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PRESIDENTA ROUSSEFF ENFRENTA GRANDES DESAFÍOS

La tormenta que golpea a Brasil

Déficit fiscal, escándalos de corrupción en Petrobras y el desempleo golpean al gigante del sur.
Un exejecutivo de Petrobras dijo al Congreso que se estima que entre $150 millones y $200 millones en sobornos petroleros terminaron en las arcas del Partido de los Trabajadores, lo que comprende la financiación de la campaña 2010 de Rousseff. Un manifestante protesta frente a la sede de la petrolera estatal con el anuncio ‘¡No más mentiras!’. Un exejecutivo de Petrobras dijo al Congreso que se estima que entre $150 millones y $200 millones en sobornos petroleros terminaron en las arcas del Partido de los Trabajadores, lo que comprende la financiación de la campaña 2010 de Rousseff. Un manifestante protesta frente a la sede de la petrolera estatal con el anuncio ‘¡No más mentiras!’.
Un exejecutivo de Petrobras dijo al Congreso que se estima que entre $150 millones y $200 millones en sobornos petroleros terminaron en las arcas del Partido de los Trabajadores, lo que comprende la financiación de la campaña 2010 de Rousseff. Un manifestante protesta frente a la sede de la petrolera estatal con el anuncio ‘¡No más mentiras!’.

Cuando la Suprema Corte de Brasil autorizó la investigación formal de 49 políticos por corrupción la semana pasada dejó a la presidenta Dilma Rousseff fuera de la lista, el suspiro de alivio del Palacio Planalto fue casi audible.

Sin embargo, se equivocan quienes consideran que Rousseff tendrá un segundo mandato fácil. La investigación de un escándalo de sobornos multimillonarios en la gigante estatal Petrobras no ha hecho más que comenzar.

En ese clima tóxico, Rousseff no solo tiene que convencer a los votantes –que la eligieron en octubre sobre la base de un mensaje de abundancia- de que acepten estrictas medidas de austeridad para reanimar la economía, sino que debe conseguir apoyo para reformas impopulares por parte de un congreso irritado sobre el que pesan acusaciones de corrupción.

El ministro de Hacienda, Joaquim Levy, instó a los líderes del Senado a salvar de la rebelión legislativa un proyecto de ley destinado a elevar la recaudación por impuesto a los ingresos.

De no haber más recaudación o mayores recortes presupuestarios para reducir un déficit que no hace más que crecer, los bonos soberanos de Brasil podrían seguir el mismo camino que la calificación crediticia de Petrobras, que se bajó a la categoría de basura conforme se extendía el escándalo de corrupción.

Levy, sin embargo, solo tuvo un éxito a medias: el miércoles por la noche el Congreso acordó defender el veto de Rousseff a una nueva tabla impositiva que habría compensado a todos los asalariados por la inflación, que el año pasado alcanzó el 6.5%. Pero obligó a Levy a suavizar la presión impositiva en el caso de los salarios más bajos, una medida que costará otros mil 900 millones de dólares a las arcas nacionales.

Responsabilidad dividida

En un primer momento, los seguidores de Dilma abrigaron la esperanza de que el escándalo de Petrobras pudiera diluir las tensiones políticas al dividir la responsabilidad del escándalo de Petrobras entre los 28 partidos políticos del país.

Después de todo, los líderes de ambas cámaras del Congreso –y la mitad de la Comisión de Ética del parlamento- también están acusados de aprovecharse de Petrobras.

Pero en lugar de contrición, Rousseff recibió un golpe por respuesta, debido a que 47 de los nombres a los que ahora se investiga por utilizar fondos de la compañía petrolera estatal para campañas políticas son aliados del gobierno.

Tampoco Rousseff está por completo exenta de responsabilidad. Un exejecutivo de Petrobras dijo al Congreso que se estima que entre $150 millones y $200 millones en sobornos petroleros terminaron en las arcas del Partido de los Trabajadores, lo que comprende la financiación de la campaña 2010 de Rousseff.

Todo eso aún debe quedar demostrado ante la Suprema Corte, y Rousseff ha implorado a los brasileños que tengan paciencia.

Muchos, sin embargo, ya parecen haber tomado una decisión: mañana se realizarán en 32 ciudades brasileñas marchas impulsadas por el descontento económico, en lo que resuenan las protestas anteriores de 2013.

DESEMPLEO

Luciano Neri, un extrabajador de astillero sin empleo que votó a favor de un segundo mandato para la presidenta Dilma Rousseff, ahora duda de su elección.

Como perdió su trabajo el mes pasado, está haciendo un curso de chofer de ómnibus.

“Metió la pata”, dijo Neri, de 37 años, mientras sorbía una cerveza en una tranquila plaza de Maragogipe, estado de Bahía. “Me pregunto si, cuando entregue el gobierno, este va a estar endeudado y no habrá empleo en Brasil”.

El malestar de Neri augura problemas para Rousseff. Durante su campaña por la reelección esgrimió el desempleo en un mínimo récord como prueba del éxito de sus políticas económicas, aun cuando el crecimiento estaba estancado y la inflación se aceleraba. Ahora, el desempleo finalmente está en aumento… y también el descontento, incluso en el noreste, que siempre fue el baluarte del Partido de los Trabajadores.

“Desde el punto de vista político, nada es más perjudicial para la popularidad del gobierno y para Dilma que el aumento del índice de desempleo –mucho más que la inflación, mucho más que la recesión-”, dijo Alberto Ramos, economista jefe de América Latina de Goldman Sachs Co., en una entrevista telefónica desde Nueva York.

“Eso suele ocasionar el mayor costo político para el gobierno en Brasil, y la tendencia es a un mayor deterioro”, agregó.

Durante la campaña, Rousseff advirtió a los votantes que una victoria de la oposición significaría volver al pasado: más desempleo, más inflación, tasas de interés más altas. Después de ganar por 3.3 puntos porcentuales, el margen más estrecho desde por lo menos 1945, cambió de rumbo con el nombramiento del ministro de Hacienda Joaquim Levy.

Reducción de costos

La tarea del funcionario es impopular: el hombre apodado “Manos de Tijera” por su inclinación a reducir costos debe apuntalar las cuentas fiscales para recuperar la confianza de los inversores y evitar una rebaja de la calificación crediticia de Brasil a basura.

Su equipo ya aumentó algunos impuestos, recortó gastos y propuso un endurecimiento de las normas que rigen el seguro de desempleo y las pensiones.

El banco central, por su parte, elevó la tasa de referencia al nivel más alto en seis años para frenar una inflación que es la más veloz en casi una década.

La economía va camino a contraerse 0.66% este año, después de prácticamente estancarse el año pasado, según los economistas que participaron en una encuesta del banco.

El incremento de los costos de endeudamiento está afectando al mercado de trabajo, según Jankiel Santos, economista jefe del banco de Inversión BESI Brasil de Sao Paulo. El desempleo saltó de 4.3% en diciembre a 5.3% en enero, el nivel más alto desde 2013.

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