JÓVENES DE ÉXITO

El resultado entre equilibrio y asombro

LA PRENSA/Gabriel Rodríguez. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez.
LA PRENSA/Gabriel Rodríguez.

Ella fue selección nacional de gimnasia en Venezuela, y él cinta negra en kárate y aficionado a las playas caribeñas, que le regalaron eternas memorias sobre su tabla de surf.

Leonela Ramírez y Diego Barbato, con pasiones tan distintas, lograron en el acroyoga los puntos de encuentro para hacer una pareja que perpleja a quienes los ven juntos hacer y enseñar figuras corporales (casi) imposibles en el Parque Omar de Panamá.

Juntos han iniciado en el país un movimiento que se esparce en las redes sociales con imágenes espectaculares, que encantan a los más atrevidos a probar una nueva variación de arte corporal que les ha permitido a ambos vivir y disfrutar mucho.

Ellos trajeron a la capital una nueva disciplina, que mezcla el dinamismo de una sorprendente acrobacia, con la metodología y sabiduría del yoga. Y poco a poco han ido ganando adeptos en las tardes y noches del primer espacio recreativo de esta ciudad.

Ambos estiran sus cuerpos para calentarlos -como si con el calor de la tarde soleada no fuera suficiente-.

Él agarra un tapete y lo suelta sobre la grama y se acuesta boca arriba para ser la base de ella. Entre ellos discuten la posición que mostrarán de primero, y sin mucho rodeo, acuerdan.

En la escena se manifiesta la elegancia de dos cuerpos que empiezan a compaginar uno sobre otro. Diego, con la espalda recta sobre el tapete, levanta en línea recta las piernas que le definieron las tardes de kimono y tatami y los amaneceres con las olas.

Leonela, más maleable que vulnerable, ofrece un espectáculo de flexibilidad sobre la férrea base que es su compañero desde hace años. Suerte por las fotos, que hacen sencillo explicar que las caderas de ella están sobre las plantas de los pies de él, que apuntan al sol, que ya está oblicuo. Hacen una pausa y siguen con una sorpresa tras otra.

Su peso, el balance y las energías son quienes hablan en el parque ahora. Ella es plastilina y el otro, granito.

Diego conoció el acroyoga gracias al surf y las personas que llevan y traen sus olas. Leonela lo descubrió a través de él. Desde entonces, unos tres años atrás, la disciplina que cofundaron un mexicano y una estadounidense en 2003, ha llevado a esta pareja de venezolanos a aprender cada vez más sobre sus artes y también enseñarla a quienes se interesen en ella.

“El acroyoga tiene tres etapas en sí mismo: la parte solar, que es la parte acrobática que acabamos de mostrarte -paradas de mano, transiciones, vueltas-; luego está la lunar, que es la parte terapéutica que incluye masajes corporales, cuya idea es que tanto el que da masajes como el que lo recibe puedan sentirse más completos y balanceados; y las prácticas de yoga que hacen el complemento”, explica Diego, ya sentado como cualquier mortal en la sombra.

Ambos hablan de alineamiento de músculos y huesos como la clave para que una chica de 100 libras levante como servilleta a un tipo que le doble en la balanza.

“Apilas hueso con hueso, de esa forma los músculos no se cansan. Con una buena instrucción, no hay límites para nadie; cualquier tamaño, género o edad puede venir a intentarlo”, asegura él.

Si bien, las acrobacias vienen desde los tiempos del circo en la antigua Roma y el yoga desde que el hinduismo es hinduismo, lo que lograron Jason Nemer y Jenny Sauer-Klein, los cofundadores de esta disciplina-espectáculo y forma de vida, fue determinar la tarea del que hace de base, la misión del acróbata volador y, especialmente, la labor del cuidador, cuenta Diego.

“El cuidador es el más importante de todos cuando aprendes, está ahí apoyándote, cuidándote, vigilando cada movimiento”, explica. “Incluso, cuando nosotros estamos intentando cosas nuevas y fuertes necesitamos de un buen cuidador”.

Y Leonela interviene: “Pero la idea es que todos experimenten con las distintas funciones: que vueles, que cuides y que ´basees”, afirma. “No puedes apegarte a una sola función”, retoma Diego, “ya que te sirve para ponerte en los zapatos del otro, abrir tus perspectivas y tu mente. Eso te ayuda mucho en el sentido cultural y social”.

El balance está en la unión

Especialistas

Acrojams Panamá es una guía de apoyo y enseñanza basada en los principios del acroyoga. Sus fundadores, Diego Barbato y Leonela Ramírez, se reúnen con asiduos, aficionados y curiosos en el Parque Omar los viernes por la noche y las tardes de los domingos.

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