negocio maderero

El valor de un pie cúbico

En la extracción y comercialización de la madera cada centavo cuenta. Del bosque a las ferreterías hay una larga cadena de intermediarios.

Cada vez que llega enero, el negocio maderero entra en su etapa más activa y probablemente la más importante: la extracción de millones de pies cúbicos de esta materia de los bosques, que luego en el resto del año, y a través de varios intermediarios, abastecerán a cada una de las ferreterías y constructoras de todo el país.

Desde el motosierrista que corta el primer árbol de la zafra al empleado de la ferretería que vende la madera procesada hay una larga cadena. Para las concesionarias, la inversión y el riesgo son más grandes que la ganancia limpia al final del verano.

En una concesión pequeña de 2 millones de pies cúbicos de madera, la empresa concesionaria termina ganando alrededor del 15% del valor bruto de la zafra.

El modus operandi previo a cortar cualquier árbol inicia en el tipo de permiso que se puede solicitar a la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) y que, generalmente, tarda entre uno y tres años en ser aprobado.

Las provincias con mayor superficie de cobertura boscosa son Bocas del Toro, Panamá y Darién, siendo esta última de donde más se extrae madera.

Por un lado está la extracción de subsistencia (terrenos privados), la cual consiste en que el dueño pretende aprovechar árboles en su propiedad; y por otro lado se encuentra la tala mediante concesiones, donde los indígenas son los que piden la autorización a la Anam para cortar, y es la entidad que indica cuánto se puede extraer, por ejemplo, dos millones de pies cúbicos (valor utilizado) totales de varias especies.

Cabe destacar que dos millones de pies de madera pueden ser almacenados en dos aserraderos.

El permiso que más se otorga es el de concesiones. Tras la petición de los indígenas, estos contactan a una empresa (concesionario) a la que le venden la cantidad de árboles por pie cúbico. Es aquí donde la empresa en cuestión incurre en todos los gastos, antes y durante el proceso de extracción.

El valor de los dos millones de pies cúbicos de madera puestos en un aserradero, o sea el dinero con el que contará el concesionario para solventar sus gastos y obtener su ganancia, se puede dividir, por ejemplo, en estas tres especies: un millón de espavé a $0.45 el pie cúbico que suman $450 mil; 500 mil pies cúbicos de cedro espino a $1 que totalizan $500 mil. En el bloque de madera también se puede incluir bálsamo, quira, zorro, níspero o almendro a $0.70 el pie cúbico o $350 mil.

La venta de este bloque de madera totaliza $1 millón 300 mil, sin contar los costos de tala y movilización.

Con esta cifra el concesionario sumará, multiplicará y restará una y otra vez los gastos que implicarán cada una de las partes para luego pensar en cifras verdes. (ver tabla)

Invertir y esperar

“El concesionario divide los gastos en centavos. Desde los viáticos, comida, cocineros en la montaña hasta permisos, lo que le corresponde a los indígenas, combustible de las máquinas, todo. No es un negocio fácil, hay que conocerlo muy bien para arriesgarse”, comenta Bernardo Ramos, propietario de un aserradero en Tortí y asociado a la Fundación de Madereros de Panamá Este y Darién.

En el negocio de la madera, los apellidos y las caras suelen ser casi siempre las mismas. Los conocimientos se pasan de generación en generación, así como también mucha de la maquinaria, con lo que logran abaratar una parte importante del trabajo. El resto depende de empresas que alquilan los servicios.

“Este negocio depende de cada centavo, que vale mucho más en volumen. Es común ver proyectos que se echan para atrás porque los gastos son demasiado altos o la ganancia no vale la pena. Los precios en general están cada vez más caros y hay que tener cuidado. Uno es libre de invertir y esperar. Es normal perder plata”, explica Ramos.

Efectivamente, dos de las especies que más se comercializan son el espavé y el cedro amargo, ambas utilizadas para la construcción. Según datos de la Contraloría General de la República, el precio del espavé aumentó en un 12.7% entre enero de 2011 y abril de 2012.

Jaime Orozco, de la empresa Puertas Orozco, reconoce que desde el boom del cocobolo, los precios de la madera y de los trabajadores se dispararon. De dos años a esta parte, se registró un aumento de 35% en el valor de la madera. “A esto hay que sumarle el incremento en el combustible y los impuestos”, agrega Orozco.

Aunque el costo de producción se haya elevado, Orozco reconoce que “no así en los precios de sus puertas”. “La ganancia se acorta un poco porque las empresas nos vemos obligadas a hacernos cargo de varios costos. Si subiéramos los precios, la gente compraría menos, no es redituable”, agrega.

Del aserradero a los puntos de venta

Culminado el verano y el período de extracción, los aserraderos llenan sus patios de inmensas tucas para procesarlas durante el invierno y así venderlas a otro agente que las traslada hasta los puntos de venta. Nuevamente, el centavo es protagonista.

Para comprender la relación de ganancia y gasto en este paso antes de que la madera llegue al punto de venta, tomaremos el valor del espavé de $0.45 el pie cúbico con que el aserradero le compró al concesionario.

El aserradero vende el espavé a $0.60 el pie cúbico. De aquí le quedan libres $0.15 para ganancia y gastos. Tomando como ejemplo que 100 mil pies de madera en un aserradero se trabajan en 3 o 4 meses, el valor neto queda en $15 mil, de los cuales al final del trabajo, entre impuestos y gastos, termina siendo una ganancia limpia de $5 mil en ese período (unos $250 al mes).

“Uno manosea mucha madera, hace e invierte mucho para ganar poco. En mi caso lo hago porque mucho del equipo que tengo lo heredé”, asegura Ramos.

Ahora con la madera en manos del transportista, que compró a $0.60 el pie cúbico, se lo vende a la ferretería a $0.75, de lo que obtiene $0.15 netos. Un camión puede cargar 3 mil pies, por lo que en un viaje lleva $450 de ganancia que se divide en combustible y el pago al ayudante. Tras hacer cuentas, la ganancia libre es de $200 por viaje.

Con la madera ya en la puerta de la ferretería, el dueño del local la vende por pie tablar al público a $1 en promedio, con lo que sacan una ganancia de $0.25. Semanalmente, estos locales venden cerca de 3 mil pies, lo cual genera un beneficio limpia de $750 solo por recibir al camión en su establecimiento.

Cada pie cúbico y cada centavo son factores fundamentales en el negocio de extracción y comercialización de la madera, donde los riesgos están a la orden del día.

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