INTROSPECCIÓN

El reto de ser un país emergente

Los problemas de varias naciones han sido producto principalmente ´de una inhabilidad para resolver problemas domésticos´.

Mientras que un país disfrute de grandes entradas de dinero extranjero, las ineficiencias internas no serán notables. Cuando cambie la marea de inversión internacional y el país regrese a niveles más módicos de crecimiento, esas ineficiencias no solo serán evidentes, sino que perjudicarán seriamente los prospectos de estabilidad del país.

Este diagnóstico fue propuesto por el economista Tyler Cowen, de la George Mason University, en una nota escrita para el New York Times titulada “Por qué los mercados emergentes deben ver hacia dentro suyo” y tiene una importante relevancia sobre la situación actual del país.

Cowen comienza su nota con un postulado básico que cada día cobra más relevancia: “el buen gobierno se ha convertido nuevamente en un factor importante detrás del éxito o el fracaso de muchas naciones emergentes”.

El ejercicio que sugiere Cowen es entender que la riqueza de un país no solo depende de la productividad de su sector privado y de sus entradas de capital extranjero, sino también de la buena y responsable gerencia del Estado. La deducción lógica es que errores en esta gerencia pueden llevar al deterioro de los otros dos elementos y Cowen apunta a Argentina y Turquía como dos exponentes relevantes de esa realidad.

¿Qué es el buen gobierno para Cowen? “En este contexto, buen gobierno significa dirigir las energías políticas a robustecer la economía en vez de intentar solidificar el poder y oprimir a la oposición”.

Dentro del análisis de Cowen, las coyunturas globales que han llevado a una enorme migración de capital de inversión han dotado a ciertos gobiernos en países emergentes como Panamá de una alta popularidad producto del crecimiento económico que vive el país.

La tesis del economista de George Mason es que si se busca preservar ese crecimiento económico, el buen gobierno es necesario para efectivamente consolidar estructuras beneficiosas en el país. En algunas naciones, lo opuesto ha ocurrido. Mientras que la fiebre de inversión hacia los mercados emergentes comienza a reducirse, gobiernos buscan preservar el poder mediante uso indiscriminado de las leyes o violencia contra la oposición.

Como ejemplo, Cowen describe la situación de Argentina. “No hace mucho, economistas keynesianos estaban proclamando las políticas económicas de Argentina como un ejemplo de estímulo económico exitoso. Pero el Gobierno continuó inflando la moneda de forma excesiva, suprimió legalmente estadísticas económicas certeras para cubrir la inflación y confiscó las pensiones para pagar las deudas del Gobierno”.

“El resultado ha sido una crisis monetaria y una hemorragia de sus reservas internacionales”, comenta el economista.

Esto parece indicar que la buena fortuna de un país dependerá no solo de su aprovechamiento del crecimiento en tiempos de auge, sino también en contar con las estructuras de gobierno adecuadas para evitar tomar decisiones catastróficas.

Más importante será el buen gobierno financiero ahora que la Autoridad del Canal de Panamá ha previsto un retraso sustancial en la finalización de los trabajos de expansión que durarán hasta diciembre de 2015, cuando originalmente estaba planeada la entrega para octubre de 2014. Esto resta a la economía varios miles de millones, haciendo que el país deba profundizar más su dependencia sobre las entradas de inversión extranjera directa para mantener su flujo circular andando.

Cowen resalta que en este escenario global, la clave de la estabilidad es interna y no externa. Los problemas de varias naciones emergentes han sido producto principalmente “de una inhabilidad para resolver problemas domésticos. No es porque hayan sido golpeadas por tendencias globales que no se pueden detener”.

Un catálogo de estos problemas domésticos incluirían las alzas constantes de la canasta básica, la situación de desigualdad social entre la ciudad y la periferia del país y una inestable red de subsidios.

El tiempo para comenzar a corregir estas inestabilidades domésticas es ahora, dice Cowen, y apunta al ejemplo de naciones como Chile que, aunque tienen problemas, han sabido cómo solidificar sus finanzas.

“Estamos en un punto donde hay muchos factores macroeconómicos globales que han sido puestos en silencio. Eso significa que las pruebas fuertes serán políticas para muchas naciones emergentes. Y quizás en 20 años desde ahora, no llamaremos a este grupo de países como emergentes, no solo porque muchas ya habrán emergido, sino porque algunas corren el riesgo de caer totalmente del camino del progreso”.

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