Otros habitantes La caracucha

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...y cientos de miles de árboles están destruidos.

Edward Said

¿Quién sabe de un agua que cure el dolor? ¿Quién sabe de un sitio que guarde el amor? ¿Quién sabe una historia que sepa mejor? Silvio Rodríguez

Hablemos de la caracucha o frangipani, árbol de la región comprendida entre México y Panamá y que en este tiempo florece más. Y no se crea que para olvidar lo que en el mundo sucede hoy con tanta inhumanidad y oprobio. Ni por qué sucede ni por quiénes. Sino justamente para recordar cuanto ganamos todos cuando miramos bien la vida y la apreciamos en todas sus formas. Y la defendemos, a toda costa. Pasando por la calzada de Amador el miércoles pasado, camino a nuestros laboratorios marinos en Naos, me topé a lo lejos con el elegante árbol de caracucha que ilustra la fotografía. Y pienso que vecinos así deben ser conocidos de cerca. Ahí van sus coordenadas: Viniendo desde la ciudad en dirección hacia la calzada de Amador, crece esta enorme caracucha en el prado de la izquierda, unos 100 metros antes del reloj que nos recuerda cuánto tiempo resta para celebrar el Centenario.

"Caracucha" no tengo idea de donde procede, pero su significado tendrá. "Frangipani" deriva del francés frangipanier, "leche coagulada", en referencia al látex que emana de sus ramas cuando se las desgarra.

Su nombre genérico es Plumeria (en honor a Charles Plumier, 1646-1704, misionero y botánico francés que trabajó en el Caribe). La especie es rubra , del latín, y alude a las flores de la variedad de tal coloración.

Aunque en Panamá la especie es nativa y propia de las zonas secas, no se le ve en los bosques aledaños a la ciudad. Más bien, es un ornamental de jardines y calles. De tanto cultivarla, sus flores se presentan ahora no solo blancas sino también rosadas y hasta amarillas.

Mencionan colegas del Smithsonian que en la Carretera del Oleoducto (Parque Nacional Soberanía), hay una rara especie nativa de caracucha, Allomarkgrafia plumeriiflora, de hojas idénticas a las de la caracucha de la ciudad.

Ahora el árbol se cultiva en muchos lados. Por sus bellas flores, en Hawai se siembran y exportan alrededor de 100 variedades de Plumeria. Allá y en Java utilizan las fragantes flores engarzadas en collares, para honrar huéspedes. Las flores se comen, cocidas con azúcar. En Norteamérica elaboran una serie de productos para el cuerpo (body shop), incluyendo aceite para masaje. La madera es dura, compacta y de textura muy fina, amarillo-marrón con veteados púrpuras oscuros.

Más cerca, en Alanje, Chiriquí, usan sus flores en adornos para el Santo Cristo Milagroso, al que celebran en Semana Santa. María Stapf, botánica en el Smithsonian y alanjeña de origen, me cuenta que mujeres y niños preparan "ramos" de hojas de palma con flores de caracucha.

También "pomo", calabaza forrada en flores invertidas, para la cabecera del Cristo. Es tradición que pasa de generación en generación y que para mantenerse viva requiere de la siembra y cuidado de árboles con flores de distinto color.

Por igual razón de uso, en algunos lugares de México a la caracucha le llaman "flor de templo". El mismo nombre se le da en todo Asia Tropical, donde sus flores adornan templos hindúes. Es interesante saber que árboles de estos lados se utilizan hoy, muy lejos, para honrar visitantes y agradar a los dioses. "Fragancia del cielo producida en la tierra", dijo un poeta de la caracucha.

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