una señal clara.

Ante todo, para desarrollar el mercado de etanol local será necesario dedicar más tierras al cultivo de su materia prima, afectando sensitivamente la producción de otros productos.

Además, una entrada rápida debido a una demanda artificial podría crear inventarios excesivos, que forzarían una caída del precio de la caña de azúcar. Las caídas de precios de bienes agrícolas en Panamá son usualmente recibidas con mayor intervención del Estado.

En Estados Unidos, así sucedió. Hoy, ese país no sabe qué hacer con tanta azúcar. Tim Fernholz de Quartz.com reporta que el gobierno de Estados Unidos tendrá que pagar $100 millones en 2013 para mantener los precios del azúcar a través de compras y tener a los agricultores felices a expensas de los consumidores.

Otro factor que se considera en este debate es la viabilidad a largo plazo de una inversión en etanol cuando se encuentran en surgimiento nuevas y mejores formas de uso de energía.

¿Quizás sería más efectivo a largo plazo invertir en una estructura descentralizada de producción de energía solar para consumo privado que un subsidio directo a productores de gasolina para autos? El ingeniero Elon Musk, de SpaceX y SolarCity, explica que la revolución a futuro es energía solar, la cual considera que en 20 años será la fuente de energía más eficiente y limpia disponible.

Esto no quiere decir que el requisito de incluir etanol sea negativo, pero sí sugiere que debemos vigilar de cerca la medida para evitar efectos, como inventarios excesivos de azúcar, un alza en el costo de vida debido a los altos aranceles y un desplazamiento en el cultivo de otros productos.

Repitiendo la admonición del economista Felipe Chapman, medidas estatales pueden ser provechosas si antes se considera estudiar su rentabilidad social o económica a largo plazo. Si la administración Martinelli ha hecho un estudio sobre el tema del etanol, este no ha visto la luz pública.

MERCADO EN CIFRAS

1

número de empresas locales productoras de etanol.

10%

porcentaje promedio de uso de etanol a nivel global.

63.6%

crecimiento de la flota de automóviles de Panamá en los últimos tres años.

900,000

autos es la flota de vehículos de Panamá.

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